20 jul 2009

Burros por el mundo

Seguro que se acuerdan de mi amigo el burro Bruno. Se lo presenté allá por el mes de junio en una entrega llamada Festival del humor cuando les hablé de lo graciosos que son los políticos de este nuestro país y de lo bien que nos lo pasamos con ellos. Bueno, pues la semana pasada Bruno y yo nos fuimos a cenar fuera. Lo hacemos de vez en cuando y así aprovechamos para charlar con tranquilidad de lo divino y de lo humano.

Mientras cenábamos se veía a unos metros una de esas televisiones modernas, alargadas y planas que parece que se sujetan solas en la pared. Como ocurre en muchos sitios públicos el aparato estaba sin voz, para que dé ambiente más que nada, pero es fácil saber de que pueden estar hablando pues siempre aparecen rótulos.

Cuando estábamos en los postres sale en pantalla uno de esos programas que se han hecho tan famosos y que son todos iguales, de madrileños, castellano-manchegos, navarros o españoles por el mundo. Lo desconozco, pero seguro que también hay andaluces, asturianos, catalanes, murcianos o ve tú a saber de dónde. Y en esas estábamos, cucharilla pequeña en mano removiendo el café cuando el burro Bruno se me queda mirando un tanto serio y reflexivo y me dice: “Colega, la televisión en España está para tirarla a la basura”. No me quedó más remedio que asentir. En mi vida he estado más de acuerdo con algo.

A partir de ahí estuvimos un buen rato hablando de este elemento tan bueno, que puede servir para tanto y como sin embargo, la mayoría de las veces te dan ganas de tirar por la ventana.

Dejando a un lado los programas de corazón y toda esa basura,-ya lo estoy pensando y me empiezan a salir espumarajos por la boca-, a raíz de la conversación con Bruno quería hablarles de la falta de ideas, de la repetición de programas, de lo mal que se hace televisión en este país y, en general, de la poca calidad que tiene.

No es que yo vea mucho la televisión, algún informativo, alguna serie y algo de deporte. Pero claro te la meten en la publicidad en cualquier momento y te acabas enterando de todo.

Creo que fue Telemadrid la que dio comienzo a Madrileños por el mundo. Bueno, pues ya he visto en Japón, en Islandia y en Estados Unidos a las mismas personas en varios programas diferentes. Al menos podrían cambiar de países. Hace unos años también se puso de moda el que un reportero vaya con su camarita retratando vidas de gente de la calle. Pues ya todos los canales tienen uno.

Pero mi favorito es, sin duda, el que se puede ver todas las tardes en cualquier canal que pongas: España, Madrid, Andalucía o Villaconejos de Arriba Directo. Claro, al ser en directo sacan la realidad más inmediata. Así que nada, les apuesto una cervecita con limón a que ahora mismo hay una señorita con un micro en una mano y con un termómetro en la otra en una playa rodeada de bañistas y diciendo que lo mejor para combatir las altas temperaturas es bañarse en el mar. A ver si se enteran señores de la tele, estamos en verano, normalmente hace calor y la gente ya se cansa de ver a la intrépida reportera en la playa.

Cuando era un burro jovencito me encantaba El coche fantástico. Era una serie curiosa en aquella época que veía hasta la gente adulta. Tenía su romanticismo. Fíjense si no tienen ideas originales que ahora emiten una versión moderna y actual. El otro día me puse cinco minutos a verla, por curiosidad. No llegué al minuto tres. Cuando vi al coche hablar con la voz en español de Russell Crowe pensé que sólo faltaba que saliera Gladiator vestido de romano del coche y dijera aquello de: "Me llamo Máximo Décimo Meridio… y alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra".

Les podía contar mil ejemplos, pero no es cuestión de aburrir al personal. Así que nada, como hoy estoy de un imaginativo tremendo voy a llamar a mi colega Bruno y le voy a proponer un nuevo programa original, innovador y que nunca se ha hecho antes. Lo llamaremos Burros por el mundo.

Rucio

17 jul 2009

Joaquín Sorolla y Bastida



Hace unas semanas disfruté como un gorrino en un charco. Créanme si les digo que cada vez que rememoro las imágenes que me quedaron grabadas en la retina siento una agradable sensación durante un buen rato.

