17 ene 2013

La cueva de Alí Babá


Le prometí al médico reposo y tranquilidad, y creo que no me voy a resistir. Por un momento me voy a desahogar después de unos meses. Perdónenme por no aparecer por esta ventana desde hace tiempo, pero cuando la salud, sobre todo mental, se resiente es tiempo de pensar en otras cosas. No sé si a ustedes les pasa, pero siento un síndrome raro. Empecé a vomitar a cada paso cuando me enteraba de una barbaridad cometida por un político. Sufría y sigo sufriendo ataques de asco, y más concretamente de asco de político español.

Como les digo, me voy a desahogar, así que déjenme hablarles en corto y por derecho. Sin tonterías ni pelos en el hocico. Ya les aviso de antemano que mis palabras no van a ser amables, por lo tanto, están a tiempo de una retirada. Cuando era un burro pequeñito, varias veces escuché en boca de los mayores de mi pueblo un dicho real y auténtico como pocos: “el que no roba ni jode es porque no tiene donde”. Piensen ahora en políticos y altos cargos de este santo país y no  me vengan diciendo, como defienden muchos, que son sólo unos cuantos y que la gran mayoría son honrados, honestos y profesionales intachables. Señores, esta es la cueva de Alí Babá. Hay corruptos e imputados en este lugar para llenar un par de cárceles, y sin embargo, todos tan campantes, ¡aquí no pasa nada!

El cinismo de nuestros amados dirigentes bate records. Ahora preguntan en la calle Génova que han visto en los periódicos a un tal Bárcenas, que por lo visto le ha robado los calzoncillos hasta a su padre, y todos los que por allí moran y trabajan se encogen de hombros y preguntan quién es. La prensa refleja continuas evidencias de mentiras, malas artes y desvergüenza a raudales, y sin embargo, ¡aquí no pasa nada!

Y es que no me digan que no estamos viviendo un panorama guapo. Mientras los portavoces y dirigentes de los distintos partidos nos dicen a diario que tenemos que hacer esfuerzos imposibles y que la sanidad y la educación que se financian con nuestros impuestos no pueden mantenerse, ellos amparan sin remordimiento alguno a auténticos ladrones que cogen el dinero a manos llenas delante de nuestra propia cara. Políticos que dicen que tenemos que ser austeros y no vivir por encima de nuestras posibilidades y que dan un ejemplo absolutamente acojonante, permitiéndose el lujo de comprarse áticos, palacetes y cigarrales por un valor que el resto de los mortales no ganaríamos ni viviendo tres vidas con semejantes sueldos, y sin embargo, ¡aquí no pasa nada!

Vivimos en un disparate continuo. Los recortes son tan brutales y tan injustos que llenan las oficinas del paro y los comedores sociales con miles de personas que no se merecen gobernantes tan cenizos, con sueldos millonarios y desvergüenza infinita. Todos conocemos a gente que lo está pasando mal, sin trabajo en las manos y sin comida en el estómago. Pero, ay amigo, ¿sabrían decirme de algún cargo, pequeño, mediano o alto, que esté en el paro y no consiga fácilmente otro cargo u otro empleo? Esto no es una crisis, es el mayor latrocinio que ha vivido este país desde los tiempos de Viriato.

Esta mentira y esta pantomima política ya se alargan demasiado en el tiempo, debido también, en parte, a la bondad, el consentimiento, la complicidad y la estupidez de muchas personas. El cinismo sempiterno que practica este gobierno no tiene nombre, la estupidez contumaz del anterior sigue poniéndoles a los pies de los caballos y los egoísmos  nacionalistas aderezados de billetes mientras reivindican derechos hacen que no les crean ni en su casa. Y es que, de verdad, hay que tener mucho cuajo y ser muy gilipollas para en próximas elecciones votar a Cospedales, Ignacios González, Duranes, Pujoles, Rajoys, Rubalcabas, Griñanes y Bonos etc, etc, -la lista sería muy larga- y toda esa basura política.

Señores dirigentes, no sé cuánto tiempo piensan ustedes seguir así. No sé cuánto tiempo van a seguir llamando tontos y subestimando a los ciudadanos. No sé cuánto tiempo van a seguir insultando la inteligencia de personas buenas y honradas, pero cuidado, la paciencia de la gente tiene un límite, y cerca del congreso hay farolas. Lean un poco de historia. A veces viene bien para salvar el pellejo. Recuerden que es duro que te quiten el trabajo, el dinero y la comida, como ustedes bien saben que están haciendo, pero lo más duro es que te quiten la dignidad. Y están a punto de hacerlo.

Rucio


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