De los Desafueros del Reyno al Descalabro en Chamartín: Crónica de la Desventura Merengue
¡Oh, mísero estado el de la Casa Blanca, cuya ventura, que siempre fue hidalga y en todo tiempo próspera, se trueca ahora en un sinfín de cuitas y zozobras! Y es que, como ha visto la Cristiandad toda, la más reciente jornada del noble juego de la pelota ha deparado para el Real Madrilense no solo una derrota de 0-2 frente al Celta de Vigo, mas también un desordenado trance de expulsiones y una merma en el caudal de su hidalguía.
A fe que fue en el solar del Santiago Bernabéu, templo de la gloria, donde se representó esta tragedia. La escuadra, capitaneada por el novel Xabi Alonso, ha menester de hallar el norte que le guíe, pues, si bien el deseo de victoria se les antojaba a la mano, la fortuna les ha vuelto la espalda con golpes de infortunio que bien pudieran venir de la mano de un hechicero malencarado.
El Desatino y la Ira: Las Cuitas Arbitrales
Mas no fue solo el yerro en el remate lo que afligió a los merengues, ¡ay, dolor! que el trance se agravó por la desordenada disciplina mostrada por algunos de sus campeones. Don Fran García, el joven lateral, con tal premura de juicio y corto de seso, vio dos cartulinas amarillas en un tris, quedando su escaño vacío por menos de un minuto.
Y cuando ya el ánimo pendía de un hilo, el buen juez de la contienda, por mor de las leyes, hubo de mostrar la tarjeta encarnada a Don Álvaro Carreras por palabras que, si bien fueron dichas con la sangre en el ojo, no debían haber salido de boca de tan gallardo caballero: “¡Eres malísimo!” dicen que dijo, cual arriero a su mulo, lo cual es yerro grave en este deporte. Dos expulsiones, ¡imagínese, buen lector!, dejando a la Casa Real con nueve almas en el campo para rematar tan amargo trago.
Sombras de Lesiones y Nuevos Rostros
Pero las desventuras, cual manada de lobos, nunca vienen solas. A esta derrota, súmanse los dolores del cuerpo que aquejan a la tropa. El fuerte Éder Militao hubo de retirarse a su pesar, con dolor en el músculo que promete larga ausencia de los campos. Y si a esto añadimos la merma por lesión de otros valientes, como Trent Alexander-Arnold o Camavinga, bien parece que el ingenio del hidalgo Alonso habrá de obrar milagros para armar una defensa de cuerpo entero.
Cierto es que la noble Casa no ha cesado de allegar nuevos adalides para su pendón. Nombres de forasteros, como el de Dean Huijsen, zaguero de gran presencia, o el mozo Franco Mastantuono, sin olvidar a Don Álvaro Carreras (de reciente llegada, que ya topó con el rigor del árbitro), fueron adquiridos con caudal copioso. Mas de qué valen los muchos escudos si la melancolía y el desorden acampan en el vestuario, dejando que el rival, en este caso el Celta con el joven Williot Swedberg, se sirva con gusto de tan funesta coyuntura.
Y así, mientras en Barcelona la ventura les sonríe, en el corazón de la Villa y Corte, el Real Madrid ve cómo se esfuma su ventaja en la lid, quedando a cuatro puntos del liderato.
¡Ah, ventura tornadiza! ¡Hoy en la cumbre, mañana en el abismo! Ruego al cielo que el ingenio de Alonso, cual Don Quijote en sus mejores horas, logre desatar este nudo de desdichas y vuelva a encarrilar a los blancos en la senda de la gloria, que harta falta les hace para acallar las voces de la murmuración.
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