29 dic 2010

Poco más que un café




Si amigos, si, esta tarde he probado a vivir como en la Edad Media y no me ha ido nada mal. Total, si Cervantes fue capaz de escribir El Quijote a la luz de unas velas o Cristóbal Colón llegó hasta la otra punta del mundo sin GPS yo voy a conseguir, como sea, vivir sin encender una mísera bombilla. Lo digo más que nada, porque con mi exigua pensión de prejubilado no me va a dar ni para comprar mi racioncita de pienso diario. Como todos ustedes saben la electricidad va a subir a partir del 2011 a las 0:00 un cojón de pato y parte del otro. Aunque según el ministro Sebastián eso va a suponer un 1,7 euros por persona y mes; poco más que un café.

O yo soy muy corto y muy simple (cosa no muy alejada de la realidad) o el ministro tiene menos idea de números que yo de astrofísica. Si para su jefe Zapatero un café costaba algo así como 0,80 céntimos, aquí para mi colega Sebastián cuesta más del doble. Me pregunto qué cafeterías frecuenta. Por otro lado, creo que la media la ha hecho incluyendo a todos los niños y jóvenes, que como bien sabemos reciben un generoso sueldo para aportar a la economía familiar. Eso sin contar a los parados de este país –unos cuantos nada más- que poseen unas cuentas corrientes rebosantes de dinero.

!Pero qué fácil es echar cuentas con el dinero de todos! Porque claro, con un poquitín de cada uno, que supone nada, un café, recogemos un pastizal. Este caso me recuerda mucho a Lola Flores, -que en gloria esté-, cuando decía que con una peseta de cada español a ella la sacaban del enorme aprieto. Tenía razón, una peseta para cualquiera es nada de nada, pero todo junto supone algo más de 40.000.000 millones. Tacita a tacita…

Pues bien, entre todas las brillantes ideas de nuestros gobernantes alguien ha tenido la misma idea que nuestra universal tonadillera con la diferencia de que vía ley, decreto o lo que sea, no nos quedan más pelotas que apoquinar los más de 6 euros por familia –que yo sepa mi sobrino de 4 años todavía no paga factura alguna- a las hidroeléctricas y al Estado. A todo esto hay que añadir la infame medida salida del Congreso de los Diputados de permitir a las eléctricas cobrar por estimación. Todavía estoy por ver que una factura cobrada por estimación sea igual o inferior a la del mes anterior. Si alguno de ustedes lo ha visto, muéstremelo, por favor. Será la mejor manera para que pueda salir de mi error y pueda ver esa luz que a este paso va a ser más cara que el azafrán.

Desgraciadamente, nos va a costar mucho ver la luz. Va a costar mucho salir de este túnel oscuro y largo en que estamos metidos y en el que nos han metido políticos, multinacionales y empresarios sin escrúpulos que sacrificaron la gallina de los huevos de oro por pura ambición y que ahora pagan todos menos, precisamente, ellos. Todos los ciudadanos normales sacrifican hasta lo que no tienen (bajadas de sueldos, subidas de impuestos, aumento de gastos y hasta años de bien merecida jubilación), mientras que la élite política y empresarial causante de toda esta crisis se va de rositas. Y si no, díganme que medidas se han impuesto los políticos y compañía con las que contribuir a salir del pozo. Ni siquiera son capaces de proponer soluciones buenas y efectivas y eso que son gratis y es su trabajo. ¡Qué vergüenza de gente!

Por lo que a mi respecta, voy a empezar en 2011 como si no se hubiera inventado la electricidad. Tengo un farol buenísimo, la chimenea me calienta y me cuece los alimentos, la televisión no me interesa y la radio me funciona con pilas. En cuanto al ordenador me vale con la placa solar que tengo en el tejado y el internet lo pillo gracias a la wifi de un vecino solidario. No necesito nada más. Y no vean lo bien que se está a la orilla de la chimenea, como cantaba Sabina, arropado con mi mantita de rayas y leyendo un buen libro a la luz del farol. ¡De coña marinera!

Rucio

4 nov 2010

Polémicas





Ya les aseguro de antemano que hoy no estoy muy políticamente correcto, así que si quieren dejar aquí la lectura de estas líneas pueden hacerlo perfectamente. Luego no me digan que no les avisé y empiecen a decir que vaya burro más imbécil, a ver qué se ha creído, qué radical y cosas por el estilo. Es posible que de las cuatro personas que me leen, dos me manden finalmente a Parla, pero que le vamos a hacer, más se perdió en Cuba. Y cuando digo cuatro es que son cuatro. Créanme que no es una forma de hablar, como dice Dragó, y del que luego despacharé con ganas.

Leyendo la prensa me encuentro con historias que me calientan las orejas de mala manera. Siempre me digo, Rucio tranquilo, que la gente en el fondo es buena, lo que pasa es que se aburre y por eso hace y dice tantas tonterías. Pero que quieren que les diga, en este país no tenemos remedio y hay unos cuantos a los que les gusta la polémica más que a un tonto un lápiz.

Hoy vamos con unas cuantas noticias que resultan polémicas tanto por lo que se dice como por lo que se hace. Es posible que yo me meta también en otra, pero vamos, no creo que llegue a ser tan sonada como el asunto de Pérez-Reverte y las lágrimas de Moratinos.

