13 may 2009

Antonio Vega


La pantalla del ordenador mostraba la página de un diario digital y en ésta se veía una fotografía de Antonio Vega. Desde la distancia no podía leer el titular que había debajo en grandes letras azules, pero de inmediato supe que Antonio había muerto. No sé por qué, pero lo supe. Me acerqué rápido y mis temores se confirmaron.

Supongo que mi admiración por este tipo tan genial ha hecho y sigue haciendo que me pare muchas veces a pensar en él. Desde hace tiempo sé de su trayectoria vital y hasta podría decir que no me sorprende el hecho de su muerte en si. Todos sabemos de su prolongada adicción y de sus grandes ganas de dejarla atrás, "sin mirar atrás", como dice una de sus canciones. Y lo dejó. Le costó mucho, pero creo recordar que en uno de los reportajes que le hicieron hace años, hablaba sobre el proceso y su dominio final. Supongo también, que más de una vez pensé que iba a morir pronto. Y es que hay personas que se embarcan en un proceso de autodestrucción, no por lo que viven, sino por lo que sienten. La causa de su muerte no ha sido la adicción, sin embargo, eso es lo de menos. El caso es que ya no está. Y con él se va un poquito de nuestra propia vida.

Casi todo el mundo habla de Antonio como un ser frágil, melancólico, triste y solitario. Es posible que algo de eso sea verdad. Cuando estaba en un escenario raras veces miraba al público, casi siempre solía esconder su mirada en su guitarra a la que siempre se aferraba como si fuera su particular bote salvavidas. Creo que se le veía así, con una gran timidez, pero en realidad, lo que había y sigue habiendo en el fondo de su alma es una extrema sensibilidad. Al contrario que la mayoría de los músicos y cantantes de ego desmesurado, este magnífico compositor poseía un interior infinito y rico. Lo demás le importaba poco.

Alguien capaz de percibir el amor, la pasión y la vida de esa manera no puede desdoblar el dolor que conlleva todo lo que gira alrededor de estos elementos.

Mi recuerdo viaja de vez en cuando al momento en el que vi por primera vez la hermosa y dura película Amores perros de Alejandro González Iñarritu. En el instante en que se describen los mayores grados de amor y dolor entra la canción Lucha de gigantes. No sabía que ésta canción estaba en la banda sonora, así que cuando la escuché junto a esas imágenes me quedé literalmente pegado al asiento y con los pelos de punta.

Hoy mismo me conmovió y pensé largo rato en cómo ésta vida es un gran misterio cuando escuchaba la bonita y emotiva despedida de un programa de radio.En ella su voz y sus notas de guitarra le ponen música a uno de los más bellos poemas de amor de Antonio Gala, A trabajos forzados.

A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

No concibe mi alma mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia.

Porque en este proceso a largo plazo,
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.

Es posible que la mejor definición de su existencia esté en su canción A medio camino en esos versos que dicen “mi vida es esa canción amiga de la luna, escrita en el corazón para ahuyentar la noche oscura”.

Y como señala Nacho Cano, “fue la estrella más humilde, sin embargo su brillo es extraordinario. Eso junto a su mirada, su media sonrisa y sus canciones se quedan con nosotros”.


"Para morir viví, muero por estar vivo".

1 comentario:

  1. Aciaga noticia de la que aún no me he recuperado, ni seguramente lo haré mientras me siga diciendo algo la música y la poesía. ¿Recuerdas ese correo que te escribí después de uno de sus conciertos? Su voz en directo es una experiencia indescriptible, pero además era un gran guitarrista, algo que casi nunca se destaca; aprendiz de Muddy Waters como le gustaba decir. Se me fue, se nos fue, se fue, ese chico triste y solitario, de poesía sencilla y penetrante, con alma de físico y cuerpo de papel. Caronte aguarda, querido Antonio. Sit tibi terra levis, y como dijo Max Estrella: "Buenas noches", acaso hasta luego.
    Nietzsche.

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