
Llevo unas cuantas semanas observando el panorama con muchísima atención y solo puedo llegar a una conclusión para intentar explicarme lo que sucede o lleva sucediendo desde hace mucho tiempo. Déjenme decirlo así, directamente, sin anestesia ni nada: somos unos sinvergüenzas absolutos y además no tenemos remedio. Hay dos cosas que producen una tristeza infinita. Por un lado, la degradación del ser humano hasta límites insospechados, y por el otro, la anestesia que nos han inoculado y que no somos capaces de quitarnos así pasen décadas. Todo vale y todo se acepta sin más. Y no todo vale y no todo se puede aceptar.
Les podría poner mil ejemplos sin ir muy lejos, solo tienen que echar un vistazo rápido a la prensa diaria. O los medios de comunicación nos engañan o lo que vemos tenía que ser objeto de dimisiones masivas, limpieza de cargos y penas de cárcel a mansalva. Ya les digo de antemano que no se puede juzgar sin saberlo todo, que hay siempre presunción de inocencia y todo lo demás. Muy bien, eso ya nos lo sabemos.
Ustedes están al tanto de dos festivales que nos están contando a diario y, estarán conmigo, son de traca. El día que acabe la investigación de Urdangarin es posible que le acusen hasta del asesinato de Kennedy. Todo lo que se sabe ya es de una gravedad total y ni siquiera está imputado. Hasta su propia familia le ha dicho que de qué va. Ya saben la frase sobre la mujer del César, y tratándose de esta familia o de gente que tiene el privilegio de tener su vida resuelta han de ser más transparentes que el agua de Lanjarón.
En el caso del juicio de Camps y toda la tropa afín huele a mafia corrupta y cutre a más no poder. Es propio de una película de Torrente, y no entiendo cómo no se le cae la cara de vergüenza a Rajoy y demás dirigentes por no echar a todos estos políticos al más oscuro de los abismos. Y si hablamos del bando contrario y del caso campeón de campeones lo mismo te digo, Rodrigo. O Pepiño.
Por otro lado, tenemos a los empresarios y trabajadores de este santo país. Dos fuerzas opuestas y enfrentadas que no se pondrán nunca de acuerdo ni para tomar un café. Hay de todo en la viña del Señor, pero déjenme decirles, que la mayoría de los trabajadores lo que quiere, en general, es sacar su trabajo, cobrar a fin de mes y vivir lo más tranquilo que pueda con cierta estabilidad. Aunque no está mal reseñar, que a veces se busca más la pillería que el trabajo efectivo. Sin embargo, el tema del empresario es otro cantar. Conozco a muchos que son honrados con sus empleados al 100 %, pero son los menos. La mayoría, sobre todo los grandes, son avaros hasta el infinito y practican una ley del embudo en el que nunca saldrán perdiendo. Solo hay que escuchar al presidente de la CEOE, que poniendo como escusa la crisis, quiere que la tropa trabaje por un plato de comida. Estaría bien que él mismo hiciera ese ejercicio que muchas familias vienen practicando desde hace tiempo, vivir con 400 euros al mes. No estaría mal, como penitencia, que este tipo de gente tuviera ese salario para comprobar en sus propias carnes que se siente cuando te matas a trabajar y encima te dan latigazos.
De verdad que le tengo mucha envidia cochina a otros países con una mentalidad tan diferente, en la que impera el sentido común entre los jefes y los trabajadores. Hace una semana vi un reportaje de una empresa alemana en la que daba gusto ver cómo trabajaban y qué bien se sentían unos y otros, otros y unos, sabiendo lo que cada cual tiene que hacer con total honradez y profesionalidad, con efectividad y con buen sueldo, donde todos ganan porque todos ponen lo mejor de su parte. Casi se me saltan las lágrimas.
Hablando de las cajas de ahorro y de sus dirigentes en España, qué quieren que les cuente que no sepan. Igualito que en Alemania, donde una caja “decidió premiar a algunos de sus empleados con los servicios de prostitutas en un viaje a Río de Janeiro para motivarles”. Palabrita que no les miento, dense una vuelta por la prensa. Eso es una buena recompensa por el trabajo bien hecho y lo demás son tonterías. Esa es la diferencia –una vez más- con nuestro país, donde los ciudadanos ponemos nuestro dinero para los placeres mundanos de los dirigentes vía barra libre para línea erótica –véase prensa, de nuevo- y demás menesteres.
Por último, no quiero dejar de mencionar a otra ciudadana ejemplar, sobre todo en el mundo de la educación. Se trata de la consejera de educación madrileña, la señora Lucía Figar. Después de señalar con el dedo a los miles de profesores llamándoles vagos y no sé cuántas cosas más (bueno, sí lo sé) resulta que a su marido Carlos Aragonés, los periodistas parlamentarios le han entregado el premio “al diputado ausente” por no haber presentado ni una sola iniciativa en el Parlamento. Aquí mi primo debe ir al Congreso a calentar el sillón y a navegar por internet, porque lo que es a trabajar, ni de broma. Por la boca muere el pez.
No voy a seguir, porque se me sube la bilirrubina y espero llegar al 2012 en medianas condiciones. Voy a ver si mi colega Bruno tiene un rato libre y ahogamos penas y sin sabores en nuestro rincón del bar. Ya he trabajado hoy más que toda esta tropa junta y eso que estoy prejubilado.
Rucio









