
Hace unos días, consultando unas páginas sobre educación en internet, me encontré por casualidad con un escrito titulado Carta de Albert Camus a su maestro (tras haber ganado el Premio Nobel de Literatura en 1953). Picado por la curiosidad lo leí de inmediato y me agradó sobre manera. Este escrito ha sido elaborado por el profesor de enseñanza Secundaria Tomás Gómez Martínez y habla sobre la labor del docente en la sociedad actual y las dificultades que se encuentra en el día a día. Sólo puedo decir que suscribo todas y cada una de sus palabras.
Desde aquí, y no sólo como profesor, sino también como ciudadano de a pie rindo mi incondicional apoyo y difundo su contenido para que todo el mundo sea consciente de la situación y se dé cuenta de que una buena educación es la base esencial de cada persona y de la sociedad.
Carta de Albert Camus a su maestro (tras haber ganado el Premio Nobel de Literatura en 1953).
Querido Monsieur Germain:
He dejado que se apague un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de decirle unas palabras con todo mi corazón.Acaban de hacerme un gran honor que yo no he buscado ni solicitado. Cuando me enteré de la noticia mi primer pensamiento, después de mi madre, fue para usted. Sin usted, sin esa mano afectuosa que usted tendió al pequeño niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido. Yo no le doy mucha importancia a este tipo de honores, pero al menos ésta es una ocasión para decirle lo que usted ha sido y es siempre para mí y para asegurarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted pone están siempre vivos en uno de sus pequeños escolares que, a pesar de la edad, no ha dejado de ser su alumno agradecido."
La sociedad actual exige a sus docentes una tarea cada vez más ingente:
Educar para desenvolverse en una sociedad competitiva cada vez más abierta, e interrelacionada, más plural, individualista y compleja.
Impartir los conocimientos de su materia (y de otras, en muchos casos) (y en muchos casos en otro idioma), en un clima de convivencia cada vez más viciado, donde ha de ejercer no solo de profesor sino también de psicólogo, asistente social, mediador de conflictos, animador.
Educar para la paz, la solidaridad, la igualdad de género, la salud, el consumo, la educación medioambiental, vial, sexual, para la ciudadanía, llegar donde los propios padres no pueden o saben llegar, anular los efectos de la tele-basura.
Formarse en nuevas tecnologías, salud laboral, aprender idiomas.
Leer mil y una normativas y rellenar mil y un documentos, que burocratizan en exceso un trabajo, en el que se está perdiendo lo esencial, poder impartir clase.
El nivel de exigencia hacia los docentes aumenta, pero el fracaso escolar no decrece, y la problemática crece cada día en nuestros centros educativos.
No corren buenos tiempos para esta profesión, y muchos docentes se sienten impotentes, incapaces de corregir situaciones que se escapan de sus manos y para las que les faltan los medios y apoyos suficientes. Por desgracia, el número de profesores con elevados niveles de frustración, ansiedad y estrés, agotados psicológicamente y quemados va en aumento. La desmotivación y resignación acampan a sus anchas, y las bajas laborales van en aumento entre un colectivo, sobre todo el de Secundaria que se ha visto en los últimos años ninguneado, sobrepasado por situaciones que exceden de su competencia y hasta maltratado.
Urge lograr un compromiso social de respeto y apoyo hacia la figura del docente, hacia una profesión y un trabajo del que depende el futuro de nuestra sociedad. Toda la colaboración, apoyo, compromiso y motivación que reciban los docentes de la sociedad en la que desarrollan su labor, revertirán con creces en la misma sociedad.
Los docentes nos dedicamos cada día a nuestra labor, aún lamentando la pérdida de consideración social y la devaluación de la imagen de una profesión que no es, sino entrega a los demás, espíritu de servicio y desarrollo de una vocación que se ejerce hoy en día sin toda la colaboración y respaldo que serían necesarios.
Tomás Gómez Martínez
Profesor de enseñanza Secundaria.
Desde aquí, y no sólo como profesor, sino también como ciudadano de a pie rindo mi incondicional apoyo y difundo su contenido para que todo el mundo sea consciente de la situación y se dé cuenta de que una buena educación es la base esencial de cada persona y de la sociedad.
Carta de Albert Camus a su maestro (tras haber ganado el Premio Nobel de Literatura en 1953).
Querido Monsieur Germain:
He dejado que se apague un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de decirle unas palabras con todo mi corazón.Acaban de hacerme un gran honor que yo no he buscado ni solicitado. Cuando me enteré de la noticia mi primer pensamiento, después de mi madre, fue para usted. Sin usted, sin esa mano afectuosa que usted tendió al pequeño niño pobre que yo era, sin sus enseñanzas y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido. Yo no le doy mucha importancia a este tipo de honores, pero al menos ésta es una ocasión para decirle lo que usted ha sido y es siempre para mí y para asegurarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted pone están siempre vivos en uno de sus pequeños escolares que, a pesar de la edad, no ha dejado de ser su alumno agradecido."
La sociedad actual exige a sus docentes una tarea cada vez más ingente:
Educar para desenvolverse en una sociedad competitiva cada vez más abierta, e interrelacionada, más plural, individualista y compleja.
Impartir los conocimientos de su materia (y de otras, en muchos casos) (y en muchos casos en otro idioma), en un clima de convivencia cada vez más viciado, donde ha de ejercer no solo de profesor sino también de psicólogo, asistente social, mediador de conflictos, animador.
Educar para la paz, la solidaridad, la igualdad de género, la salud, el consumo, la educación medioambiental, vial, sexual, para la ciudadanía, llegar donde los propios padres no pueden o saben llegar, anular los efectos de la tele-basura.
Formarse en nuevas tecnologías, salud laboral, aprender idiomas.
Leer mil y una normativas y rellenar mil y un documentos, que burocratizan en exceso un trabajo, en el que se está perdiendo lo esencial, poder impartir clase.
El nivel de exigencia hacia los docentes aumenta, pero el fracaso escolar no decrece, y la problemática crece cada día en nuestros centros educativos.
No corren buenos tiempos para esta profesión, y muchos docentes se sienten impotentes, incapaces de corregir situaciones que se escapan de sus manos y para las que les faltan los medios y apoyos suficientes. Por desgracia, el número de profesores con elevados niveles de frustración, ansiedad y estrés, agotados psicológicamente y quemados va en aumento. La desmotivación y resignación acampan a sus anchas, y las bajas laborales van en aumento entre un colectivo, sobre todo el de Secundaria que se ha visto en los últimos años ninguneado, sobrepasado por situaciones que exceden de su competencia y hasta maltratado.
Urge lograr un compromiso social de respeto y apoyo hacia la figura del docente, hacia una profesión y un trabajo del que depende el futuro de nuestra sociedad. Toda la colaboración, apoyo, compromiso y motivación que reciban los docentes de la sociedad en la que desarrollan su labor, revertirán con creces en la misma sociedad.
Los docentes nos dedicamos cada día a nuestra labor, aún lamentando la pérdida de consideración social y la devaluación de la imagen de una profesión que no es, sino entrega a los demás, espíritu de servicio y desarrollo de una vocación que se ejerce hoy en día sin toda la colaboración y respaldo que serían necesarios.
Tomás Gómez Martínez
Profesor de enseñanza Secundaria.
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