2 jun 2009

El día de la marmota



Recuerdan que ayer cuando me despedía les dije que me iba a tomar una cerveza fresquita con los amiguetes. Bueno, pues no me tomé más de tres o cuatro y eran con limón para que la cosa fuera más refrescante. Así que no puede ser por el efecto de la malta, pero el caso es que cuando llegué a mis aposentos, encendí el televisor y allí estaban los dos políticos españoles principales candidatos a las elecciones europeas.

Lo que vi, como les digo, no fue por el efecto de la cerveza, de verdad de la buena, pero el caso es que me quedé mirando a la tele como las vacas al tren y de repente mis ojos empezaron a parpadear incrédulos y mis orejas a moverse en círculos como un molinillo. No puede ser, me dije. Aquí pasa algo. Esto, tengo la sensación de que ya lo he vivido. Era exactamente igual, clavaico al anterior debate de hace semanas. Distinto canal, distinta presentadora (aunque se parecía), pero mismos reproches, mismas acusaciones, mismo tono simplón y mismas propuestas para Europa, es decir, ni una. Y lo que es más y ya me llevó a alucinar del todo, empezaron a sacar trapos sucios del pasado, que un poco más y se remontan a la Edad Media.

Cuando se tiran dardos envenenados unos a otros no puedo por menos de acordarme de los chóferes, paella en mano a casa del político de turno el domingo a la hora de comer. Se lo conté a un burro colega mío, y estuvo media hora llorando de la risa. Cutres, más que cutres decía. Pero cómo pueden ser tan cutres. Imagínate la escena, -me contaba-, el político móvil en mano llamando a su chofer, "qué pasa Mariano, ande andas, mira, ve a Casa Paco, haz el favor hombre que hoy tengo invitados y le encargas una paella para seis. Y cuando esté, te acercas a eso de las tres que para entonces ya habremos hecho ganas de comer". Qué cosas hay en esta vida.

El caso es, como les contaba, que viendo unos minutos del fascinante debate me sentí atrapado como en aquella película de “El día de la marmota” en la que el maromo vivía el mismo día una y otra vez, una y otra vez. Atrapado en el tiempo, se llamaba. Cómo es posible que estos señores hagan otro debate y sigan hablando de las mismas cosas.

Ya lo sé, me van a llamar cansino, pero es que todo esto tiene mucha tela. ¡Vaya tela! Según tengo entendido el tiempo en la televisión es carísimo. Pues vaya manera de tirar el dinero. Ni quemándolo se hace mejor.

Rucio

No hay comentarios:

Publicar un comentario