Todos ustedes recordarán a los tres cooperantes catalanes secuestrados en Mauritania cuando transitaban en una caravana solidaria. Pues resulta que hoy se ha filtrado a la prensa que Albert Vilaltaha solicitado al Ministerio del Interior ser reconocido como víctima del terrorismo y cobrar las indemnizaciones que fija la ley”. Nada objetable. Si se siente víctima y tiene secuelas, supongo que está en su derecho. Su acción solidaria es también digna de alabar. Su secuestro fue una pena y me alegro infinitamente de que le liberaran. Es más, contrariamente a lo que piensa mucha gente, estoy a favor de que el gobierno pagara el rescate, sea del signo que sea, PP, PSOE, Zapatero, Aznar, o El Chavo del ocho. Si para algo está el estado es para velar por la vida de los ciudadanos. Y, ojo al dato, se dice que rondó los 10 millones de euros. Como si son 20. Los diferentes políticos y gestores destinan cantidades inmensas para causas que claman al cielo. Ya no hablemos del dinero que tiran, malversan y roban. Así que cualquier cantidad por la vida de una persona me parece poco. Todos sabemos que ese dinero financia acciones terroristas y que no hay que ceder al chantaje. Pero reto a cualquiera a que se pegue un viaje por África y se vea en el pellejo. Le garantizo que pedirá que paguen hasta el último céntimo. En África no se andan con gilipolleces y matar a alguien es más sencillo que beberse un vaso de agua.

Yo que ya no me gusta tanto es que Albert Vilalta pida una indemnización equiparándose con el resto de víctimas que han sufrido terrorismo sin tener ninguna culpa. La situación es totalmente distinta y el contexto es muy diferente. Yo en su caso estaría dando infinitas gracias al Cielo por estar vivo. Sabía muy bien que se encontraba en territorio peligroso y nadie le obligó a ir allí. Lo que pasa es que vivimos en un tiempo en el que todo nos lo pintan tan bueno, tan seguro y tan maravilloso que cuando pasa algo enseguida pedimos cuentas al estado, al rey o al maestro armero.

Reflexionando un poco sobre esto me viene a la mente la magnífica película que está en cartel, Buried (Enterrado), y que vi hace unos días. En ella se cuenta la historia de un secuestro que transcurre entre las cuatro tablas de un ataúd. Pásense por el cine y sientan lo que puede llegar a ser un secuestro. Vivirán momentos de angustia y creo que llegarán a pensar que el mayor peligro está en los que se supone nos defienden y amparan. Eso sí, se quedarán literalmente pegados al asiento. Es impresionante lo bien narrada que está y lo que sorprende por su originalidad. Les hará sentir que lo más valioso es la vida y como se da todo por seguir viviendo. Lo que no sé es si a Albert el hecho de salvar su vida le parece poco.

El otro asunto polémico y absurdo es la ficción o realidad - o vete tú a saber- del affair de Sánchez Dragó con las menores japonesas. Ante la perplejidad que me ha provocado tal perla me he lanzado a leer lo que hay en internet. Hasta un encuentro digital me he metido “pal cuerpo”. Como dice el propio autor, no sé si hago bien en hablar sin leer el libro, pero qué quieren que les diga, no tengo ni tiempo ni ganas. Prefiero leer otras historias con más sentido. Dragó escribe una literatura demasiado profunda y metafísica para mi corto intelecto.

Personalmente me da igual lo que hiciera Dragó. Reprobable si es verdad, sólo él sabe si pasó, no pasó, se lo inventó, lo soñó o se fumó un porro y resulta que no eran japonesas, que en realidad eran extraterrestres. Primero dice que es verdad, luego que es ficción, una forma de hablar, aunque afirma que le atraen, más tarde jura por su honor que jamás ha mantenido relaciones con menores, que se lo ofrecieron muchas veces, pero no aceptó, que lo que sí es cierto es lo que pasó en Sigüenza y en Bangkok con una de sus siete mujeres…y así muchas cosas más. Casi hasta el infinito. Porque a Dragó palabras no le faltan. Absurdas, pero palabras y tontería tiene para aburrir. Y contradicciones ni digamos, una cada cinco minutos.

Finalmente dice que se siente “indignado, asqueado y también dolido”. Lo que no dice es que él, y sólo él, ha provocado toda esta gran tontería. Si es verdad, a la cárcel. Si es mentira y se lo inventa tiene menos luces que un mechero. Él mismo escribe: “he escrito 30 libros, he sido profesor en 13 universidades de siete países diferentes, he publicado más de 3.000 artículos, he dado 1.000 conferencias, no son cifras exageradas, he dirigido muchos cursos, he hecho muchos programas de televisión y de radio, he sido corresponsal en situaciones muy arriesgadas, llevo 34 años luchando desde la televisión para que la gente lea, tengo el premio Planeta, tengo el premio Fernando Lara, tengo el premio de Espiritualidad Martínez Roca, tengo el premio Ondas de radio, tengo dos premios nacionales, uno de Literatura y otro de Fomento de la Lectura, y en cuatro ocasiones diferentes, a lo largo de los últimos 30 años los gremios de editores me han dado sus respectivos premios por mi labor de difusión de la literatura. De modo que, lo dicho, amigos míos, me debéis todo eso”.

Es loable su labor a favor de la literatura, pero ¡oh, gran autonombrado genio de las letras!, de bien poco te ha servido.

Rucio


6 oct 2010

Los jubilados


Estoy un poco confundido como decía aquel cubano que se paseaba por las teles recaudando un poco de viruta con tal de no pegar ni un palo al agua. Resulta que vengo de vacaciones hace unos días – merecidas eh, que a pesar de estar prejubilado me he currado un buen año – y me encuentro con unas cuantas situaciones y noticias que me dejan una sensación, como les diría yo, de cabreo intenso, de esos que a uno le entran hasta que un colega te cuenta algo que le pasa a él y tú piensas que lo tuyo no es tan malo. No sé, será que no acabo de cogerle el tono a la actualidad circundante. En las últimas semanas me he dedicado a descansar por la naturaleza, así que ya se pueden imaginar que el reencuentro con la civilización hace que esté más perdido que un esquimal en el Sahara.

