11 nov 2009

Aterriza como puedas


Como todos ustedes saben Asterix y Obelix eran unos tipos valientes capaces de dar de guantazos a medio Imperio Romano antes de desayunar. Sólo temían una cosa, que el cielo cayera sobre sus cabezas. El cielo, de momento, no sé si caerá, pero no iban desencaminados.

Los científicos nos cuentan que un meteorito –una piedrecita de nada- hizo desaparecer a los dinosaurios. Si algún día se va la gravedad, como cuando se va la luz un par de segundos, es posible que los satélites que tenemos dando vueltas a la tierra se lancen hacía nosotros como flechas. O imagínense que los astronautas de la estación espacial internacional están jugando al tute, y con eso de la emoción del momento le pegan, sin querer, al botón de arranque cuando uno de ellos canta las cuarenta. Pues seguramente nos encontremos aparcada la estación al lado del Seat León que tenemos a la puerta de casa. Muchos de ustedes recordarán que Paco Rabanne vaticinó hace años que la estación iba a caer sobre París. ¡Qué crack, acertó de lleno! ¡Menos mal que no se dedica a dar el pronóstico del tiempo!

Puede, -nunca se sabe- que aparezca Superman y se nos plante en el balcón o hasta que pase por delante de nosotros un burro volando.

Todas estas cosas son posibles pero improbables. Lo que de verdad es posible y cualquier día probable, es que nos pidan permiso para que un avión aterrice en nuestro jardín. No por nada especial, no, sino porque algunos de los pilotos que controlan esos pájaros están a uvas. Sería mejor que se dedicaran a volar avionetas de las de control remoto.

Recordaran cuando hace unas semanas dos pilotos se enfrascaron en una airada discusión y se olvidaron que tenían que aterrizar. Cuando se quisieron dar cuenta, se habían pasado 230 kilómetros de su punto de destino. Por lo visto, era tal la discusión que ni siquiera escucharon las llamadas de la torre de control. Vamos, que más de un controlador tendría principio de infarto viendo la situación y estos se pasaron 17 pueblos.

Pero para completar el cuadro aeronáutico, hoy aparece otra noticia en la que se cuenta que han detenido a un piloto cuando se disponía a despegar porque superaba la tasa de alcohol permitida. Supongo que para los pilotos llevar un pajarraco de esas dimensiones es como montar en bicicleta, solo que un poco más alto. Me lo estoy imaginado, comida con el copiloto y las azafatas, que corra el vino, chupito para que baje el postre y whiskito detrás del café. Y vamos, Larry, que tenemos que llegar a Chicago antes de las diez, que me espera mi Churri para cenar. Es más, ahora en el viaje una siestecita y como un rey.

Si las compañías de vuelos cobran un riñón y te pierden todas las maletas, en los aeropuertos te registran más que a un delincuente en la cárcel y los pilotos son capaces de dejarte en cualquier parte del planeta, la próxima vez me voy en barco que a mí eso de los burros volando no se me da bien.


Rucio

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