
He estado unos días fuera apartado del mundanal ruido, disfrutando de la apacible vida y visitando a unos colegas que viven por la sierra. Allí hemos estado a la sombra, bebiendo nuestras jarritas de cerveza, -la mía como saben con limón, que es más fresquita-, y conversando de nuestras cosas de burros. Han de saber que tenemos una vida apasionante. Ya les iré contando. El caso es que la prejubilación hace que disponga de mi tiempo en plan bien, ya sin horarios ni esas cosas que se inventan ustedes los humanos. Muchos andan estresaísimos de la vida, que no les da un jamacuco de milagro. Así empezaba a ponerme yo tras la emocionantísima campaña electoral, sin ir más lejos. Me estaba empezando a estresar y llamé a unos burros colegas para pasar unos días de asueto.
Como les cuento, no me he enterado de na, bueno, de casi na. Porque una cosa es que no haya leído los periódicos o haya visto la tele, pero mi radio no me la quita nadie. Me la llevo siempre conmigo. Así que algo informado si que estoy.
Pero cuando me he quedado con las cuatro patas en el aire ha sido a la vuelta. Llego a casa, la que tengo al lado del hermoso prado donde pasto cada día, y me entero que unos cuantos locos esos de la ETA han planificado una fuga de la cárcel de Huelva con un helicóptero. Si, si, han oído bien, ¡con un helicóptero! Vamos, para que no se entere nadie.
Enseguida me ha venido a la mente la magnífica serie americana que ha triunfado en USA estos años pasados y que también se ha podido ver aquí en este nuestro país: Prison Break. Como muchos de ustedes saben, consiste en la minuciosa planificación (llevada hasta el final) de la fuga de una cárcel de máxima seguridad. Ese plan está maravillosamente pensado y ejecutado, y en él se ve que se desarrolla una gran inteligencia y minuciosidad. Es tan bueno y está tan bien diseñado que crees realmente que se puede poner en marcha y que va a resultar.
Pues bien, comparen ese plan con el que pensaban llevar estos locos zumbaos de la vida con el helicóptero. Igualito, oigan. Es que me lo estoy imaginando y no quepo en mi. Ese terrorista malo malísimo, pistola en mano secuestrando el helicóptero. “Aquí uno de la ETA, esto es un secuestro. Lléveme a la cárcel de Huelva y aparque en el patio que me están esperando allí unos compañeros a los que el estado español opresor tiene presos, y he de liberarlos inmediatamente. La organización agoniza y hemos de actuar rápido, con contundencia, demostrando quienes somos y dejando a todos esos opresores y a todo el mundo con la boca abierta, como si vieran un platillo volante. Joder, que los abertzales somos asín de cojonudos, hombre. Y luego nos vamos a ir a tomar unos chikitos, y con la euforia del momento la liberación de Euskalerria será un hecho”.
¡Manda huevos!, que diría el antiguo ministro aquel que era tan gracioso en el congreso. Algunos periodistas señalan que era un plan bien ideado. Pero que quieren que les diga, un helicóptero no pasa desapercibido. Y digo yo, que en alguna torre habrá guardias de seguridad, vigilancia y todas esas cosas que suelen tener las cárceles para que nadie salga tan campante. No sé. Menos mal que estos de la ETA tienen menos luces que un mechero. Porque, y esa es otra, este plan ni siquiera es original, sino que ya había intentado ponerlo en marcha hace muchos años la mafia marsellesa.
Si es que no hay que darle más vueltas. Como decía mi abuelo, burro muy sabio él, de donde no hay, no se puede sacar.
Rucio
Como les cuento, no me he enterado de na, bueno, de casi na. Porque una cosa es que no haya leído los periódicos o haya visto la tele, pero mi radio no me la quita nadie. Me la llevo siempre conmigo. Así que algo informado si que estoy.
Pero cuando me he quedado con las cuatro patas en el aire ha sido a la vuelta. Llego a casa, la que tengo al lado del hermoso prado donde pasto cada día, y me entero que unos cuantos locos esos de la ETA han planificado una fuga de la cárcel de Huelva con un helicóptero. Si, si, han oído bien, ¡con un helicóptero! Vamos, para que no se entere nadie.
Enseguida me ha venido a la mente la magnífica serie americana que ha triunfado en USA estos años pasados y que también se ha podido ver aquí en este nuestro país: Prison Break. Como muchos de ustedes saben, consiste en la minuciosa planificación (llevada hasta el final) de la fuga de una cárcel de máxima seguridad. Ese plan está maravillosamente pensado y ejecutado, y en él se ve que se desarrolla una gran inteligencia y minuciosidad. Es tan bueno y está tan bien diseñado que crees realmente que se puede poner en marcha y que va a resultar.
Pues bien, comparen ese plan con el que pensaban llevar estos locos zumbaos de la vida con el helicóptero. Igualito, oigan. Es que me lo estoy imaginando y no quepo en mi. Ese terrorista malo malísimo, pistola en mano secuestrando el helicóptero. “Aquí uno de la ETA, esto es un secuestro. Lléveme a la cárcel de Huelva y aparque en el patio que me están esperando allí unos compañeros a los que el estado español opresor tiene presos, y he de liberarlos inmediatamente. La organización agoniza y hemos de actuar rápido, con contundencia, demostrando quienes somos y dejando a todos esos opresores y a todo el mundo con la boca abierta, como si vieran un platillo volante. Joder, que los abertzales somos asín de cojonudos, hombre. Y luego nos vamos a ir a tomar unos chikitos, y con la euforia del momento la liberación de Euskalerria será un hecho”.
¡Manda huevos!, que diría el antiguo ministro aquel que era tan gracioso en el congreso. Algunos periodistas señalan que era un plan bien ideado. Pero que quieren que les diga, un helicóptero no pasa desapercibido. Y digo yo, que en alguna torre habrá guardias de seguridad, vigilancia y todas esas cosas que suelen tener las cárceles para que nadie salga tan campante. No sé. Menos mal que estos de la ETA tienen menos luces que un mechero. Porque, y esa es otra, este plan ni siquiera es original, sino que ya había intentado ponerlo en marcha hace muchos años la mafia marsellesa.
Si es que no hay que darle más vueltas. Como decía mi abuelo, burro muy sabio él, de donde no hay, no se puede sacar.
Rucio

Buenos días Rucio, he descubierto tu existencia precisamente hoy en mi pueblo, donde se retiran de vez en cuando los cuerdos como tu. He bebido tus andanzas a las que la raza me mantiene unida, y te prometo seguirlas muy de cerca. Un rebuzno solitario es triste, una manada de rebuznos al menos puede despertar a los somnolientos... Amapola
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