Después de mi desaparición veraniega, aquí me tienen
de nuevo dispuesto a seguir escribiendo unas cuantas líneas en forma de
desahogo. Y es que soy como los fascículos, siempre vuelvo en septiembre tras
algún que otro viaje, mucho reposo y no poca charla con los amigos regada con
sus correspondientes cervezas. Esa es la sencilla fórmula que llevo a cabo para
no salir a la calle y liarme a tiros -metafóricamente, claro, ya saben que soy
un burro pacifico- con tanto tonto suelto por metro cuadrado.
Este verano que llega a su fin ha estado repleto de
noticias, actuaciones, declaraciones y barbaridades a más no poder. Raro ha
sido el día que no me he llevado las pezuñas a las orejas pensando que esto
debería explotar de una vez por todas. Nadie se merece semejante castigo en
forma de políticos tan nefastos, incapaces, funestos, ineptos,
incompetentes, nulos, ineficaces, analfabetos, torpes, negados y todos aquellos
adjetivos que ustedes quieran añadir. No sé, salvo honrosas excepciones,
párense a pensar si se puede quitar alguno de los anteriores calificativos a la
mayoría de los dirigentes que conocen de cualquier signo.
Es muy triste que absolutamente nadie sea
medianamente coherente y proponga ideas claras y útiles que sirvan para salir
de este pozo sin fondo en el que estamos. El partido que gobernó antes, ni está
ni se le espera y los que ahora están gobernando, además de hacerle la vida
imposible al personal, humillando a los que menos tienen, se les ocurren unas
ideas tan peregrinas que son de traca: crear centros de juego, juerga,
diversión, atracciones y viva la Pepa.
Si amigos, si. Después de buscar a conciencia un
proyecto que lance definitivamente a este país al siglo XXI, las grandes mentes
que nos dirigen han hallado la solución.
España se va a convertir en el gran casino-parque de atracciones-sala de
fiestas de Europa. Primero en Madrid y Barcelona y luego en cada pueblo, para
que la gente no se prive del placer de apostar unos eurillos en la ruleta o de
subir a la montaña rusa más grande del universo.
Salimos de una burbuja inmobiliaria, que junto con
otros grandes disparates y latrocinios nos ha llevado hasta aquí, y entramos en
una gran sala de fiestas dedicada al turismo que nos va a llevar a algo
semejante. Se vuelve a cumplir el dicho de que el hombre es el único animal que
tropieza 500 veces en la misma piedra o aquel otro de que salimos de “matamala”
para meternos en “matapeor”. ¡Pero qué gentuza y qué cachondeo! Estas ideas no llegan ni siquiera a nivel de república bananera. Aunque claro, con semejante calaña, qué vamos a esperar.
Pero vamos a ver, ¿cómo puede ser que nadie apueste
por proyectos basados en la ciencia, en la tecnología, o en la cultura?, ¿cómo
puede ser que la más importante financiación pública vaya a parar en manos de
unos magnates para hacer más dinero con la excusa de que se van a crear muchos
puestos de trabajo? ¡No me lo puedo creer! No me puedo creer que se dejen de
atender sistemas que funcionan para apostar por centros de diversión que van a
durar unos años sin dejar una base sólida para el futuro. Más allá de la
catadura moral del asunto (en la que no entro), de la carga política del tema
(que no me interesa), yo me pregunto si a alguno de ustedes se la había pasado
por la cabeza que el gran proyecto para sacar a este país de la crisis y
lanzarlo al futuro serían casinos y atracciones.
Aquí el amigo Adelson viene sobre todo con la clara
intención de crear empleo, de ayudar a la economía del país y de promover
acciones sociales y benéficas de las que tanto estamos necesitados. ¡Manda
pelotas lo que hay que oír! Y todo ello consentido, impulsado y financiado por
las autoridades con la señora Aguirre a la cabeza, abanderada y guía de un
pueblo sumido en la depresión y al que quiere sacar del letargo a base de
juerga y diversión. ¡Qué mejor receta! Y puestos a quebrantar o modificar las
leyes ya sabidas, yo propondría alguna más para crear más puestos de trabajo. Además
de tabaco, estaría bien barra libre de alcohol, coca y meretrices por todos los
casinos de este país. La banca se lleva el dinero y los clientes el placer en sus cuerpos serranos. Verás que llenazo. Las Vegas se quedarán para cuatro pelagatos americanos.
En fin, todo esto no ha hecho más que empezar y
seguro que me da para escribir más capítulos que en Falcon Crest. A buen seguro que se van a crear puestos de trabajos que
vienen muy bien, pero alguien me puede decir ¿qué hacemos con todos los jóvenes que están estudiando la
secundaria y en la universidad?, o ¿para qué va a estudiar un chaval una
ingeniería?, pongamos por caso, ¿para llegar a ser crupier, recepcionista o
matón de seguridad? ¡Qué pena!, se echa abajo todo un sistema educativo por un
lado y se crea el gran circo mundial de la diversión por el otro. Pan para hoy
y hambre para mañana. Como siempre. No aprendemos nunca.
No queda otra y ante tanto despropósito, habrá que
reinventarse. Voy a hablar con mi colega el burro Bruno para proponerle una
gran idea. Si en Las Vegas te casa Elvis, aquí vamos a crear lo más de lo más:
bodas en las que te case Manolo Escobar. Voy a patentar la idea antes que me la
quite algún espabilao.
Rucio











