
Como ustedes saben, la película Una terapia peligrosa cuenta la historia en la que el personaje que interpreta el gran Robert De Niro es uno de los capos de la mafia más poderosos de la ciudad y los mafiosos están preparando una reunión de todos los capos para decidir quién será el nuevo jefe de todos los jefes, il capo di tutti capi. No sé si se escribe así en italiano, ma mi dispiace, non parlo italiano, questa bellisima lingua.
Días antes de celebrarse la citada reunión, el personaje de Robert De Niro, sufre unos imprevistos e inoportunos ataques de ansiedad y teme que el resto de mafiosos con los que comparte intereses por un lado, pero competencia y enemistad por otro, le vean como un cobarde y no le elijan como el gran jefazo, il capo di tutti capi.
Todo esto viene al hilo de las últimas noticias sobre Silvio, oh si, Silvio Berlusconi, ese gran conquistador italiano de velinas, a la par que insigne presidente de la República Italiana. Al contrario que en la película, il cavaliere no sufre nunca ansiedad. Tiene más cara que dinero.
Si los políticos en general son infames a más no poder, lo de este impresentable no tiene nombre. Ya saben que mi colega el burro Bruno y yo solemos comentar las últimas jugadas sobre lo que pasa por el orbe, y hace unos días nos echamos unas risas cuando Berlusconi se proclamó, así por la cara, atención queridos mamíferos, “el mejor primer ministro de Italia en sus 150 años de historia”. ¡Cómo será el peor! Bueno, mi amigo Bruno acabó llorando de la risa.
Éste si que actúa como el gran jefazo de todos los jefazos y a ojos vista. Conjuga a la perfección esa mezcla de político, mafioso, empresario y chulo que se cree amo y señor del mundo. Ya hace años, antes de ser político de renombre, su gran deseo era ser primer ministro de la República para tener inmunidad debido a los trapos sucios y chanchullos que tiene a diario en sus empresas. Si hoy en día el fútbol y la tele controlan un país, aquí el tito Silvio es dueño de varias televisiones y del Milán, nada menos.
En los últimos meses ha sido acusado de llevar prostitutas y famosas velinas a sus residencias oficiales en las que ha organizado numerosas y grandiosas fiestas para agasajar a sus amistades. Y no sólo eso, sino que después a alguna de estas chicas las ha promovido para ser candidatas del partido y así optar a escaños del parlamento. ¡Per tutti los santi! o como se escriba.
Ya con unos cuantos escándalos a sus espaldas su partido ganó con amplio margen las elecciones europeas. Y es que esa es otra. Me pregunto qué tienen los italianos en la cabeza cuando votan a Berlusconi. No hallo respuesta. Misterios de la humanidad. A lo mejor es lo que decía el propio primer ministro, que les gustaría ser como él y que gusta a los italianos con un 68% de aprobación. No sé, algún día lo sabremos.
En fin, que ustedes saben mejor que yo todas las tonterías que hace este hombre. Cada vez que me acuerdo del día que se escondió detrás de una columna y le dió un susto a la canciller Merkel se me ponen las orejas más grandes que una parabólica.
Días antes de celebrarse la citada reunión, el personaje de Robert De Niro, sufre unos imprevistos e inoportunos ataques de ansiedad y teme que el resto de mafiosos con los que comparte intereses por un lado, pero competencia y enemistad por otro, le vean como un cobarde y no le elijan como el gran jefazo, il capo di tutti capi.
Todo esto viene al hilo de las últimas noticias sobre Silvio, oh si, Silvio Berlusconi, ese gran conquistador italiano de velinas, a la par que insigne presidente de la República Italiana. Al contrario que en la película, il cavaliere no sufre nunca ansiedad. Tiene más cara que dinero.
Si los políticos en general son infames a más no poder, lo de este impresentable no tiene nombre. Ya saben que mi colega el burro Bruno y yo solemos comentar las últimas jugadas sobre lo que pasa por el orbe, y hace unos días nos echamos unas risas cuando Berlusconi se proclamó, así por la cara, atención queridos mamíferos, “el mejor primer ministro de Italia en sus 150 años de historia”. ¡Cómo será el peor! Bueno, mi amigo Bruno acabó llorando de la risa.
Éste si que actúa como el gran jefazo de todos los jefazos y a ojos vista. Conjuga a la perfección esa mezcla de político, mafioso, empresario y chulo que se cree amo y señor del mundo. Ya hace años, antes de ser político de renombre, su gran deseo era ser primer ministro de la República para tener inmunidad debido a los trapos sucios y chanchullos que tiene a diario en sus empresas. Si hoy en día el fútbol y la tele controlan un país, aquí el tito Silvio es dueño de varias televisiones y del Milán, nada menos.
En los últimos meses ha sido acusado de llevar prostitutas y famosas velinas a sus residencias oficiales en las que ha organizado numerosas y grandiosas fiestas para agasajar a sus amistades. Y no sólo eso, sino que después a alguna de estas chicas las ha promovido para ser candidatas del partido y así optar a escaños del parlamento. ¡Per tutti los santi! o como se escriba.
Ya con unos cuantos escándalos a sus espaldas su partido ganó con amplio margen las elecciones europeas. Y es que esa es otra. Me pregunto qué tienen los italianos en la cabeza cuando votan a Berlusconi. No hallo respuesta. Misterios de la humanidad. A lo mejor es lo que decía el propio primer ministro, que les gustaría ser como él y que gusta a los italianos con un 68% de aprobación. No sé, algún día lo sabremos.
En fin, que ustedes saben mejor que yo todas las tonterías que hace este hombre. Cada vez que me acuerdo del día que se escondió detrás de una columna y le dió un susto a la canciller Merkel se me ponen las orejas más grandes que una parabólica.
Lo malo es que tiene mucho poder y control, y parte de Italia y algo de Europa le siguen el juego. A mí me da igual lo que haga Berlusconi en su tiempo libre, y más si lo paga de su bolsillo, pero mucho me temo que es otro de los que se pone el mundo por montera a costa de los italianos. Como político actual, del siglo XXI, es de los que se creen que el resto de la gente es imbécil y puede hacer lo que quiera con total libertad.
Rucio
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