22 abr 2010

Papeles


Aquellos de ustedes que se asoman a esta página saben que desde que me prejubilé me dedico a labores algo más intelectuales. Lo que no sabía cuando me metí tan de lleno era que además de estar todo el día entre libros y manuales era necesario presentar tanto papeleo en el registro de la delegación de educación. Esto de estudiar supongo que está muy bien, cultiva y abre las mentes, pero como ahora todo va por cauces oficiales, con matrículas, registros y certificados paso más tiempo en la delegación que en el prado de mi pueblo donde pasto y trisco, tan alegremente, cuando me dejan mis varias ocupaciones.

El caso es que hace unos días estuve por allí. Tenía que entregar unos documentos y cuando llegué ya había unos cuantos mozos y mozas esperando en la ventanilla correspondiente. Según pude comprobar, todos ellos eran profesores que se disponían a entregar la documentación necesaria para poder presentarse a las oposiciones. Y es que últimamente estoy muy puesto en el tema educativo. Algún buen amiguete es profesor, y como el instituto y el bar donde toman café los profesores queda al ladito de mi choza, muchas de las cosas que lanzan por esa boca pecadora llegan hasta mis formidables orejas.

A lo largo de las diferentes entregas han podido apreciar que mi concepto sobre el género humano no es demasiado bueno. Más bien al contrario, los humanos siguen en caída libre debido a su egoísmo, falta de escrúpulos y deseo desmesurado de poder y figurar que no lleva a ningún sitio. Sin embargo, cuando estaba esperando pacientemente mi turno en la cola de la ventanilla asistí a un momento de esos que te reconcilian con las personas y te hacen pensar – menos mal – que todavía hay gente que merece la pena en este mundo.

Uno de los chicos que allí aguardaban no estaba muy puesto en el tema. Le faltaba información, no tenía todos los datos necesarios, algunos de sus papeles no los llevaba bien escritos y hasta carecía del bolígrafo de tinta negra con el que hay que rellenar las instancias. En el momento que preguntó a una de las conserjes por algunos de los datos que necesitaba, los que estaban a su alrededor se percataron inmediatamente de todas las cosas que el chico no llevaba en orden.

En ese mismo momento llegó una señorita de uno de los sindicatos de enseñanza - experta en el tema- para informar y resolver posibles dudas y problemas. Porque esa es otra, según pude observar, para rellenar todas esas instancias, y saber qué y cómo tienen que entregar los documentos hace falta, como mínimo, una diplomatura en gestión. ¡Madre del Amor Hermoso! Todavía no salgo de mi asombro. En la hora larga que me tocó esperar en la cola escuché que tenían que entregar, - atención - , instancias perfectamente rellenadas, firmadas y pagadas, con sus datos, sus códigos, su experiencia laboral, cursos de formación, méritos y no sé cuantas cosas más que no tengo ni idea de qué iban. Vamos, que poco más y les piden un análisis de sangre, un electrocardiograma y un tacto rectal. Y como sigamos a este paso, todo se andará.

Como les decía, en el momento en el que la chica del sindicato le resolvió las dudas al chico novato, y sin que él lo pidiera, la gente de su alrededor, viendo el trance en el que estaba, le fue ofreciendo ayuda. Alguien le pasó una instancia en blanco que le había sobrado, un par de chicas le proporcionaron unos códigos, otra le pasó el bolígrafo negro, y así, poco a poco el chaval fue saliendo del aprieto.

Ay qué ver, me dije momentos antes de que me tocara mi turno. Ahí los ves, ninguno de ellos sabe nada del otro y, sin embargo, casi todos le han prestado ayuda con la mayor naturalidad y normalidad del mundo. Es posible que hasta compitan por la misma plaza y no les ha importado lo más mínimo. Todos ellos entendían que se compite de otra manera. De verdad que me alegró el corazón y la mañana presenciar algo que no se ve demasiado y que se supone que los humanos deberían practicar día a día. No sé si en los tiempos que corren todavía vale lo de "hoy por tí, mañana por mí", o aquello otro de "arrieros somos y en el camino nos encontraremos". Y tengan por seguro que a lo largo del camino nos vamos a acabar encontrando.

He de decir que hasta la señorita que estaba al otro lado de la ventanilla destacaba por su amabilidad y buen trato, pues es habitual encontrarse con personajes que suelen desayunar vinagre en cantidades industriales. Yo acabé muy rápido, un par de sellos en mis papeles (tan contundentes que hicieron temblar el mostrador) y a otra cosa, mariposa. Pero no pude por menos de sonreír cuando de vuelta dejaba a los profesores esperando su turno, papeles en mano.

Rucio






6 abr 2010

Todo sigue igual (o peor)


Un mes alejado de la civilización y cuando vuelvo por estos lares me encuentro con cosas que siguen exactamente igual. No avanzamos, eh, nada, ¡qué no avanzamos! Como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual, bueno según se mire, igual o peor.

