Por Miguel de Cervantes Saavedra, Cronista de Noticia y Desengaños
Escuchad, vuestras mercedes, la relación de un suceso que, por lo torcido de su rastro y lo amargo de su desengaño, bien pudiera haber nacido de la pluma de un historiador de burlas, mas que en esta España nuestra se ha tornado en cruda y pública afrenta.
Crónica de una Falsía en la Corte de los Desatinos
En estos tiempos de tribulación, donde el cielo descargó su furia sobre las tierras de Levante, surgió una polvareda de palabras que pretendía ocultar la desidia con el manto de la diligencia. Don Alberto, de la casa de los Populares, caballero que aspira a regir los destinos de estos reinos, afirmó a los cuatro vientos que su lugarteniente en Valencia, el señor Mazón, le había mantenido al tanto de las desdichas en el mismísimo instante en que las aguas devoraban las haciendas y las vidas.
Aseguraba Don Alberto, con rostro de gravedad y lengua presta, que la información corría entre ellos como el Ebro por su cauce, en tiempo real y sin estorbo. Mas la verdad, que es hija del tiempo y no de la conveniencia, ha acabado por asomar la cabeza entre los legajos de la Justicia.
El Desmoronamiento de la Fabla
Ha sido el propio señor Feijoó quien, puesto ante la vara de la justicia y bajo el sagrado juramento de decir verdad, ha deshecho el entuerto de la peor manera. Al ser interrogado por la jueza, en calidad de testigo y con el alma al desnudo, ha tenido que confesar lo que los hechos ya gritaban: que tal comunicación en tiempo real no fue sino una quimera.
La Afirmación Primera: Don Alberto sostuvo que Mazón le informó minuciosamente mientras la tormenta arreciaba.
La Confesión Judicial: Feijoó admite que no hubo tal flujo de noticias, dejando a su valedor en la más absoluta de las desnudeces retóricas.
El Resultado: Una mentira que, por ser tan grande y tan vana, ha quedado expuesta como un galeote en mitad de la plaza.
De cómo la Vanidad tropieza con la Vara de la Justicia
¡Oh, desdichado Don Alberto! Que por querer salvar la honra del partido, ha terminado por empeñar la suya propia en una moneda que no tiene curso legal: el engaño. No hay bálsamo de Fierabrás que cure la herida de una mentira que se estrella contra el muro de un testimonio judicial.
"La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua." — Don Quijote de la Mancha, II Parte.
Es así que el caballero gallego queda ahora en situación asaz comprometida, pues si miente en lo pequeño y en lo trágico, ¿qué no hará en lo grande y lo próspero? La jueza, con su pluma de ley, ha dejado constancia de que la realidad no se ajusta a los cuentos de palacio, y que la DANA, además de barro y dolor, ha traído el descubrimiento de este vergonzoso artificio.
Quede pues constancia de que en este reino, por mucho que los poderosos quieran tejer realidades a su antojo, siempre habrá una luz que, aunque tardía, ilumine las sombras de la impostura.
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