
Pues sí, hoy es 7 de julio y por tanto, según dice el calendario y bien se encargan de celebrar en Pamplona, San Fermín.
Siempre que puedo y no tengo que trabajar o no estoy viajando por esos mundos de Dios, me gusta ver los encierros en Pamplona por televisión, pues aunque he estado bastantes veces en esa ciudad, no he asistido en directo a ningún encierro. Hace años, si tenía la suerte de estar de vacaciones, me levantaba, encendía la tele y desayunaba viendo las emocionantes carreras. Y ahora que estoy prejubilado, ni les cuento, con todo el día por delante, me encanta ver como los humanos se creen la caña de España por correr delante de los astados, que lo que menos piensan es en empitonar a nadie en esas condiciones. En un momento les cuento con detalle.
El caso es, se preguntarán, cómo es posible que a los burros nos gusten esas cosas, así que se lo voy a explicar. No me negarán que los burros somos guapos, pero guapos guapos un rato largo, pero si hay un animal admirable por su belleza y su casta, ese es el toro.
A lo largo de mi vida he charlado muchas veces con ellos. Cuando pastábamos en nuestros correspondientes prados, -a veces sólo nos separaba una valla-, nos contábamos nuestras cosas. Yo les preguntaba mucho por su vida y por todo eso de la plaza, y como no, cada vez que llegaba julio, comentábamos, junto con el resto de la fauna que por allí andaba, el encierro del día. Por todo ello, me encantan las andanzas de los animales que conozco bien.
Centrándonos en el tema de los encierros, casi me gustan más por los toros que por los corredores. No voy a negar que hay corredores que realizan unas carreras portentosas y se te ponen los pelos de punta cuando lo hacen bien, pero la mayoría son unos mindundis, que como decía antes, se creen mucho por estar cerca de los bichos, y en realidad son unos tocapelotas, sobre todo aquellos que le ponen la manita en el lomo.
Han de saber, que lo menos peligroso, -a no ser que uno de los colegas con cuernos se quede solo-,son los propios toros. Los más peligrosos son los humanos que se pegan, se empujan, se tropiezan, y claro, el suelo está tan duro, que es allí donde se rompen la cabeza normalmente.
Un toro en esas condiciones se ve rodeado. Lo único que quiere es llegar a un terreno que conoce como es el suelo de la plaza o los corrales, y por lo tanto, lo más normal es que no ataque. Si se han fijado, cuando atacan es cuando se quedan solos y no ven a sus hermanos. En ese momento se ve rodeado de gente, que para él son estímulos a los que ataca para defenderse.
Por otro lado, cuando los toros van en plena carrera y sienten el contacto de sus compañeros, aunque estén rodeados de gente, casi nunca atacan. Parece mentira que así suceda teniendo en cuenta que hay zumbados, tan locos, que literalmente se echan encima de sus cuernos y sin embargo, ellos tiran para adelante a toda velocidad con gran nobleza. Ni siquiera mueven la cabeza, aun cuando la gente está a un palmo, pues sienten miedo de algo tan extraño y lo que quieren es acabar cuanto antes.
Les sugiero que si ven los encierros disfruten de los buenos corredores, los que se ponen delante del toro y realizan una carrera limpia y buena, pero sobre todo, que disfruten de la casta, nobleza y belleza de unos bichos tan hermosos.
Rucio
Siempre que puedo y no tengo que trabajar o no estoy viajando por esos mundos de Dios, me gusta ver los encierros en Pamplona por televisión, pues aunque he estado bastantes veces en esa ciudad, no he asistido en directo a ningún encierro. Hace años, si tenía la suerte de estar de vacaciones, me levantaba, encendía la tele y desayunaba viendo las emocionantes carreras. Y ahora que estoy prejubilado, ni les cuento, con todo el día por delante, me encanta ver como los humanos se creen la caña de España por correr delante de los astados, que lo que menos piensan es en empitonar a nadie en esas condiciones. En un momento les cuento con detalle.
El caso es, se preguntarán, cómo es posible que a los burros nos gusten esas cosas, así que se lo voy a explicar. No me negarán que los burros somos guapos, pero guapos guapos un rato largo, pero si hay un animal admirable por su belleza y su casta, ese es el toro.
A lo largo de mi vida he charlado muchas veces con ellos. Cuando pastábamos en nuestros correspondientes prados, -a veces sólo nos separaba una valla-, nos contábamos nuestras cosas. Yo les preguntaba mucho por su vida y por todo eso de la plaza, y como no, cada vez que llegaba julio, comentábamos, junto con el resto de la fauna que por allí andaba, el encierro del día. Por todo ello, me encantan las andanzas de los animales que conozco bien.
Centrándonos en el tema de los encierros, casi me gustan más por los toros que por los corredores. No voy a negar que hay corredores que realizan unas carreras portentosas y se te ponen los pelos de punta cuando lo hacen bien, pero la mayoría son unos mindundis, que como decía antes, se creen mucho por estar cerca de los bichos, y en realidad son unos tocapelotas, sobre todo aquellos que le ponen la manita en el lomo.
Han de saber, que lo menos peligroso, -a no ser que uno de los colegas con cuernos se quede solo-,son los propios toros. Los más peligrosos son los humanos que se pegan, se empujan, se tropiezan, y claro, el suelo está tan duro, que es allí donde se rompen la cabeza normalmente.
Un toro en esas condiciones se ve rodeado. Lo único que quiere es llegar a un terreno que conoce como es el suelo de la plaza o los corrales, y por lo tanto, lo más normal es que no ataque. Si se han fijado, cuando atacan es cuando se quedan solos y no ven a sus hermanos. En ese momento se ve rodeado de gente, que para él son estímulos a los que ataca para defenderse.
Por otro lado, cuando los toros van en plena carrera y sienten el contacto de sus compañeros, aunque estén rodeados de gente, casi nunca atacan. Parece mentira que así suceda teniendo en cuenta que hay zumbados, tan locos, que literalmente se echan encima de sus cuernos y sin embargo, ellos tiran para adelante a toda velocidad con gran nobleza. Ni siquiera mueven la cabeza, aun cuando la gente está a un palmo, pues sienten miedo de algo tan extraño y lo que quieren es acabar cuanto antes.
Les sugiero que si ven los encierros disfruten de los buenos corredores, los que se ponen delante del toro y realizan una carrera limpia y buena, pero sobre todo, que disfruten de la casta, nobleza y belleza de unos bichos tan hermosos.
Rucio

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