
Últimamente me ha dado por pensar y reflexionar con esta cabeza que se asienta bajo mis prominentes orejas y creo que estoy a punto de vislumbrar una nueva teoría. Pero no teman, no. No llegaré a aparecer en los libros de historia como Newton, Einstein o Darwin. Lo mío es pensamiento a pequeña escala, reflexiones de andar por casa entorno al ser humano y su circunstancia, que diría Ortega y Gasset.
Dándole vueltas a ciertas vivencias y situaciones he llegado a la conclusión de que el ser humano no persigue el ser bueno, justo, noble, honrado o feliz. Si, si, feliz en definitiva con lo que vive cada día. No. El ser humano ante todo y por encima de todo persigue, en primer lugar, tener mucho, pero mucho dinero, y en el momento en el que lo ha logrado, persigue el poder, el éxito o el reconocimiento que le hagan expandir su ego hasta el infinito o más allá.
He de decir también que sólo se produce en un –para mí demasiado alto- porcentaje de seres humanos. Afortunadamente hay mujeres y hombres admirables por cómo son y por lo que hacen y que justamente son la excepción que confirma esta teoría. Por cierto, ni que decir tiene que el resto de animales os damos mil vueltas en todo esto al ser humano. No necesitamos ni dinero ni agasajos.
A ver si soy capaz de explicarme. Todos ustedes habrán podido comprobar que en el momento que a un mindundi le dan un cargo se cree omnipotente. Mi ejemplo favorito es el de portero de discoteca. Si amigos, el portero de discoteca es único en su especie. Él tiene en sus manos el destino inminente de dejarte pasar o de que te quedes en la puerta con cara de gilipollas. Tiene el poder y lo sabe. Su pose y sus maneras son las de un semidiós y tú debes hacer lo que él te diga. Y si no haces lo que él te dice, ojo, se enfada porque estás desafiando su poder, su autoridad.
Otro ejemplo que me chifla son nuestros queridos alcaldes y concejales repartidos por media España. No digo que alguno de ellos acceda al poder con los ánimos de mejorar su comunidad. Lo que pasa, es que esos loables ánimos pronto se tornan en hacer las cosas para favorecer intereses personales, familiares o de amistad. Dense una vuelta por su ayuntamiento y alrededores y comprobarán como una vez que nos les falte el vil metal pondrán en práctica la más absurda de las políticas para demostrar, por encima de todo, que tienen el poder de la absoluta razón sin atender opiniones ni consejo alguno.
Y de pequeño concejal o alcalde de cualquier signo político pasamos a cualquier gobernante de las más variopintas ideologías. Si quieren podemos hacer un breve repaso por algunos de los dirigentes mundiales que ni son pobres ni les falta poder. Ideas, imaginación y buen hacer para arreglar este desaguisado mundial no tienen, pero dinero y sentimiento de poseer la verdad tienen a raudales. Se me vienen tantos a la cabeza que no sé por cual empezar. A ver, izquierdas o derechas. Moneda al aire y lo que salga. Izquierdas: Chávez, Fidel Castro, Zapatero…Derechas: Berlusconi, Sarkozy, Rajoy…De hecho, il cavaliere llegó a declarar que a pesar de las corruptelas, abusos de poder, fiestas con velinas y lo que te rondaré morena, le seguirán votando porque en el fondo a los italianos les gustaría ser como él. ¡Para fliparlo! Este tío es un crack y lo demás son tonterías.
Otros personajes que ilustran muy bien el panorama son los presidentes de equipos de fútbol. El insigne presidente del Real Madrid, Florentino Pérez tiene el dinero por castigo. Sin embargo, su ansia de emular y superar a Santiago Bernabéu va más allá de toda lógica. El ser superior, como lo definió Butragueño, no cejará en su empeño de dominar el mayor espectáculo del mundo en este siglo XXI. Y eso, díganme si no es intentar alcanzar el mayor de los éxitos. La lástima es que no se da cuenta de que con otros valores más auténticos también se consigue el éxito, como muy bien ha logrado la Selección Española. Y por otro lado, tenemos al ex-presidente Joan Laporta al que se le vio el percal. Primero se llenó los bolsillos con unas cuantas corruptelas y ahora quiere hacer carrera política a costa del Barça. Lo malo es que hay gente que le cree, va y le vota.
