De lo que se dice en las plazas y corrillos
Cuentan las crónicas más frescas —que vuelan más rápido que Clavileño el alígero— que han brotado quejas y lamentos de damas que, con voz temblorosa pero firme, denuncian agravios que nunca debieron nacer en pecho de caballero. Trátase de hombres que, vistiendo el sayo de la igualdad y la justicia, escondían bajo el jubón intenciones menos nobles y manos más largas de lo que la honra permite.
"¡Oh, tiempos! ¡Oh, costumbres! Que quienes pregonan la defensa de las dueñas y doncellas sean los mismos que, en la sombra de los despachos, las acosen con peticiones deshonestas y palabras que ensucian el oído."
Los lances de la política y la deshonra
No es poca la turbación que reina en el alcázar del sanchismo, pues se dice que el principal adalid de estas lides, un tal Íñigo, de apellido Errejón —que si bien no es del mismo linaje socialista, con ellos compartía mesa y mantel en las Cortes—, ha caído en desgracia absoluta. Mas la mancha, como el aceite en el paño, se extiende y alcanza a otros capitanes que, por omisión o descuido, permitieron que tales entuertos se cometieran sin el debido castigo.
El silencio de los muros: Dicen que las paredes de las sedes oyeron suspiros y llantos que nadie quiso escuchar por no romper la armonía del bando.
La caída de los ídolos: Aquellos que se daban golpes de pecho por la causa feminista se ven hoy señalados por el dedo de la sospecha, cayendo de sus pedestales como estatuas de sal ante el sol de la verdad.
La purga de los agravios: Búscanse ahora remedios y bálsamos para curar las heridas, mas bien sabe vuesa merced que la honra, una vez quebrada, es más difícil de soldar que el hierro frío.
De los nombres que pueblan la deshonra
En los últimos soles, la polvareda ha dejado ver rostros que antes se tenían por principales en la corte de Ferraz. Sabed que la lista de los señalados crece como la espuma en el mar, y estos son los que hoy están en boca de todos los villanos y letrados:
Francisco Salazar: Cuentan que este caballero, que fue influyente asesor en la alcoba de la Moncloa, ha sido blanco de denuncias por comportamientos que no caben en pecho noble, relatándose escenas de gran desvergüenza que han obligado al propio Pedro Sánchez a admitir errores en su gestión, cual hidalgo que reconoce haber perdido el rumbo en mitad de la Mancha.
Javier Izquierdo: De este senador y secretario de Estudios se dice que ha colgado el hábito de la política de forma súbita, tras aparecer nuevas sombras sobre su conducta. Su dimisión ha sido como un rayo en cielo raso, dejando a los suyos en gran desconcierto.
Antonio Navarro: En las tierras del sur, en Torremolinos, este líder ha sido suspendido de su orden tras la denuncia de una militante que, con gran valentía, mostró mensajes que más parecían de un pícaro de baja estofa que de un representante del pueblo.
José Tomé: Desde las tierras gallegas de Lugo, el presidente de la Diputación se ve envuelto en un torbellino de acusaciones de tocamientos y favores deshonestos, aunque él clame a los cuatro vientos que todo es "fuego amigo" y malicia de sus contrarios.
La discordia entre las damas y los caballeros
No puedo dejar de mencionar que, en este entuerto, damas de alta alcurnia como Adriana Lastra han alzado su voz, pidiendo que se lleven estos agravios ante los jueces del Reino, pues afirma que el machismo ha anidado en los pasillos donde se reparte el poder. Mientras, la Gran Canciller María Jesús Montero se ve en el difícil trance de defender la muralla de un partido que se agrieta por los cimientos de su propia moralidad.
"Acuérdate, amigo Sancho, que la honra de las mujeres no se guarda en los discursos, sino en el respeto de quienes las rodean, y que no hay peor ciego que el que no quiere ver el mal que hace su propio escudero."
Es un tiempo de purga y de grandes lamentos, donde el PSOE se ve obligado a desenvainar la espada contra sus propios capitanes para no perder el favor de la gente.
La moraleja de esta triste historia
Es de caballeros reconocer que no basta con llevar la palabra "igualdad" en la punta de la lengua si el corazón no la dicta y las manos no la ejecutan. El partido que se dice protector de los desvalidos se halla hoy en la encrucijada de limpiar su propia casa o quedar sepultado bajo el polvo de su propia hipocresía.
No hay bálsamo de Fierabrás que cure la desvergüenza, ni yelmo de Mambrino que proteja de la pública censura cuando la conducta es errada. Queda por ver si la justicia de los hombres, y la de las urnas, pondrá a cada cual en su sitio, pues como bien decía el ingenioso hidalgo, "la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua".
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