
Venga, que hoy voy con una de deportes. Noble arte este que engrandece el espíritu y fortalece los corazones. Si, si, a los burros también nos gustan este tipo de disciplinas. Si nos dejaran competir en unos Juegos Olímpicos nadie nos ganaba en el lanzamiento de martillo. Coz a dos patas y martillo al viento. Vamos, que lo sacamos del estadio.
El caso es que hoy mismo aparecía Rafa Nadal en la tele. Estaba en su Manacor natal disfrutando de un día de relax, pegándole de lo lindo unos zapatazos a unas pelotas de golf y dejando por un momentito su ocupación habitual entre raquetas, y canchas de tenis. Según comentaba algún periodista docto en el noble deporte de la pelota de ida y vuelta, iba a disponer, -ojo al dato, como decía el otro-, de tres días de descanso. Si, ya sé que me van a decir que gana un montón de dinero y tal, pero es posible que se pase 300 días al año viajando por esos mundos de Dios, y entrenando y jugando de lunes a domingo. Así que nada, pillen una raqueta, pónganse a ello y luego me cuentan si es fácil.
Piensen que el resto de mortales estamos esperando el fin de semana para no pegar ni sello y la mitad,-si puede-, se fuga el viernes para no hacer ni el huevo. Y todo eso cada cinco días. Qué quieren que les diga, que me parece de perlas que alguien que se lo curra de verdad, tenga derecho al mejor de los descansos. Y si no, díganmelo a mí (si, ya sé que es un chiste fácil), que he trabajado y nunca mejor dicho, como un burro. Lo que pasa es que ahora que ya estoy prejubilado el deporte que más me gusta practicar, aunque no el único, es el de levantamiento de jarrita, esa que se sirve llena de cervecita con limón. Menudo músculo estoy echando.
Esto coincidía con el hecho de que Nadal había perdido en Roland Garros. Estoy seguro de que ese hecho nos ha sorprendido más a todos nosotros que a él mismo. Y eso, que nunca, nunca antes había perdido en este torneo. Pero a ver, no se puede ganar todo, es normal perder. Rafa lo tenía asumido desde hacía tiempo y sabía que eso podría pasar en cualquier momento porque tiene una grandeza para saber ganar y saber perder que asombra.
Como deportista, qué se puede decir, que es algo fuera de lo normal. Su capacidad de sacrificio y de sufrimiento es una barbaridad, y su fuerza mental algo descomunal que le empuja a luchar cada día, cada partido, cada bola.
Este tipo tan genial tiene la cabeza muy bien amueblada, sabe lo que quiere, sabe muy bien lo que hay y cómo funciona esto que llamamos vida. Él sabe que primero es persona y luego deportista, con unos valores y una educación que no abunda hoy en día y de la que todos deberíamos tomar nota. Como persona se ve muy bien lo que es, un tío noble, humilde, humano y bueno como pocos, que no se cree nada más que nadie. Su entrenador, el tío Toni, lo decía muy claro “creerte algo porque juegas muy bien al tenis es como creértelo porque eres el mejor jugando al escondite”. Una persona muy normal que ama lo que hace y respeta a todos los que están a su alrededor.
Su mayor objetivo es mejorar cada día, pero no por ambición desmesurada, sino por marcarse un objetivo personal, un reto a superar y un deseo de ser mejor persona. En definitiva, un tío digno de admiración por lo que hace y por como es.
El caso es que hoy mismo aparecía Rafa Nadal en la tele. Estaba en su Manacor natal disfrutando de un día de relax, pegándole de lo lindo unos zapatazos a unas pelotas de golf y dejando por un momentito su ocupación habitual entre raquetas, y canchas de tenis. Según comentaba algún periodista docto en el noble deporte de la pelota de ida y vuelta, iba a disponer, -ojo al dato, como decía el otro-, de tres días de descanso. Si, ya sé que me van a decir que gana un montón de dinero y tal, pero es posible que se pase 300 días al año viajando por esos mundos de Dios, y entrenando y jugando de lunes a domingo. Así que nada, pillen una raqueta, pónganse a ello y luego me cuentan si es fácil.
Piensen que el resto de mortales estamos esperando el fin de semana para no pegar ni sello y la mitad,-si puede-, se fuga el viernes para no hacer ni el huevo. Y todo eso cada cinco días. Qué quieren que les diga, que me parece de perlas que alguien que se lo curra de verdad, tenga derecho al mejor de los descansos. Y si no, díganmelo a mí (si, ya sé que es un chiste fácil), que he trabajado y nunca mejor dicho, como un burro. Lo que pasa es que ahora que ya estoy prejubilado el deporte que más me gusta practicar, aunque no el único, es el de levantamiento de jarrita, esa que se sirve llena de cervecita con limón. Menudo músculo estoy echando.
Esto coincidía con el hecho de que Nadal había perdido en Roland Garros. Estoy seguro de que ese hecho nos ha sorprendido más a todos nosotros que a él mismo. Y eso, que nunca, nunca antes había perdido en este torneo. Pero a ver, no se puede ganar todo, es normal perder. Rafa lo tenía asumido desde hacía tiempo y sabía que eso podría pasar en cualquier momento porque tiene una grandeza para saber ganar y saber perder que asombra.
Como deportista, qué se puede decir, que es algo fuera de lo normal. Su capacidad de sacrificio y de sufrimiento es una barbaridad, y su fuerza mental algo descomunal que le empuja a luchar cada día, cada partido, cada bola.
Este tipo tan genial tiene la cabeza muy bien amueblada, sabe lo que quiere, sabe muy bien lo que hay y cómo funciona esto que llamamos vida. Él sabe que primero es persona y luego deportista, con unos valores y una educación que no abunda hoy en día y de la que todos deberíamos tomar nota. Como persona se ve muy bien lo que es, un tío noble, humilde, humano y bueno como pocos, que no se cree nada más que nadie. Su entrenador, el tío Toni, lo decía muy claro “creerte algo porque juegas muy bien al tenis es como creértelo porque eres el mejor jugando al escondite”. Una persona muy normal que ama lo que hace y respeta a todos los que están a su alrededor.
Su mayor objetivo es mejorar cada día, pero no por ambición desmesurada, sino por marcarse un objetivo personal, un reto a superar y un deseo de ser mejor persona. En definitiva, un tío digno de admiración por lo que hace y por como es.
Rucio
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