Estuve en Madrid con unos amiguetes en una visita a los museos del Prado y Reina Sofía. Ya saben ustedes que mi prejubilación me deja bastante tiempo libre para dedicarme a labores intelectuales, y si, ya sé que están un tanto extrañados, pero a los burros también nos gusta el noble arte de la pintura. Han de saber que somos muy pacientes y siempre estamos observando los paisajes por los que nos movemos, así que de esto entendemos un rato largo.

El objeto de la visita al Museo del Prado era poder contemplar en vivo y en directo la mejor y más hermosa obra reunida jamás, -eso creo-, del gran pintor Joaquín Sorolla. Si, si, 102 obras juntas, una tras otra, más los enormes murales sobre España que realizó para la Hispanic Society de New York. Olé como va mi inglés. Para algo ha de servirme lo que me enseñan mis colegas los burros americanos.

Sólamente había visto alguna reproducción en libros, pero nunca antes había tenido la oportunidad de ver un lienzo del genial pintor valenciano, y chico, me quedé impresionado. Según avanzaba viendo pacientemente sus cuadros, alucinaba. En ellos se pueden ver con total claridad las luces, las sombras, las transparencias. Se puede observar perfectamente el viento, el movimiento y la tonalidad de una mañana luminosa o de un atardecer sembrado de nubes.

Entre su obra destaca el luminismo del Mediterráneo con numerosas escenas cotidianas en la playa donde se ven personas trabajando con los bueyes para meter y sacar las barcas, chicos jóvenes bañándose, o su familia paseando por citar unos cuantos. El agua, los reflejos del sol y las diferentes tonalidades (entre las que destacan los blancos) son una maravilla.

Fue, sin duda, gran admirador de la obra de Velázquez y de los grandes autores del Prado donde se pasaba largos días observando las obras maestras. De ahí parte mucha de su fase más realista e incluso naturalista con obras de temática más social.

Finalmente sus trazos acabarán siendo cada vez más impresionistas culminando su vida con los grandes murales sobre España. Cuando llegué a la zona dedicada a estos grandes paneles viví un momento de absoluto delirio. Los quería ver todos una y otra vez. Fascinado como estaba, sentí como una especie de síndrome de Stendhal arrebatado por la sobredosis de belleza.

En fin, que podría pasarme horas hablando de Sorolla. Su obra ingente de más de 2200 cuadros da para mucho. No me quiero ni imaginar la de veces que se retiraría para observar los trazos desde la lejanía y de esa manera poder observar el lienzo como una auténtica fotografía.

Creo que la muestra estará en el museo hasta septiembre, así que si tienen ocasión pásense y disfruten de las magníficas obras salidas del pincel del genial Joaquín Sorolla y Bastida.

Y una última e importante cosa, no dejen de percibir el extraordinario amor que sentía por su mujer, Clotilde García, y por toda su familia a los que retrató en numerosas ocasiones.

Rucio

11 jul 2009

Los encierros y la estupidez humana


Como les comentaba en la última entrega, cada vez que puedo veo el encierro de Pamplona antes de salir a pasear y a pastar tranquilamente por mi prado. Esta mañana también lo he visto, pero déjenme confesar que cada año me gustan menos. No por los toros, que como saben, admiro mucho, sino por la cantidad de estúpidos –cada día más-, que allí se ven. Y es que cuando las cosas empiezan a degenerar, considero que es mejor disfrutar de lo que ha ido bien, y no cabrearse por lo que no tiene solución y encima nos empeñamos en arruinar por completo.

Según oigo con mis formidables y hermosas orejas, es tal la cantidad de gente, que se hace imposible correr con un poquito de seguridad. Si todavía fueran expertos corredores y buenos atletas, pase, pero es que la gran mayoría no sabe correr, va de rioja hasta las trancas, no ha dormido en toda la noche, y lo que es peor, no ha visto un toro ni en fotografía. Se creen que el encierro es una juerga más y eso de ponerse delante de los toros, es divertido que no veas.

Creo que la gente no es para nada consciente, ni se le pasa por la cabeza el peligro, -peligro real-, que puede tener un bicho de 600 kilos con unos cuernos como machetes. Luego claro, cuando hay una cogida grave, o la desgracia de una muerte, como ocurrió ayer, todo el mundo se echa las manos a la cabeza y se pregunta cómo suceden estas cosas. El chico que murió sabía correr, tuvo mala suerte, y es una verdadera pena, pero hay muchos que no saben y lo que deberían hacer es ver los toros desde la barrera, que también es muy emocionante.