Y para acabar, -no me puedo resistir, estoy que me como las pezuñas estos días leyendo la prensa- no puedo pasar por alto mencionar a dos de nuestros más laureados ex-presidentes: Felipe González y José María Aznar. Todos ustedes están al corriente del pequeño sueldo que se van a embolsar por ser unos simples asesores externos de unas pequeñas empresas. A ambos se les llena la boca con lo que hay que hacer para que este país sea la panacea. Ambos tienen la receta mágica para todo y ambos contribuyen con su esfuerzo y dinero para lograrlo. Es más, sus mandatos se recordarán como derroches de energía infatigable al servicio de su país. Como una imagen vale más que mil palabras les invito a que echen un ojo a la viñeta que el gran Forges publicó el lunes y que con su generosidad y permiso he puesto al comienzo de estas líneas. Es, sin duda, la mejor manera de plasmarlo.
Del resto de políticos, que decir que no sepamos. Con esto de las reformas y ajustes de las pensiones hace unos días llegué a escuchar que todas las pensiones están sujetas a revisión menos las suyas, pues ellos como políticos son distintos. !Vaya tela!
En fin, podía seguir hasta mañana, pero no es cuestión. Todos ustedes pueden verlo cada día en la tele y a su alrededor. Lo malo y lo más triste es que cada vez hay más gente que cree que sólo puede ser feliz si tiene mucho dinero, éxito, reconocimiento o cualquiera de los elementos que llenan y dan lustre a nuestro ego.
Es muy loable que cada cual de nosotros tenga el dinero, el éxito o el reconocimiento que merece, pero no de cualquier manera y a cualquier precio. En definitiva, de lo que se trata es de superarse, de dar cada día un pasito más allá, pero ante todo con respeto, con profesionalidad, e intentando ser buena gente con los demás y con uno mismo. Cualquier persona que realiza su trabajo con honradez y disfruta con su gente y con sus cosas es todo un triunfador, aunque nadie sepa quién es. Ni salga por la tele.
Rucio
Dándole vueltas a ciertas vivencias y situaciones he llegado a la conclusión de que el ser humano no persigue el ser bueno, justo, noble, honrado o feliz. Si, si, feliz en definitiva con lo que vive cada día. No. El ser humano ante todo y por encima de todo persigue, en primer lugar, tener mucho, pero mucho dinero, y en el momento en el que lo ha logrado, persigue el poder, el éxito o el reconocimiento que le hagan expandir su ego hasta el infinito o más allá.
He de decir también que sólo se produce en un –para mí demasiado alto- porcentaje de seres humanos. Afortunadamente hay mujeres y hombres admirables por cómo son y por lo que hacen y que justamente son la excepción que confirma esta teoría. Por cierto, ni que decir tiene que el resto de animales os damos mil vueltas en todo esto al ser humano. No necesitamos ni dinero ni agasajos.
A ver si soy capaz de explicarme. Todos ustedes habrán podido comprobar que en el momento que a un mindundi le dan un cargo se cree omnipotente. Mi ejemplo favorito es el de portero de discoteca. Si amigos, el portero de discoteca es único en su especie. Él tiene en sus manos el destino inminente de dejarte pasar o de que te quedes en la puerta con cara de gilipollas. Tiene el poder y lo sabe. Su pose y sus maneras son las de un semidiós y tú debes hacer lo que él te diga. Y si no haces lo que él te dice, ojo, se enfada porque estás desafiando su poder, su autoridad.
Otro ejemplo que me chifla son nuestros queridos alcaldes y concejales repartidos por media España. No digo que alguno de ellos acceda al poder con los ánimos de mejorar su comunidad. Lo que pasa, es que esos loables ánimos pronto se tornan en hacer las cosas para favorecer intereses personales, familiares o de amistad. Dense una vuelta por su ayuntamiento y alrededores y comprobarán como una vez que nos les falte el vil metal pondrán en práctica la más absurda de las políticas para demostrar, por encima de todo, que tienen el poder de la absoluta razón sin atender opiniones ni consejo alguno.