De vuelta a casa esperaba la salida del AVE en la estación de ferrocarril de una ciudad costera. Aún faltaba media hora larga para la partida del tren, así que me senté tranquilamente en un banco a leer. En el banco de al lado acertaron a sentarse un par de jubilados, que luego supe iban de vuelta a su pueblo, a tan solo media hora de allí. La cuestión fue que mientras esperaban se contaban las últimas novedades, que si mi hijo tiene más cara que espalda, que si mi nieto, el cacho perro, a sus 17 años ha dejado el instituto, que si a mi nuera la acaban de despedir de la empresa. En cuanto escuché la retranca de los abuelillos cerré el libro y tendí la oreja, que para eso las tengo grandes. “Y no sabes la última, - añadió el que más hablaba– el otro día me llegó una factura de teléfono de 482 euros. Si, si 482”, repetía mientras golpeaba fuerte con la garrota en el suelo tres veces, una por cada número.

Según le siguió explicando, en la factura aparecía que había realizado más de cuarenta llamadas al mismo número, y a la misma hora desde su teléfono móvil. Esta situación es totalmente imposible, sin embargo los ordenadores de la empresa de telefonía se equivocaban a favor de la firma – ¡qué casualidad! – y ya se lo habían cargado a su factura. Astuto el jubilado, se fue al banco y les dijo que no le quitaran dinero alguno para pagar a los sinvergüenzas, pues un rato antes la empresa le dijo que primero abonara, que en cuanto solucionaran el problema le devolverían el dinero. Qué quieren que les diga, no es la primera vez que oigo este tipo de hechos, pero todavía estoy por ver que algún día se equivoquen y cobren de menos a alguien. ¡Pero qué espabilaos!

“Pues ya nos podemos atar bien los machos – continuaba el otro – porque ya ves que octubre viene suave, subida de la luz, del butano y de lo que te rondaré morena”. Con cara de rabia contenida y mirando sin ver, el de los 482 euros seguía contándole a su amigo que les iba a ser imposible a él y a su mujer tirar para adelante teniendo que mantener a su hijo, a su nuera y al perro del nieto con una pensión de 690 euros. “En una de estas me tendré que presentar en el banco a punta de garrota y pegar un atraco”, comentaba en tono tremendamente amargo y sarcástico, cogiendo el bastón como si fuera una escopeta. Se abrieron las puertas del tren, nos levantamos de los bancos y cuando nos disponíamos a subir todavía escuché como su amigo le contestaba algo así como que no estaría mal pasarse, garrota en mano, por el Palacio de la Moncloa y por más de una sede de los partidos políticos.

Horas después, nada más llegar a mi prado abro el buzón de cartas y me encuentro publicidad, facturas, más publicidad y una postal de mi colega el burro Bruno de su viaje por la Francia de Napoleón, digo de Nicolás Sarkozy. Entre las facturas hay una de electricidad en la que la correspondiente hidroeléctrica me cobra más pasta que el mes anterior. De inmediato me pregunto cómo puede ser posible si he estado todo el mes de septiembre fuera de casa. Rápidamente, claro está, me acuerdo de los jubilados y tras una breve reflexión caigo en la cuenta de que ahora las empresas cobran la luz por estimación, sin que un trabajador se pase a ver el contador. Pero vamos a ver, ¡en qué cabeza cabe que te cobren algo que no gastas y encima por una ley salida del congreso de los diputados!

Ya resignado ante todo lo que nos quieran hacer empresarios sinvergüenzas y políticos sin escrúpulos, dejo mi maleta y me siento en el sofá a ver que dicen las noticias. En ese momento están informando de la jornada futbolera y, de repente, cortan la emisión para dar en directo una noticia de alcance nacional, importantísima. Intrigado ante tanta expectación por parte de los periodistas descubro, ¡oh gran exclusiva mundial!, que Tomás Gómez ha ganado las primarias por Madrid para las próximas elecciones autonómicas. Créanme, la rueda de prensa, todos los que salían allí y los periodistas del asunto trataban todo como si saliera elegido el presidente de la nación. Así que no les quiero ni contar la que nos espera con la precampaña, la campaña, las elecciones, los tú más y la culpa de la crisis es tuya. ¡Ya verán qué espectáculo!

Para rematar la faena me entero minutos después de que hay un hongo que ataca a las encinas, cosa muy chunga de verdad no sólo por el desastre ambiental, sino también porque sin bellotas los cerdos no se pueden alimentar y por consiguiente, hay riesgo real de quedarnos sin jamón de pata negra. ¡No hombre, no!, ¡esta vida sin jamón no hay humano ni equino que la resista!

En fin, me voy a dormir, que ya es hora y no es plan de calentarse la cabeza con estas situaciones. Lo malo es que o mucho me equivoco o de aquí en adelante vamos a vivir historias que no son de risa precisamente. A ver si mañana le pego un toque a Bruno y me cuenta algo más alegre de su viaje por la Francia de Sarkozy y Carla.

Rucio


23 ago 2010

Precipitados


Siempre digo que en esta vida ya no me sorprende nada, pero hay cosas que no llegaré a entender nunca. No sé, será que el tamaño de mis orejas me ocupa demasiada cabeza y el poco cerebro que me queda se me está derritiendo con el calor veraniego. O será que el ser humano va de mal en peor.

