4 nov 2010

Polémicas





Ya les aseguro de antemano que hoy no estoy muy políticamente correcto, así que si quieren dejar aquí la lectura de estas líneas pueden hacerlo perfectamente. Luego no me digan que no les avisé y empiecen a decir que vaya burro más imbécil, a ver qué se ha creído, qué radical y cosas por el estilo. Es posible que de las cuatro personas que me leen, dos me manden finalmente a Parla, pero que le vamos a hacer, más se perdió en Cuba. Y cuando digo cuatro es que son cuatro. Créanme que no es una forma de hablar, como dice Dragó, y del que luego despacharé con ganas.

Leyendo la prensa me encuentro con historias que me calientan las orejas de mala manera. Siempre me digo, Rucio tranquilo, que la gente en el fondo es buena, lo que pasa es que se aburre y por eso hace y dice tantas tonterías. Pero que quieren que les diga, en este país no tenemos remedio y hay unos cuantos a los que les gusta la polémica más que a un tonto un lápiz.

Hoy vamos con unas cuantas noticias que resultan polémicas tanto por lo que se dice como por lo que se hace. Es posible que yo me meta también en otra, pero vamos, no creo que llegue a ser tan sonada como el asunto de Pérez-Reverte y las lágrimas de Moratinos.

Todos ustedes recordarán a los tres cooperantes catalanes secuestrados en Mauritania cuando transitaban en una caravana solidaria. Pues resulta que hoy se ha filtrado a la prensa que Albert Vilaltaha solicitado al Ministerio del Interior ser reconocido como víctima del terrorismo y cobrar las indemnizaciones que fija la ley”. Nada objetable. Si se siente víctima y tiene secuelas, supongo que está en su derecho. Su acción solidaria es también digna de alabar. Su secuestro fue una pena y me alegro infinitamente de que le liberaran. Es más, contrariamente a lo que piensa mucha gente, estoy a favor de que el gobierno pagara el rescate, sea del signo que sea, PP, PSOE, Zapatero, Aznar, o El Chavo del ocho. Si para algo está el estado es para velar por la vida de los ciudadanos. Y, ojo al dato, se dice que rondó los 10 millones de euros. Como si son 20. Los diferentes políticos y gestores destinan cantidades inmensas para causas que claman al cielo. Ya no hablemos del dinero que tiran, malversan y roban. Así que cualquier cantidad por la vida de una persona me parece poco. Todos sabemos que ese dinero financia acciones terroristas y que no hay que ceder al chantaje. Pero reto a cualquiera a que se pegue un viaje por África y se vea en el pellejo. Le garantizo que pedirá que paguen hasta el último céntimo. En África no se andan con gilipolleces y matar a alguien es más sencillo que beberse un vaso de agua.

Yo que ya no me gusta tanto es que Albert Vilalta pida una indemnización equiparándose con el resto de víctimas que han sufrido terrorismo sin tener ninguna culpa. La situación es totalmente distinta y el contexto es muy diferente. Yo en su caso estaría dando infinitas gracias al Cielo por estar vivo. Sabía muy bien que se encontraba en territorio peligroso y nadie le obligó a ir allí. Lo que pasa es que vivimos en un tiempo en el que todo nos lo pintan tan bueno, tan seguro y tan maravilloso que cuando pasa algo enseguida pedimos cuentas al estado, al rey o al maestro armero.

Reflexionando un poco sobre esto me viene a la mente la magnífica película que está en cartel, Buried (Enterrado), y que vi hace unos días. En ella se cuenta la historia de un secuestro que transcurre entre las cuatro tablas de un ataúd. Pásense por el cine y sientan lo que puede llegar a ser un secuestro. Vivirán momentos de angustia y creo que llegarán a pensar que el mayor peligro está en los que se supone nos defienden y amparan. Eso sí, se quedarán literalmente pegados al asiento. Es impresionante lo bien narrada que está y lo que sorprende por su originalidad. Les hará sentir que lo más valioso es la vida y como se da todo por seguir viviendo. Lo que no sé es si a Albert el hecho de salvar su vida le parece poco.

El otro asunto polémico y absurdo es la ficción o realidad - o vete tú a saber- del affair de Sánchez Dragó con las menores japonesas. Ante la perplejidad que me ha provocado tal perla me he lanzado a leer lo que hay en internet. Hasta un encuentro digital me he metido “pal cuerpo”. Como dice el propio autor, no sé si hago bien en hablar sin leer el libro, pero qué quieren que les diga, no tengo ni tiempo ni ganas. Prefiero leer otras historias con más sentido. Dragó escribe una literatura demasiado profunda y metafísica para mi corto intelecto.

Personalmente me da igual lo que hiciera Dragó. Reprobable si es verdad, sólo él sabe si pasó, no pasó, se lo inventó, lo soñó o se fumó un porro y resulta que no eran japonesas, que en realidad eran extraterrestres. Primero dice que es verdad, luego que es ficción, una forma de hablar, aunque afirma que le atraen, más tarde jura por su honor que jamás ha mantenido relaciones con menores, que se lo ofrecieron muchas veces, pero no aceptó, que lo que sí es cierto es lo que pasó en Sigüenza y en Bangkok con una de sus siete mujeres…y así muchas cosas más. Casi hasta el infinito. Porque a Dragó palabras no le faltan. Absurdas, pero palabras y tontería tiene para aburrir. Y contradicciones ni digamos, una cada cinco minutos.

Finalmente dice que se siente “indignado, asqueado y también dolido”. Lo que no dice es que él, y sólo él, ha provocado toda esta gran tontería. Si es verdad, a la cárcel. Si es mentira y se lo inventa tiene menos luces que un mechero. Él mismo escribe: “he escrito 30 libros, he sido profesor en 13 universidades de siete países diferentes, he publicado más de 3.000 artículos, he dado 1.000 conferencias, no son cifras exageradas, he dirigido muchos cursos, he hecho muchos programas de televisión y de radio, he sido corresponsal en situaciones muy arriesgadas, llevo 34 años luchando desde la televisión para que la gente lea, tengo el premio Planeta, tengo el premio Fernando Lara, tengo el premio de Espiritualidad Martínez Roca, tengo el premio Ondas de radio, tengo dos premios nacionales, uno de Literatura y otro de Fomento de la Lectura, y en cuatro ocasiones diferentes, a lo largo de los últimos 30 años los gremios de editores me han dado sus respectivos premios por mi labor de difusión de la literatura. De modo que, lo dicho, amigos míos, me debéis todo eso”.

Es loable su labor a favor de la literatura, pero ¡oh, gran autonombrado genio de las letras!, de bien poco te ha servido.

Rucio