5 ene 2012

Queridos Reyes Magos:






Queridos Reyes Magos:


Ya sé que soy un poquito gruñón y cascarrabias, pero en el fondo soy un burrito bueno, así que aprovechando que esta noche pasarán por aquí a dejar muchos regalos y juguetes a todos los niños quiero entregarles mi carta para que la lean con tiempo, y en la medida de sus posibilidades, me concedan alguno de estos deseos. Ya les digo por adelantado que dado el calibre de los mismos, la tarea que les espera es harto difícil, pero como ustedes son magos, ya solo nos queda recurrir a su bondad. Nadie es capaz de poner ninguna solución a esta catástrofe cotidiana en la que nos vemos abocados a vivir.
En primer lugar, me gustaría cambiar a todos los políticos que nos gobiernan, pero como sé que eso no es posible, desearía que solo dijeran mentiras piadosas, que solo robaran los bolígrafos de las oficinas, y que solo fueran corruptos en las novelas de John Le Carré. Desearía que cada día que entren por la puerta del ayuntamiento, de la diputación, del ministerio o del Palacio de Congresos piensen en todos y cada uno de los ciudadanos como si fueran miembros de su familia y que los favoritismos hacia sus cuatro amigos los dejen para cuando jueguen al monopoly. Que los recortes los hagan con las figuras de Bob Esponja, jugando en la alfombra con sus hijos y que las medidas que tomen afecten o beneficien por igual al ejecutivo de Telefónica o al parado que mira al sol desde hace un lustro.
Me gustaría que los banqueros y los grandes empresarios transformaran su egoísmo infinito en progreso real y que sintieran que los bolsillos llenos son un peso innecesario que cada día les hará más infelices. Desearía que los especuladores que ahora afloran en este río revuelto no jueguen nunca más con la comida y con la vida de tantos seres humanos que mueren de hambre en África sin ni siquiera saber por qué.
Ojalá que la educación deje de ser arma arrojadiza y se transforme en arma de futuro. Que le den la importancia que merece, teniendo en cuenta que la formación es la base de toda persona y la capacidad de aprender esa fuente infinita que nos allana el camino y nos mantiene la ilusión en lo más alto.
Desearía con toda mi alma que el mayor miedo que pudiera sentir una mujer con respecto a un hombre tuviera lugar en el momento en el que se le rompe una uña porque su chico la ha abrazado con fuerza. Que palabras como violencia o machismo desaparezcan de los informativos, de los juzgados y de tantos y tantos hogares.
Me gustaría que los inmigrantes sientan nuestro país como lugar del mundo donde nadie tiene la exclusividad de ser el único propietario. Que nadie se sienta extranjero en ninguna parte y que nadie mire al desconocido como un ser de otro planeta, demostrando honradez y honestidad por parte de todos y a partes iguales.
Que los parados perciban la falta de trabajo como una especie de merecido descanso, de alto en el camino, de recogida de fuerzas para una ocupación que colme sus aspiraciones lo antes posible.
La lista de deseos es larga y me quedan muchos, pero el saco de peticiones de Sus Majestades ya rebosa, así que permítanme un último deseo: qué más allá de los juguetes que tengan los niños, que ninguno de ellos sufra más explotación laboral y ésta se transforme en una oportunidad de vivir con la mayor libertad.
Gracias por atender mis ruegos y que a pesar del intenso trabajo, la noche sea apacible.

Ruciete (6 años).


Como ven, el burrito radical de otras ocasiones se ha transformado por una noche de especial ilusión en el burrito pequeñito que algún día fue. Un día blandito lo tiene cualquiera.