En los últimos días cada vez que me informo de lo que sucede en este mundo vengo escuchando noticias en las que chavales jóvenes se caen por los balcones. Pero ojo al dato, que no son balcones cualquiera, como los que usted y yo tenemos en casa. No. Son balcones de hoteles. ¡Qué cosas! Resulta que desde hace unos años para acá hay una serie de estúpidos jóvenes alemanes, ingleses y algún español que otro - ¡cómo iba a faltar un español en tan grandioso evento! – que han inventado un nuevo juego. Lo llaman “balconing” y consiste en beber alcohol hasta hartarse y consumir drogas hasta no saber ni como se llaman. En el momento en el que se les empieza a poner la cabeza como un sonajero salen al balcón de la habitación donde se alojan y se lanzan de balcón en balcón donde están sus colegas de juego y juerga.

Otra modalidad diferente consiste en lanzarse desde sus respectivos balcones a la piscina del hotel como si estuvieran en la prueba de trampolín de los Juegos Olímpicos. Como ustedes bien saben, el resultado más probable de todo esto es que esta pandilla de zumbaos dé con sus huesos en la calle o en el patio del hotel. Creo que en lo que va de verano ya son más de 30 los precipitados – como les llaman los médicos- que han dado con su cuerpo en el hospital o en el cementerio.

Por lo que tengo entendido, en ciertos foros y espacios de internet, los diferentes idiotas se animan a venir a España a pasar unas vacaciones cargadas de diversión y de nuevas experiencias tan chorras como la que les acabo de relatar. ¡Manda huevos!

Y es que párense a pensar en las cosas por las que somos conocidos en el mundo tanto España como los españoles. O en su caso, pregúntenle a alguien que viva en Estocolmo o en Kansas. Ya les digo yo la respuesta y no me varío un ápice: toros, flamenco, paella, san fermines, tomatina, siesta, juerga, playa, sol… y ahora, gilipollas saltando por los balcones. Por supuesto que hay muchas y buenas cosas, pero desafortunadamente pocos las conocen, casi siempre son menos atractivas y, claro está, dejan menos dinero.

Los extranjeros, en general, no vienen a España a formarse, a adquirir prestigio, a trabajar en importantes instituciones o grandes compañías o a disfrutar de artistas e intelectuales, que los hay. Por cada guiri que visita El Prado – que seguro tiene más de 50 años- habrá 100.000 vomitando por las playas de Ibiza. La gran mayoría vienen por la diversión que este país ofrece en sus más variadas versiones. Lo que ya no me cuadra es por qué un gilipollas de Manchester viene a Mallorca a tirarse por un balcón. Me da la sensación de que aquí en verano, con drogas, alcohol, marcha y playa todo vale. Todo hasta el extremo de dejarse la vida en una acera con tal de vivir una experiencia, que como casi todas, el ser humano no necesita y que se inventa en un intento de vivir más allá, pues la diversión normal y cotidiana no le dice nada.

Y es que esa es otra, tampoco entiendo qué necesita el hombre para recrearse. Parece que el alcohol, las drogas o la adrenalina que derrocha hasta jugarse el pescuezo es poca cosa. Si miramos al resto de animales, ninguno necesita tanta tontería para estar a gusto, pero el hombre parece buscar emociones y elementos en su mente que casi siempre son estúpidos e irracionales a más no poder. ¡Con lo bien que se está a la sombrita leyendo una buena novela o viendo una buena película!

En fin, como les decía en capítulos anteriores, yo no soy, ni mucho menos, el que tiene que dar consejos a la tropa en su disfrute veraniego, de fin de semana o de lo que sea. Cada cual que se lo monte como quiera. Eso sí, permítanme decirles que a muchos de los humanos se les ha ido la pinza del todo y eso que se supone que tienen un cerebro con el que pensar un poquitín.

Yo, que quieren que les diga, esta tarde a la sombra de las encinas de mi prado se está de vicio, así que me voy a tumbar encima de la hierba y voy a seguir leyendo la novela que empecé hace unos días. A mí de momento no me da por tirarme de barranco en barranco. Un libro, una cerveza y un poco de airecito en las orejas me sientan de maravilla.

Rucio

3 ago 2010

Don Vicente del Bosque


Es posible que alguno de ustedes pensara que ya no volvería a aparecer por aquí. Pues no, por aquí sigo. No es tan fácil deshacerse de mí. Echaba ya de menos darle un ratito a la tecla, así pues, ¡Rucio rebuzna de nuevo!

Hace ya unas semanas que la Selección Española de fútbol ganó la copa del mundo en Sudáfrica. Ahora que se va pasando la euforia y la gente está descansando en la playita me vienen unas cuantas reflexiones a la mente. No teman, no les robaré mucho tiempo, ni les sobrecargaré las neuronas. Así podrán seguir mirando al chico del bañador apretaico y a la moza del tanga minúsculo que tan lozanos y airosos caminan por la blanca arena al borde del agua. Tampoco les puedo decir nada nuevo que no sepan ya. Seguro que han estado muy al tanto de las distintas aventuras de la roja. Hasta un burro como yo, que he estado perdido -muy perdido, hace más de un mes que no me asomo por aquí- por esos mundos de Dios he seguido, en la medida de mis posibilidades, los pormenores futboleros del asunto.

Me alegra todo lo que ha pasado en torno a esta selección. Pero me alegra especialmente por una persona. Y esa persona no es otra que su entrenador, Vicente del Bosque. Admirado ahora por todo el mundo, nunca se ha valorado suficientemente su grandeza como persona y como sabio entrenador de fútbol.

Pero no quiero hablar de fútbol. Ya se han escrito ríos de tinta y no creo que sea yo el que vaya a aportar nada nuevo sobre este deporte tan estudiado. Hoy quiero hablar de Vicente, de su normalidad, de su sentido común, de su honestidad, su humildad y su nobleza, de su buen hacer.

