Por Miguel de Cervantes Saavedra, Cronista de Noticia y Desengaños
¡Válame Dios, y qué de desventuras y fazañas ha visto aqueste año de gracia de dos mil y veinte y cinco! Poned mientes, lector carísimo, que lo que aquí se relata no es fruto de encantamentos ni de libros de caballerías, sino la cruda verdad de una España y un mundo que parecen haber perdido el juicio, más que aquel hidalgo manchego de cuyo nombre no quiero acordarme.
Aqueste es el sumario de los doce meses que han pasado, escrito con la pluma de la verdad y el tintero de la melancolía.
Enero: El Gigante de las Rutilantes Guedejas
Comenzó el año con el estruendo de los tambores en las lejanas tierras de la Nueva España —que ahora llaman Estados Unidos—, donde don Donald Trump, caballero de rubio flequillo y lengua de fuego, ciñóse de nuevo la corona de presidente. Apenas hubo tomado el mando, dio en perseguir a los desvalidos inmigrantes como si fueran gigantes de brazos infinitos, olvidando que la caridad es la primera virtud del cristiano. En aqueste mes, su amistad con el señor Musk, artífice de carros que andan sin caballos y pájaros de hierro que surcan el éter, era tan estrecha que parecían don Quijote y Sancho, si bien ambos con la bolsa más llena y el juicio más escaso.
Febrero: La Tragedia de Levante y las Sombras del Engaño
En las tierras del Levante español, todavía olían las ropas al barro de la DANA. Fue en este mes cuando se hicieron más sonoras las quejas contra el señor Mazón y el hidalgo Feijóo. ¡Qué de mentiras y de bulos se vertieron para tapar la desidia! Mientras el cielo descargaba su furia —fruto de ese cambio climático que muchos necios aún niegan, diciendo que son cosas de encantamentos y no de la propia naturaleza maltratada—, los gobernantes andaban perdidos en banquetes y despachos, dejando al pueblo a merced de las aguas.
Marzo: Las Memoria del Rey y las Penas de Gaza
Llegó la noticia de que el Rey Juan Carlos, en su retiro de las tierras del sol abrasador, daba a la imprenta sus memorias. ¡Válame, qué de secretos guardarán esas páginas! Pero mientras en palacio se escribía, en la tierra de Gaza el genocidio no daba tregua. Una carnicería que hiela la sangre y que el mundo contempla con la misma pasividad con la que se mira una comedia de Lope, sin entender que allí se muere de veras.
Abril: El Gran Apagón y la Muerte del Sabio
Aconteció en abril lo nunca visto: la Gran Tiniebla. Un apagón dejó a las Españas sin la luz de los cables, obligando a los hombres a mirarse a los ojos y a descubrir que, sin sus artilugios, no son nada. En medio de la oscuridad, nos dejó don Mario Vargas Llosa, escribidor de fuste, que se fue a buscar el Reino de los Cielos el día trece, dejando sus letras huérfanas.
Mayo: Humo Blanco y el Nuevo Pastor
Habemus Papam! Tras la partida del buen Francisco, los cardenales, entre inciensos y rezos, eligieron a un nuevo guía que tomó el nombre de León XIV. Un hombre de las Américas, el señor Prevost, llamado a pastorear a una Iglesia que zozobra entre la fe y los escándalos del mundo moderno.
Junio: Juicios, Corrupciones y Otros Maleantes
No hubo día en junio que no trajera noticia de tribunales. Que si el fiscal general a juicio, que si la corrupción en el PSOE manchaba las túnicas de los ministros, que si el novio de la señora Ayuso andaba envuelto en fraudes fiscales de infame memoria. Parecía la cueva de Montesinos, pero llena de contables y leguleyos. Incluso el viejo Montoro, otrora guardián de la bolsa real, se vio imputado por sus antiguas artes.
Julio: El Fuego en la Sangre y el Calor en la Tierra
Ardió España por los cuatro costados. Los incendios, espoleados por el calor de un sol que parece castigarnos, devoraron bosques y aldeas. Y mientras los montes ardían, en Andalucía los cribados médicos traían nuevas de salud y desasosiego, mientras la ultraderecha seguía sembrando el odio en los corazones, como quien siembra cizaña en campo de trigo.
Agosto: La Desdicha de los Cómicos y los Cantores
Mes de luto fue agosto para las artes. Se nos fue la joven Verónica Echegui, cuya belleza y talento se apagaron antes de tiempo. También lloramos al gran Pepe Mujica, el sabio de la humildad, que murió como vivió: sin más riqueza que su palabra. Y para remate de males, el señor Sabina, el de la voz de lija y bombín, anunció que ya no subiría más a las tablas, dejando los escenarios más vacíos que una venta de la Mancha en invierno.
Septiembre: El Robo del Siglo y el Adiós al Galán
En la ciudad de París, unos pícaros de gran ingenio entraron en el Louvre y se llevaron joyas de la corona, burlando a guardias y cerrojos. Casi al mismo tiempo, el gran Robert Redford, aquel caballero de la pantalla que parecía no envejecer nunca, entregó su alma al Creador en sus tierras de Utah.
Octubre: La Voz de Rosalía y el Juicio de los Pujol
Trajo octubre el nuevo disco de la Rosalía, que canta con artes que parecen de brujería y que todo el mundo celebra. Pero no todo fue música; en los tribunales empezó al fin el juicio a la familia Pujol, aquellos que gobernaron Cataluña como si fuera su propio cortijo, y que ahora rinden cuentas por sus sacos de monedas escondidos.
Noviembre: Cincuenta Años sin el Dictador y la Dimisión de Mazón
Cumpliéronse cincuenta años de cuando el dictador Franco bajó a la tumba, y España recordó aquel tiempo de sombras. Fue también el mes en que el señor Mazón, abrumado por el peso de sus culpas y las mentiras de la DANA, hubo de dimitir al fin, dejando su cargo ante el clamor del pueblo que no perdona el olvido.
Diciembre: El Rock se Viste de Luto
Y para cerrar este año de desdichas, el diez de diciembre se nos fue Robe Iniesta, el poeta de Plasencia, aquel que puso versos de oro a la rabia del rock. Murió el hombre, pero queda su música, que seguirá sonando en las tabernas y en los corazones de los que todavía creen en la libertad.
Termina este año dos mil y veinticinco con la vivienda y los alquileres por las nubes, haciendo que los jóvenes no tengan donde reclinar la cabeza, y con la guerra de Ucrania todavía sangrando en el costado de Europa. ¡Oh, mundo, mundo, que cuanto más progresas, más parece que retrocedes!
Vale
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