A ver, lo raro, lo sorprendente, es que no pase algo grave todos los días viendo la cantidad de barbaridades que hace toda esa pandilla de mentecatos. Hay corredores muy expertos, verdaderos atletas que se preparan para ello y a los que admiro. Más de una vez se han visto en aprietos y más de uno ha sufrido cogidas. Si a ellos les pasa, imagínense lo que les puede suceder al resto de tocapelotas que pasan por allí.

Les cuento a modo de ejemplo unas cuantas perlas. En el encierro de hoy, un toro se queda atrás, a unos metros de sus hermanos. Va con paso más tranquilo pero sin buscar a los mozos. Pasa a un metro escaso de un corredor con pinta de guiri –creo que irlandés, por lo que comentaron después-, al que ni siquiera mira, pero éste, no contento con ver al toro tan de cerca y que no le haya hecho nada, quiere ponerle las manos en el morro. Y claro, pasa lo que pasa. El toro es más bueno que el pan, pero es bravo, así que le arreó una tarascada que le puso mirando a Dublín. El irlandés salió volando por los aires y suerte tuvo que ahora no tiene un agujero de quince centímetros. Eso si, al hospital habrá tenido que ir con algún traumatismo.

Ayer, uno de los heridos era un señor americano de 60 años. Casi seguro que es buen admirador de Hemingway, e influido por él, se mete al vallado en busca de adrenalina y aventura. El gran escritor era un tipo inteligente y veía el encierro desde el balcón del hotel. Sin embargo este señor, allá va, con un par. Con 60 años no dudo que esté en buena forma, pero o eres Usain Bolt o no tienes nada que hacer.

Luego están los que van corriendo y no saben ni por donde les viene el toro. Sólo miran atrás cuando el animal les resopla directamente en la oreja y, claro, el susto es tremebundo. Y si se queda en susto, no está mal, porque lo normal es que el toro le pegue un buen viaje en plena carrera o se le cargue en los lomos en medio segundo.

Después del encierro, en la plaza sueltan varias vaquillas para los mozos aún sedientos de carnaza. Ahí he visto como un tiparraco le daba patadas a la vaca por detrás, como muchos intentan sujetarla por la cabeza y como un muchacho caía inconsciente por el topetazo de la vaquilla con su cuerno embolado.

Pero el colmo de todos los colmos es la anécdota que ha comentado el buen periodista y experto corredor en sus años jóvenes, Javier Solano. Según cuenta, hablando con un chico americano, esté le dijo, atención, abran bien las orejas: “Cómo podéis tener miedo de un animal que es herbívoro”.

Sin comentarios. Ya lo decía sabiamente Einstein, "dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo".

Rucio

7 jul 2009

7 de julio...San fermín


Pues sí, hoy es 7 de julio y por tanto, según dice el calendario y bien se encargan de celebrar en Pamplona, San Fermín.

Siempre que puedo y no tengo que trabajar o no estoy viajando por esos mundos de Dios, me gusta ver los encierros en Pamplona por televisión, pues aunque he estado bastantes veces en esa ciudad, no he asistido en directo a ningún encierro. Hace años, si tenía la suerte de estar de vacaciones, me levantaba, encendía la tele y desayunaba viendo las emocionantes carreras. Y ahora que estoy prejubilado, ni les cuento, con todo el día por delante, me encanta ver como los humanos se creen la caña de España por correr delante de los astados, que lo que menos piensan es en empitonar a nadie en esas condiciones. En un momento les cuento con detalle.

El caso es, se preguntarán, cómo es posible que a los burros nos gusten esas cosas, así que se lo voy a explicar. No me negarán que los burros somos guapos, pero guapos guapos un rato largo, pero si hay un animal admirable por su belleza y su casta, ese es el toro.

A lo largo de mi vida he charlado muchas veces con ellos. Cuando pastábamos en nuestros correspondientes prados, -a veces sólo nos separaba una valla-, nos contábamos nuestras cosas. Yo les preguntaba mucho por su vida y por todo eso de la plaza, y como no, cada vez que llegaba julio, comentábamos, junto con el resto de la fauna que por allí andaba, el encierro del día. Por todo ello, me encantan las andanzas de los animales que conozco bien.

Centrándonos en el tema de los encierros, casi me gustan más por los toros que por los corredores. No voy a negar que hay corredores que realizan unas carreras portentosas y se te ponen los pelos de punta cuando lo hacen bien, pero la mayoría son unos mindundis, que como decía antes, se creen mucho por estar cerca de los bichos, y en realidad son unos tocapelotas, sobre todo aquellos que le ponen la manita en el lomo.