Mucha de la gente que compone esta sociedad basa sus vivencias diarias en una imagen, en un ego casi siempre desmesurado, en un culto a la personalidad cada vez más artificial. Todas y cada una de las acciones que hacen son de cara a la galería, no tienen contenido ninguno, no aportan nada ni a su trabajo ni a su vida. Pero eso sí, se creen por encima de todos, nunca se rebajan ante algo que no les guste, y por supuesto, el resto de los mortales deben estar a su disposición.

Si no me creen, echen un vistazo ahora mismo a su alrededor y lo comprobaran por ustedes mismos. Observen como su jefe trata a casi toda la plantilla, como su supervisor parece el director general, como su vecino le toca la moral poniendo el volumen de la tele bien alto y le deja el Mercedes delante de su cochera o como su cuñado vacila de la casa tan imponente de la sierra y de la nueva parcelita que se ha comprado en Matalascañas. Por no hablar de todo lo que sale en televisión: modelos, cantantes, actores…y toda la panda de gilipollas que nos rodea en este país. Y si hablamos de políticos y cargos públicos que quieren que les cuente. Pásense por la plaza del pueblo o échenle un vistazo al telediario. Casi seguro que han vivido la experiencia en la que a algún compañero suyo le han dado un carguito y directamente se ha vuelto tonto, como si el cargo le diera poderes sobrenaturales. Me podría pasar el día poniendo ejemplos, pero no es plan.

Por eso da gusto ver de vez en cuando a alguien tan sensato y normal como don Vicente, un tipo integro cuyo máxima es realizar el trabajo con eficacia. En una de las primeras entrevistas tras ganar la final le preguntaron que sentía, y Vicente respondió que “habían cumplido con su trabajo”.

Castellano viejo poco dado a acaparar y a tomar protagonismo, su humildad y nobleza hacen que considere a todos por igual, valorando su trabajo y su dedicación, y sobre todo, tratando a todo el mundo de manera agradable sin creerse nunca más que nadie. Un tipo con los pies en el suelo que sabe cómo se mueve este mundo.

Todas estas características de las que vengo hablando son admirables. Sin embargo, todas ellas apenas son consideradas hoy en día, pues se lleva más la imagen provocadora, egoísta, simplista…, en definitiva, de llamar la atención haciendo tonterías que no deberían interesar a nadie, pero que como ustedes bien saben –y yo no entenderé en mi burra vida- a la gente le chiflan.

No sé, será eso que he escuchado varias veces decir, que ser normal no vende, y por lo tanto, que Vicente del Bosque no vende. Y yo me pregunto, ¿qué hay que vender? Pero luego, reflexionando he visto la luz. Es lo que los modernos de diseño y marketing dicen, que hay que saber venderse. Vamos a ver modernos de más, lo que ustedes quieren es vendernos la moto, porque lo que es vender otra cosa no venden nada. Lo que hay que hacer es ser buen profesional, buena gente, que va por la vida con nobleza, honestidad, honradez y haciendo las cosas como es debido.

En un tiempo en el que cada cual reclama una capacidad de atención inusitada, en la que el continuo exceso de ego es la característica común de los mortales, Vicente nos da otra nueva lección de saber estar, de humildad, de no creernos más de lo que somos, porque en definitiva tampoco somos tanto.

En fin, señoras, señores, que yo tampoco soy quién para decirle a nadie cómo debe ser y qué tiene que hacer. Demasiado tengo yo con mi cuerpo serrano como para ir dando consejitos a la tropa. Eso sí, a la larga siempre será más considerado y valorado aquella persona que hace las cosas como es debido que no un tonto las pelotas que llama mucho la atención, pero que lo único que vende es humo.

Me voy a dar un paseíto para despejarme, que el estrés de los últimos meses ya me va pesando. Y si se tercia, y no es muy tarde, a lo mejor cae alguna cañita con mi colega el burro Bruno y la pandilla de amiguetes.


Rucio

26 may 2010

“¡Despacico conmigo!”



Hay días, de verdad, que te despiertas de siesta con unos sustos impresionantes. Así estaba hoy mismo, sin ir más lejos, tumbado en mi sillón, pegándome mi siestecita de media hora después de comer. Como suelo dejar la tele o la radio encendida para escuchar las noticias, hay veces que de fondo se cuela en tu subconsciente alguna de las cosas que dicen, y claro, cuando te despiertas, zas, susto al canto.

En esta situación que les cuento estaba mi cerebro, con un sueño un poco más pesado que de costumbre, cuando de repente me empiezo a despertar y a oír voces, golpes, gritos, aplausos, abucheos, oe, oe, oe. Claro, imagínese mi desconcierto. Vamos, que creí que se estaba celebrando la final del mundial en Suráfrica, y yo sin enterarme. Medio minuto más tarde cuando voy siendo consciente de la situación, por fin me doy cuenta de que se trata del telediario y están dando la noticia de la monumental bronca que se ha producido en el Senado. Si, si, para mi sorpresa comprobé que no se trataba de una corrida de toros en Las Ventas, ni de los San Fermines, o la fiesta del pueblo en la que todo el mundo baila Paquito el Chocolatero al ritmo de King África, ehhh, ehhh. No, no, no. Se trataba damas y caballeros… ¡del Senado!

