
Vaya, vaya. Qué casualidades tiene esta vida. He estado fuera unas semanas por esos mundos de Dios y ahora a mi vuelta cuando pongo de nuevo el telediario empiezan a salir unos cuantos polvos de aquellos lodos.
La última, como bien recuerdan ustedes iba de Silvio, oh si, Silvio il divo, Berlusconi. No sé si serán estas orejas tan grandes que tengo, pero me daba la sensación de que algo iba a pasar con él. Como bien saben, su intención era poder seguir haciendo con total libertad lo que quisiera. Y digo era, en pasado,- y menos mal- porque unos jueces italianos le han denegado la ley que le otorgaba total impunidad para poder hacer en Italia cualquier cosa que se le pasara por la cabeza (y a éste se le pasan por la cabeza cosas muy raras) sin que nadie le dijera nada de nada. Claro, el tito Silvio está ahora que echa espumarajos por la boca. Pero bueno, ¡cómo le puede pasar algo así al más grande primer ministro italiano de la historia!
Por otro lado, en política nacional siguen saliendo más capítulos a la luz de las tramas corruptas, más cosas raras entorno a la crisis, mociones de censura en ciudades por las que se mueve mucho dinero. Esa es otra. ¡Manda huevos, -como decía aquel- la moción de censura de Benidorm! ¡Manda huevos que pocos escrúpulos tienen, tanto unos como otros, para hacer y deshacer el cotarro a su antojo! Qué casualidad que todo esto pase siempre donde se maneja mucha pasta. Aquí en mi pueblo, en este rinconcito del mundo en el que vivo y pasto, donde no hay ni un euro, la gente no quiere ni presentarse para alcalde. No sé, casualidad.
Pero yo, mejor dicho, mi colega el burro Bruno y yo, cuando mejor nos lo pasamos es cuando habla en público este político tan simpático que viste gafas oscuras y parece salido de la mafia de Chicago, Carlos Fabra. De verdad que es más divertido que un chiste de Eugenio. Cuando llegaba de vuelta a mis aposentos hace unos días, pongo la radio y lo primerito que escucho son unas declaraciones en las que el insigne presidente de la Diputación de Castellón habla sobre el tema de la corrupción de su partido. Preguntado por unos periodistas si tiene que haber dimisiones, éste contesta que “en este país dimite poca gente” y refiriéndose al partido que gobierna continua con una frase lapidaria, de las que pasarán a la historia: "que estos hablen de corrupción, hay que caérsele a uno los huevos del sitio". Si señor, rotundo y sonoro. No se puede expresar mejor con menos palabras. La Real Academia Española de la Lengua no puede desaprovechar tanto talento, tanta verborrea, tanta poesía.
Desde aquí propongo, a quien corresponda, la candidatura a un sillón de la Real Academia para el señor Fabra. Es más, cuando quede libre el sillón correspondiente a la letra G mayúscula, éste debe, sin duda, ser para él. Como todo el mundo sabe, sería todo un detalle que se postrara en tan ilustre letra, la G de… gigante de las letras.
Rucio
La última, como bien recuerdan ustedes iba de Silvio, oh si, Silvio il divo, Berlusconi. No sé si serán estas orejas tan grandes que tengo, pero me daba la sensación de que algo iba a pasar con él. Como bien saben, su intención era poder seguir haciendo con total libertad lo que quisiera. Y digo era, en pasado,- y menos mal- porque unos jueces italianos le han denegado la ley que le otorgaba total impunidad para poder hacer en Italia cualquier cosa que se le pasara por la cabeza (y a éste se le pasan por la cabeza cosas muy raras) sin que nadie le dijera nada de nada. Claro, el tito Silvio está ahora que echa espumarajos por la boca. Pero bueno, ¡cómo le puede pasar algo así al más grande primer ministro italiano de la historia!
Por otro lado, en política nacional siguen saliendo más capítulos a la luz de las tramas corruptas, más cosas raras entorno a la crisis, mociones de censura en ciudades por las que se mueve mucho dinero. Esa es otra. ¡Manda huevos, -como decía aquel- la moción de censura de Benidorm! ¡Manda huevos que pocos escrúpulos tienen, tanto unos como otros, para hacer y deshacer el cotarro a su antojo! Qué casualidad que todo esto pase siempre donde se maneja mucha pasta. Aquí en mi pueblo, en este rinconcito del mundo en el que vivo y pasto, donde no hay ni un euro, la gente no quiere ni presentarse para alcalde. No sé, casualidad.
Pero yo, mejor dicho, mi colega el burro Bruno y yo, cuando mejor nos lo pasamos es cuando habla en público este político tan simpático que viste gafas oscuras y parece salido de la mafia de Chicago, Carlos Fabra. De verdad que es más divertido que un chiste de Eugenio. Cuando llegaba de vuelta a mis aposentos hace unos días, pongo la radio y lo primerito que escucho son unas declaraciones en las que el insigne presidente de la Diputación de Castellón habla sobre el tema de la corrupción de su partido. Preguntado por unos periodistas si tiene que haber dimisiones, éste contesta que “en este país dimite poca gente” y refiriéndose al partido que gobierna continua con una frase lapidaria, de las que pasarán a la historia: "que estos hablen de corrupción, hay que caérsele a uno los huevos del sitio". Si señor, rotundo y sonoro. No se puede expresar mejor con menos palabras. La Real Academia Española de la Lengua no puede desaprovechar tanto talento, tanta verborrea, tanta poesía.
Desde aquí propongo, a quien corresponda, la candidatura a un sillón de la Real Academia para el señor Fabra. Es más, cuando quede libre el sillón correspondiente a la letra G mayúscula, éste debe, sin duda, ser para él. Como todo el mundo sabe, sería todo un detalle que se postrara en tan ilustre letra, la G de… gigante de las letras.
Rucio
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