Y de pequeño concejal o alcalde de cualquier signo político pasamos a cualquier gobernante de las más variopintas ideologías. Si quieren podemos hacer un breve repaso por algunos de los dirigentes mundiales que ni son pobres ni les falta poder. Ideas, imaginación y buen hacer para arreglar este desaguisado mundial no tienen, pero dinero y sentimiento de poseer la verdad tienen a raudales. Se me vienen tantos a la cabeza que no sé por cual empezar. A ver, izquierdas o derechas. Moneda al aire y lo que salga. Izquierdas: Chávez, Fidel Castro, Zapatero…Derechas: Berlusconi, Sarkozy, Rajoy…De hecho, il cavaliere llegó a declarar que a pesar de las corruptelas, abusos de poder, fiestas con velinas y lo que te rondaré morena, le seguirán votando porque en el fondo a los italianos les gustaría ser como él. ¡Para fliparlo! Este tío es un crack y lo demás son tonterías.
Otros personajes que ilustran muy bien el panorama son los presidentes de equipos de fútbol. El insigne presidente del Real Madrid, Florentino Pérez tiene el dinero por castigo. Sin embargo, su ansia de emular y superar a Santiago Bernabéu va más allá de toda lógica. El ser superior, como lo definió Butragueño, no cejará en su empeño de dominar el mayor espectáculo del mundo en este siglo XXI. Y eso, díganme si no es intentar alcanzar el mayor de los éxitos. La lástima es que no se da cuenta de que con otros valores más auténticos también se consigue el éxito, como muy bien ha logrado la Selección Española. Y por otro lado, tenemos al ex-presidente Joan Laporta al que se le vio el percal. Primero se llenó los bolsillos con unas cuantas corruptelas y ahora quiere hacer carrera política a costa del Barça. Lo malo es que hay gente que le cree, va y le vota.
Y para acabar, -no me puedo resistir, estoy que me como las pezuñas estos días leyendo la prensa- no puedo pasar por alto mencionar a dos de nuestros más laureados ex-presidentes: Felipe González y José María Aznar. Todos ustedes están al corriente del pequeño sueldo que se van a embolsar por ser unos simples asesores externos de unas pequeñas empresas. A ambos se les llena la boca con lo que hay que hacer para que este país sea la panacea. Ambos tienen la receta mágica para todo y ambos contribuyen con su esfuerzo y dinero para lograrlo. Es más, sus mandatos se recordarán como derroches de energía infatigable al servicio de su país. Como una imagen vale más que mil palabras les invito a que echen un ojo a la viñeta que el gran Forges publicó el lunes y que con su generosidad y permiso he puesto al comienzo de estas líneas. Es, sin duda, la mejor manera de plasmarlo.
Del resto de políticos, que decir que no sepamos. Con esto de las reformas y ajustes de las pensiones hace unos días llegué a escuchar que todas las pensiones están sujetas a revisión menos las suyas, pues ellos como políticos son distintos. !Vaya tela!
En fin, podía seguir hasta mañana, pero no es cuestión. Todos ustedes pueden verlo cada día en la tele y a su alrededor. Lo malo y lo más triste es que cada vez hay más gente que cree que sólo puede ser feliz si tiene mucho dinero, éxito, reconocimiento o cualquiera de los elementos que llenan y dan lustre a nuestro ego.
Es muy loable que cada cual de nosotros tenga el dinero, el éxito o el reconocimiento que merece, pero no de cualquier manera y a cualquier precio. En definitiva, de lo que se trata es de superarse, de dar cada día un pasito más allá, pero ante todo con respeto, con profesionalidad, e intentando ser buena gente con los demás y con uno mismo. Cualquier persona que realiza su trabajo con honradez y disfruta con su gente y con sus cosas es todo un triunfador, aunque nadie sepa quién es. Ni salga por la tele.
Rucio