Todavía con el susto en el cuerpo pongo mis orejas más tiesas de lo que las tengo y me entero que se ha producido en el Senado una de esas sesiones de control donde Zapatero da cuentas de la situación, en este caso de las medidas extraordinarias para frenar el gasto público. Bueno, pues como ustedes sabrán mejor que yo (yo estaba con una torta tremenda), allí se ha producido tal combate dialéctico entre Zapatero y el portavoz de PP, Pío García Escudero, que ha desembocado en una bronca en las bancadas digna del mejor show sino fuera por la vergüenza ajena que he sentido de todos y cada uno de ellos.

Hacía mucho que no hablaba de las andanzas de nuestros amados políticos, pero es que las escenas que contemplaron mis ojos son para que todos fueran dejando sus escaños por no reunir las mínimas y necesarias condiciones que una persona debe tener para representar un cargo público. La curiosidad me ha llevado a querer saber algunas de las cosas que sus señorías han hecho, y créanme que me arrepiento de saberlas. Les cuento unas cuantas perlas y ustedes mismos juzgan. Después de los halagos que se han dispensado ambos representantes (que por otra parte todos conocemos) y de que García Escudero pidiera adelanto de elecciones, los senadores del PP han empezado a corear ¡Zapatero dimisión! ¡Zapatero dimisión! aporreando en las mesas y golpeando y pateando los escaños mientras el partido socialista aplaudía hasta romperse las manos para defender a su líder.

Durante más de dos minutos de bronca, el presidente del Senado, Javier Rojo ha tenido que llamar al orden más de 10 veces, hasta que al final se le han inflado las narices y ha pegado cuatro voces diciendo que “no se puede tolerar este comportamiento que estamos teniendo en la cámara, me parece que es lamentable”. Que quieren que les diga, he visto broncas con más elegancia en tugurios de mala muerte donde la tropa iba de copas hasta arriba y ya solo le faltaba beberse el agua del fregadero.

Pero a ver, vamos a ver. ¡Cómo puede ser esto posible! 2000 años de historia, de guerras, de idas y venidas para que la civilización avance, de gente dejándose cada día la vida para seguir adelante y van unos cuantos tontos las pelotas y hacen este tipo de sainetes, ¡en el Senado!, sin ningún tipo de pudor ni de vergüenza. ¡Qué ejemplo tan bueno para los jóvenes y para la sociedad en general! ¡Qué manera de perder los papeles y las formas! Por favor, que alguien me explique si es normal lo que sucede en este país. O es que soy yo que no sé ver el trasfondo del asunto.

No sé, empiezo a creer que todo esto estaba preparado y que después de tan grandiosa representación teatral se han ido todos a la cafetería a tomarse una coca-cola, a reírse y a felicitarse mutuamente por la escenificación del mejor teatro del absurdo. Si no es así, no me lo creo, no me puedo creer que personas que se supone están un poquito preparadas y han aprendido ciertas normas sociales monten este tipo de saraos de la más bajuna calaña.

Sólo ha faltado que alguno sacara la navaja cachicuerna y dijera aquello que tanto ha popularizado José Mota con su Cansino Histórico: "Despacico conmigo, eh, despacico conmigo, que tiro de cheira y te tiro las tripas a un canasto. ¡Piojoso, mugroso, tío mierda!" Ya me estoy imaginando en la próxima representación a Tere de la Vega y a Mari Lola de Cospedal encarándose frente con frente como los toros. Cuando aquí mis vecinos de prado se cabrean y se disputan una vaca guapa no les quiero ni contar el pifostio que montan. Bueno, pues con la mala leche que gastan las portavoces, no se dejan un pelo en la cabeza. Atentos al próximo asalto que el combate acaba de empezar. Aunque no sé si aguantaré tanta tontería. En cuanto Obama monte la estación espacial en Marte zumbo para allá en un pis pas. Nunca se ha hecho tan necesario un exilio.

Rucio

10 may 2010

Una de economía


Vaya por delante que no tengo ni idea de economía. Soy un burro normal de los que lee el Marca y el As y no Cinco Días o La Gaceta de los negocios. Pero creo que estarán de acuerdo conmigo que si tengo 100 euros y me gasto 60, todavía me quedan 40 euros para posibles imprevistos, gastos extra, caprichos varios o para, yo que sé, comprar el regalo de mi prima Sofía por su reciente maternidad o para donarlos a una ONG. Ya sé que soy más simple que el mecanismo de un sonajero, pero esto que estoy explicando se entiende aquí y en Kuala Lumpur. Lo malo, es cuando viene alguien y me dice, no perdona, estos 40 euros restantes son activos directos reembolsables, de los cuales 10 van para comisiones e impuestos directos e indirectos y otros 10 para compras de bonos, estabilización de la renta variable y demás gastos, con lo cual, se queda con 20 euros restantes. No sé si me explico.

Llevo un buen rato trabajando delante de mi ordenador. De fondo suena la radio y me cuenta que se ha producido en España la mayor subida de la bolsa en toda su historia. ¡Y con la que está cayendo! Resulta que esta gran subida se ha producido porque los ministros de economía y finanzas de la Unión Europea han llegado a un acuerdo para crear un fondo de rescate multimillonario y sin precedentes para garantizar el restablecimiento de la estabilidad financiera en la zona euro. Si es que cuando quieren sacan dinero debajo de las piedras. Porque dinero, lo que es dinero hay. Hay mucho.

Como consecuencia, dicen los expertos, el mercado ha ganado confianza por parte de los inversores. Pero más que confianza lo que ha ganado es una cara dura tremenda debido, claro está, a la desorbitada especulación con la que cuatro cantamañanas juegan cada día. Y es que esos cuatro cantamañanas suelen tener el dinero por castigo y en vez de jugarse los céntimos de la vuelta del desayuno en la tragaperras del bar les da por invertir unos cuantos millones de euros en acciones que en esos momentos están por los suelos para, pasado el mal momento, venderlas de nuevo a cojón de pato.