Como bien saben, esto es lo bueno que tiene estar prejubilado, que los horarios me los organizo a mi modo y manera. Llevaba un tiempo más liao que el fontanero del Titanic, así que literalmente aparqué mis quehaceres, cerré mi agenda y me eché al monte. Vamos, que me he pasado un mes por la sierra y he estado más escondido que Curro Jiménez por la Serranía de Ronda. Es un ejercicio sanísimo. Se lo recomiendo. El único contacto con la realidad virtual, esta que nos hemos montado en plan sociedad moderna del siglo XXI, ha sido a través de la radio, pues allí todavía no llega la TDT (y eso que dicen que ya hay cobertura total), ni internet, ni nada. Y tampoco era cuestión de andar más perdido que Robinson Crusoe.

La radio me mantiene al tanto mientras yo me dedico a contemplar la vida y la naturaleza, a leer, a pasear y a descansar. Así pues, allí me enteré de la muerte de mi añorado Miguel Delibes, hombre sabio, honrado, noble, castellano en el mejor sentido de la palabra, y uno de los mejores escritores, que por no armar tanto ruido y por ser humilde, sencillo y normal no fue lo suficientemente reconocido. Me alegró mucho saber que toda España y todos los medios se volcaron ante su partida. Pero me decepciona que se haga siempre tarde. Ya ven que las cosas siguen igual.

En materia política, también supe de ese maravilloso pacto entre partidos para proponer soluciones y salir de la crisis. Creo que se reunieron en un palacio llamado Zurbano o algo así. No sé, supongo que quedarían a tomar una coca cola acompañada de panchitos, porque lo que fue proponer soluciones, ni una. Sigo maravillado por la capacidad de diálogo y entendimiento. Entre unos que quieren pero no pueden y los otros que quisieran pero no les da la gana, vamos apañaos. En cuanto al tema del señor Matas, - del que también tuve ocasión de enterarme - y de toda la corrupción de este santo país, qué quieren que les diga que no sepan mejor que yo. Un tipo que tiene en casa una escobilla de water por valor de 350 euros, además de ser un hortera es un gilipollas que debe ir derecho al trullo. Supongo que todo el mundo es presunto hasta que no se demuestre lo contrario, pero como en este país ciertos altos cargos se han acostumbrado a enseñar los fajos de billetes sin que les pase nada, pues así andan otros cuantos, a la caza y captura del poderoso caballero. Aquí ya ven que las cosas siguen peor y lo que nos quede por ver.

Ahora que ya luce el sol y la gente se mete a bañar en pleno abril, ya no nos acordamos, pero los temporales estaban a la orden del día hace una semana. En Cataluña no se están alumbrando con velas de milagro. Todavía están buscado culpables. Ya se los digo yo, empresas hidroeléctricas que saben recoger muy bien el dinero todos los meses, pero no invierten un euro en arreglar ni un cable, políticos que no exigen medidas efectivas a las empresas y desconcierto en general de todas aquellas personas que cuando hay un contratiempo no saben organizarse ni para arreglar el pinchazo de una bicicleta.

Como les decía líneas arriba, en la sierra no tenía TDT ni falta que me hacía, pero hete aquí que llegó a mis aposentos en el pueblo y hablando con los vecinos me cuentan el panorama televisivo. Ha llegado el apagón y ahí te las veas, prenda. Zonas donde hay poquita población están dejadas de la mano de Dios y ya te puedes buscar la vida porque no va a venir ni un político o técnico que te eche un cable –nunca mejor dicho- sin que te cueste tu esfuerzo, tiempo, sudor y dinero. O el satélite está muy lejos o la señal es un tanto remolona. Yo en mi caso, me compré el aparatejo en cuestión, y después del enorme trabajo que me costó montarlo (las instrucciones no explican un pimiento), me dice que sin señal, y eso que ya hay cobertura total. Y es que resulta que los políticos, los canales, los técnicos o El Chavo del Ocho, - yo qué sé - todavía no han adaptado los repetidores que tienen que mandar la señal. ¡Manda pelotas!

Ahora, dicen los expertos que la solución en este pueblo es poner cada uno una antena parabólica en su tejado. ¡Acabaramos! Eso ya se me había ocurrido a mí solito ¡Pero no dicen que ya hay cobertura total!

El día que venga el técnico, allá por el 2026 a instalar la perabólica esa, les cuento el próximo capítulo. Mientras tanto me voy con mi colega el burro Bruno y el resto de jubiletas a jugar una petanca al parque. "Al final las obras quedan, las gentes se van, otros que vienen las continuaran, la vida sigue igual". Y el universo sigue en expansión.

Rucio