
Vaya por delante que no tengo ni idea de economía. Soy un burro normal de los que lee el Marca y el As y no Cinco Días o La Gaceta de los negocios. Pero creo que estarán de acuerdo conmigo que si tengo 100 euros y me gasto 60, todavía me quedan 40 euros para posibles imprevistos, gastos extra, caprichos varios o para, yo que sé, comprar el regalo de mi prima Sofía por su reciente maternidad o para donarlos a una ONG. Ya sé que soy más simple que el mecanismo de un sonajero, pero esto que estoy explicando se entiende aquí y en Kuala Lumpur. Lo malo, es cuando viene alguien y me dice, no perdona, estos 40 euros restantes son activos directos reembolsables, de los cuales 10 van para comisiones e impuestos directos e indirectos y otros 10 para compras de bonos, estabilización de la renta variable y demás gastos, con lo cual, se queda con 20 euros restantes. No sé si me explico.
Llevo un buen rato trabajando delante de mi ordenador. De fondo suena la radio y me cuenta que se ha producido en España la mayor subida de la bolsa en toda su historia. ¡Y con la que está cayendo! Resulta que esta gran subida se ha producido porque los ministros de economía y finanzas de la Unión Europea han llegado a un acuerdo para crear un fondo de rescate multimillonario y sin precedentes para garantizar el restablecimiento de la estabilidad financiera en la zona euro. Si es que cuando quieren sacan dinero debajo de las piedras. Porque dinero, lo que es dinero hay. Hay mucho.
Como consecuencia, dicen los expertos, el mercado ha ganado confianza por parte de los inversores. Pero más que confianza lo que ha ganado es una cara dura tremenda debido, claro está, a la desorbitada especulación con la que cuatro cantamañanas juegan cada día. Y es que esos cuatro cantamañanas suelen tener el dinero por castigo y en vez de jugarse los céntimos de la vuelta del desayuno en la tragaperras del bar les da por invertir unos cuantos millones de euros en acciones que en esos momentos están por los suelos para, pasado el mal momento, venderlas de nuevo a cojón de pato.
Como dije antes, no entiendo de economía, o de esta economía tan moderna que se han inventado y parece que quieren seguir inventando cuatro listos, demasiado listos. Pero de lo que todavía entiendo, aunque me queda poco, es de tener un poco de sentido común. Me parece de perlas que la bolsa funcione, me parece de perlas que la gente gane dinero, me parece de perlas que exista un mercado económico que invierta su dinero donde quiera. Lo que no me parece tan de perlas es que todo eso vaya tan ligado a la economía de cada día, esa que cualquier trabajador tiene que mirar con lupa. Y que una cosa arrastre de tal manera a la otra que cuando la bolsa se vaya al traste, por egoísta y especuladora, se lleve con ella empresas, puestos de trabajo y ahorros de gente que no tiene nada que ver con esas macrofinanzas.
Ustedes me dirán, que no hombre, tu dinero va a estar en el banco tan ricamente. Pero que quieren que les diga, pregúntenle a algún argentino que otro. Y además, no se trata del dinero que tengas o no tengas en el banco, se trata de que hagas lo que hagas esta economía está tan globalizada y tan trenzada que cuando algo gordo se va abajo en un país, se produce tal efecto domino que vayas donde vayas ese efecto te pilla con el carrito del helao. Recuerden que esta gran crisis tuvo su origen en las hipotecas basura de Estados Unidos. A España nos llegó en forma de pertardazo de burbuja inmobiliaria y ahora, a ver quien es el guapo que le pone el cascabel al gato. Es decir, a ver quien pone las medidas necesarias para tener una economía saneada que ofrezca seguridad en fondos públicos, bancos, empresas y todo ello genere empleo, beneficios, movimiento, crecimiento.
Nada, que no aprendemos. Esto mismo ya pasó en Estados Unidos en 1929 con unas consecuencias tan catastróficas que llevó al desempleo y al hambre a millones de personas. Con mucha corrupción y de distinta manera, pero con varias semejanzas el corralito argentino nos dio un serio aviso de lo que podría pasar, pero seguimos muy muy ciegos. Con esto de la economía global y del mundo globalizado nos meten a todos en el mismo saco y ahí te las den todas.
Señores políticos y grandes financieros, hagan con la economía lo que quieran, pero un agricultor que se deja la espalda y la vida trabajando en el campo no tiene que pagar sus errores a base de bajos precios, especulaciones, impuestos directos e indirectos, altos costes de producción y lo que te rondaré morena. El que quiera jugar a inversor que se juegue su alma si le parece, pero al resto de mortales déjennos en paz con nuestros 10 euros de dinero real sin especulaciones ni altas finanzas. Porque esa es otra, por cada dólar real hay 300 dólares que son irreales, que son bits de ordenador.
Por cierto, todo esto lo escucho en la radio. Se me ha roto la tele y me estoy pensando mucho si comprar una nueva o esperar al 2026 (como les dije en anteriores episodios) para cuando me vengan a instalar la antena perabólica esa con la que se pueden ver los maravillosos y geniales canales de TDT. Según tengo entendido, ¡vaya tela de canales alguno de ellos! En fin, voy a tomarme una cervecita con el burro Bruno, a ver si me explica y entiendo de una vez que es eso del T.A.E que tan bien anuncia Matías Prats sentado en el banco naranja.
Rucio

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