Como dije antes, no entiendo de economía, o de esta economía tan moderna que se han inventado y parece que quieren seguir inventando cuatro listos, demasiado listos. Pero de lo que todavía entiendo, aunque me queda poco, es de tener un poco de sentido común. Me parece de perlas que la bolsa funcione, me parece de perlas que la gente gane dinero, me parece de perlas que exista un mercado económico que invierta su dinero donde quiera. Lo que no me parece tan de perlas es que todo eso vaya tan ligado a la economía de cada día, esa que cualquier trabajador tiene que mirar con lupa. Y que una cosa arrastre de tal manera a la otra que cuando la bolsa se vaya al traste, por egoísta y especuladora, se lleve con ella empresas, puestos de trabajo y ahorros de gente que no tiene nada que ver con esas macrofinanzas.

Ustedes me dirán, que no hombre, tu dinero va a estar en el banco tan ricamente. Pero que quieren que les diga, pregúntenle a algún argentino que otro. Y además, no se trata del dinero que tengas o no tengas en el banco, se trata de que hagas lo que hagas esta economía está tan globalizada y tan trenzada que cuando algo gordo se va abajo en un país, se produce tal efecto domino que vayas donde vayas ese efecto te pilla con el carrito del helao. Recuerden que esta gran crisis tuvo su origen en las hipotecas basura de Estados Unidos. A España nos llegó en forma de pertardazo de burbuja inmobiliaria y ahora, a ver quien es el guapo que le pone el cascabel al gato. Es decir, a ver quien pone las medidas necesarias para tener una economía saneada que ofrezca seguridad en fondos públicos, bancos, empresas y todo ello genere empleo, beneficios, movimiento, crecimiento.

Nada, que no aprendemos. Esto mismo ya pasó en Estados Unidos en 1929 con unas consecuencias tan catastróficas que llevó al desempleo y al hambre a millones de personas. Con mucha corrupción y de distinta manera, pero con varias semejanzas el corralito argentino nos dio un serio aviso de lo que podría pasar, pero seguimos muy muy ciegos. Con esto de la economía global y del mundo globalizado nos meten a todos en el mismo saco y ahí te las den todas.

Señores políticos y grandes financieros, hagan con la economía lo que quieran, pero un agricultor que se deja la espalda y la vida trabajando en el campo no tiene que pagar sus errores a base de bajos precios, especulaciones, impuestos directos e indirectos, altos costes de producción y lo que te rondaré morena. El que quiera jugar a inversor que se juegue su alma si le parece, pero al resto de mortales déjennos en paz con nuestros 10 euros de dinero real sin especulaciones ni altas finanzas. Porque esa es otra, por cada dólar real hay 300 dólares que son irreales, que son bits de ordenador.

Por cierto, todo esto lo escucho en la radio. Se me ha roto la tele y me estoy pensando mucho si comprar una nueva o esperar al 2026 (como les dije en anteriores episodios) para cuando me vengan a instalar la antena perabólica esa con la que se pueden ver los maravillosos y geniales canales de TDT. Según tengo entendido, ¡vaya tela de canales alguno de ellos! En fin, voy a tomarme una cervecita con el burro Bruno, a ver si me explica y entiendo de una vez que es eso del T.A.E que tan bien anuncia Matías Prats sentado en el banco naranja.

Rucio






22 abr 2010

Papeles


Aquellos de ustedes que se asoman a esta página saben que desde que me prejubilé me dedico a labores algo más intelectuales. Lo que no sabía cuando me metí tan de lleno era que además de estar todo el día entre libros y manuales era necesario presentar tanto papeleo en el registro de la delegación de educación. Esto de estudiar supongo que está muy bien, cultiva y abre las mentes, pero como ahora todo va por cauces oficiales, con matrículas, registros y certificados paso más tiempo en la delegación que en el prado de mi pueblo donde pasto y trisco, tan alegremente, cuando me dejan mis varias ocupaciones.

El caso es que hace unos días estuve por allí. Tenía que entregar unos documentos y cuando llegué ya había unos cuantos mozos y mozas esperando en la ventanilla correspondiente. Según pude comprobar, todos ellos eran profesores que se disponían a entregar la documentación necesaria para poder presentarse a las oposiciones. Y es que últimamente estoy muy puesto en el tema educativo. Algún buen amiguete es profesor, y como el instituto y el bar donde toman café los profesores queda al ladito de mi choza, muchas de las cosas que lanzan por esa boca pecadora llegan hasta mis formidables orejas.

A lo largo de las diferentes entregas han podido apreciar que mi concepto sobre el género humano no es demasiado bueno. Más bien al contrario, los humanos siguen en caída libre debido a su egoísmo, falta de escrúpulos y deseo desmesurado de poder y figurar que no lleva a ningún sitio. Sin embargo, cuando estaba esperando pacientemente mi turno en la cola de la ventanilla asistí a un momento de esos que te reconcilian con las personas y te hacen pensar – menos mal – que todavía hay gente que merece la pena en este mundo.

Uno de los chicos que allí aguardaban no estaba muy puesto en el tema. Le faltaba información, no tenía todos los datos necesarios, algunos de sus papeles no los llevaba bien escritos y hasta carecía del bolígrafo de tinta negra con el que hay que rellenar las instancias. En el momento que preguntó a una de las conserjes por algunos de los datos que necesitaba, los que estaban a su alrededor se percataron inmediatamente de todas las cosas que el chico no llevaba en orden.