Han de saber, que lo menos peligroso, -a no ser que uno de los colegas con cuernos se quede solo-,son los propios toros. Los más peligrosos son los humanos que se pegan, se empujan, se tropiezan, y claro, el suelo está tan duro, que es allí donde se rompen la cabeza normalmente.

Un toro en esas condiciones se ve rodeado. Lo único que quiere es llegar a un terreno que conoce como es el suelo de la plaza o los corrales, y por lo tanto, lo más normal es que no ataque. Si se han fijado, cuando atacan es cuando se quedan solos y no ven a sus hermanos. En ese momento se ve rodeado de gente, que para él son estímulos a los que ataca para defenderse.

Por otro lado, cuando los toros van en plena carrera y sienten el contacto de sus compañeros, aunque estén rodeados de gente, casi nunca atacan. Parece mentira que así suceda teniendo en cuenta que hay zumbados, tan locos, que literalmente se echan encima de sus cuernos y sin embargo, ellos tiran para adelante a toda velocidad con gran nobleza. Ni siquiera mueven la cabeza, aun cuando la gente está a un palmo, pues sienten miedo de algo tan extraño y lo que quieren es acabar cuanto antes.

Les sugiero que si ven los encierros disfruten de los buenos corredores, los que se ponen delante del toro y realizan una carrera limpia y buena, pero sobre todo, que disfruten de la casta, nobleza y belleza de unos bichos tan hermosos.

Rucio

1 jul 2009

500 euros



¡Si es que no puede ser! Hay cosas que escuchas antes de echarte la siestecita de después de comer y claro, de dejan tan flipado que ya no pegas ojo.

A ver como les explico lo que acabo de oír en la radio. Según está el patio con los dimes y diretes de la corrupción nacional de nuestros queridos políticos en temas de “mano que se escapa a la saca de todos”, va la señora de Jaume Matas, ex presidente de Baleares y, según dicen, se compra un coche de 24000 euros y lo paga al contado con billetes de 500. Así, ¡con un par!, como si lo más normal fuera ir todos los días con fajos y fajos de billetes de 500 euros. ¡Y qué casualidad!, es familia directa de un alto cargo político que normalmente maneja grandes cantidades de dinero público.

Es posible que sea un completo ignorante en cuestiones pecuniarias, -de hecho lo soy, pues con la prejubilación sólo gano en tiempo libre -, pero creo que por mucho dinero que se tenga en la cuenta corriente, lo más normal es pagar grandes cantidades con un cheque, una transferencia, una tarjeta de crédito de esas tan monas que te dan en el banco a cambio de una módica comisión, etc., etc. Vamos, que hay múltiples formas de pagar dinero muy cómodas sin tener que ir con un sobre lleno de papel para llamar la atención de personas que sacan la navaja a pasear.

Nunca he hecho la prueba, pero creo que tiene que ser un tanto difícil encontrar 40 billetes juntos de semejante cantidad. Si los llaman "los bin laden", por algo será, pero parece que ésta señora ya le ha encontrado. Yo sólo he visto un par de ellos en toda mi vida. El primero cuando empezaron a circular a cambio de la peseta. Estaba allí en el banco y le pedí al amable señor que me atendía que me lo dejara ver. Vio que no iba a echar a correr y me lo dejó tocar y todo. El segundo cuando un amiguete me lo pasó por el morro porque le habían pagado con uno.

Otra cosa que me choca es que nadie dijera nada de todo esto y que a la gente no le sorprenda que estos billetes corran más que el agua por el río. Supongo que será aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”, no siendo que con los tiempos de crisis no vea el dinero ni en fotografía.

Ahora, comparen esta situación con la que viví en carne mortal cuando, hace un tiempo, fui a la tienda correspondiente a comprar mi ración de cereales. Aunque suelo manejar cantidades pequeñas de metálico, sólo tenía un billete de 100 euros. A la hora de pagar, el señor tendero cogió el billete, lo pasó por la luz violeta, lo pintarrajeó con fluorescente especial y lo puso al trasluz mientras lo frotaba bien con las yemas de los dedos. Todo un profesional, pensé, si señor, a éste no se le escapa un billete falso en la vida. Si alguna vez entra en su tienda la señora de Matas y saca uno de 500, le hace hasta un análisis de sangre.

Rucio