En ese mismo momento llegó una señorita de uno de los sindicatos de enseñanza - experta en el tema- para informar y resolver posibles dudas y problemas. Porque esa es otra, según pude observar, para rellenar todas esas instancias, y saber qué y cómo tienen que entregar los documentos hace falta, como mínimo, una diplomatura en gestión. ¡Madre del Amor Hermoso! Todavía no salgo de mi asombro. En la hora larga que me tocó esperar en la cola escuché que tenían que entregar, - atención - , instancias perfectamente rellenadas, firmadas y pagadas, con sus datos, sus códigos, su experiencia laboral, cursos de formación, méritos y no sé cuantas cosas más que no tengo ni idea de qué iban. Vamos, que poco más y les piden un análisis de sangre, un electrocardiograma y un tacto rectal. Y como sigamos a este paso, todo se andará.

Como les decía, en el momento en el que la chica del sindicato le resolvió las dudas al chico novato, y sin que él lo pidiera, la gente de su alrededor, viendo el trance en el que estaba, le fue ofreciendo ayuda. Alguien le pasó una instancia en blanco que le había sobrado, un par de chicas le proporcionaron unos códigos, otra le pasó el bolígrafo negro, y así, poco a poco el chaval fue saliendo del aprieto.

Ay qué ver, me dije momentos antes de que me tocara mi turno. Ahí los ves, ninguno de ellos sabe nada del otro y, sin embargo, casi todos le han prestado ayuda con la mayor naturalidad y normalidad del mundo. Es posible que hasta compitan por la misma plaza y no les ha importado lo más mínimo. Todos ellos entendían que se compite de otra manera. De verdad que me alegró el corazón y la mañana presenciar algo que no se ve demasiado y que se supone que los humanos deberían practicar día a día. No sé si en los tiempos que corren todavía vale lo de "hoy por tí, mañana por mí", o aquello otro de "arrieros somos y en el camino nos encontraremos". Y tengan por seguro que a lo largo del camino nos vamos a acabar encontrando.

He de decir que hasta la señorita que estaba al otro lado de la ventanilla destacaba por su amabilidad y buen trato, pues es habitual encontrarse con personajes que suelen desayunar vinagre en cantidades industriales. Yo acabé muy rápido, un par de sellos en mis papeles (tan contundentes que hicieron temblar el mostrador) y a otra cosa, mariposa. Pero no pude por menos de sonreír cuando de vuelta dejaba a los profesores esperando su turno, papeles en mano.

Rucio






6 abr 2010

Todo sigue igual (o peor)


Un mes alejado de la civilización y cuando vuelvo por estos lares me encuentro con cosas que siguen exactamente igual. No avanzamos, eh, nada, ¡qué no avanzamos! Como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual, bueno según se mire, igual o peor.

Como bien saben, esto es lo bueno que tiene estar prejubilado, que los horarios me los organizo a mi modo y manera. Llevaba un tiempo más liao que el fontanero del Titanic, así que literalmente aparqué mis quehaceres, cerré mi agenda y me eché al monte. Vamos, que me he pasado un mes por la sierra y he estado más escondido que Curro Jiménez por la Serranía de Ronda. Es un ejercicio sanísimo. Se lo recomiendo. El único contacto con la realidad virtual, esta que nos hemos montado en plan sociedad moderna del siglo XXI, ha sido a través de la radio, pues allí todavía no llega la TDT (y eso que dicen que ya hay cobertura total), ni internet, ni nada. Y tampoco era cuestión de andar más perdido que Robinson Crusoe.

La radio me mantiene al tanto mientras yo me dedico a contemplar la vida y la naturaleza, a leer, a pasear y a descansar. Así pues, allí me enteré de la muerte de mi añorado Miguel Delibes, hombre sabio, honrado, noble, castellano en el mejor sentido de la palabra, y uno de los mejores escritores, que por no armar tanto ruido y por ser humilde, sencillo y normal no fue lo suficientemente reconocido. Me alegró mucho saber que toda España y todos los medios se volcaron ante su partida. Pero me decepciona que se haga siempre tarde. Ya ven que las cosas siguen igual.

En materia política, también supe de ese maravilloso pacto entre partidos para proponer soluciones y salir de la crisis. Creo que se reunieron en un palacio llamado Zurbano o algo así. No sé, supongo que quedarían a tomar una coca cola acompañada de panchitos, porque lo que fue proponer soluciones, ni una. Sigo maravillado por la capacidad de diálogo y entendimiento. Entre unos que quieren pero no pueden y los otros que quisieran pero no les da la gana, vamos apañaos. En cuanto al tema del señor Matas, - del que también tuve ocasión de enterarme - y de toda la corrupción de este santo país, qué quieren que les diga que no sepan mejor que yo. Un tipo que tiene en casa una escobilla de water por valor de 350 euros, además de ser un hortera es un gilipollas que debe ir derecho al trullo. Supongo que todo el mundo es presunto hasta que no se demuestre lo contrario, pero como en este país ciertos altos cargos se han acostumbrado a enseñar los fajos de billetes sin que les pase nada, pues así andan otros cuantos, a la caza y captura del poderoso caballero. Aquí ya ven que las cosas siguen peor y lo que nos quede por ver.

Ahora que ya luce el sol y la gente se mete a bañar en pleno abril, ya no nos acordamos, pero los temporales estaban a la orden del día hace una semana. En Cataluña no se están alumbrando con velas de milagro. Todavía están buscado culpables. Ya se los digo yo, empresas hidroeléctricas que saben recoger muy bien el dinero todos los meses, pero no invierten un euro en arreglar ni un cable, políticos que no exigen medidas efectivas a las empresas y desconcierto en general de todas aquellas personas que cuando hay un contratiempo no saben organizarse ni para arreglar el pinchazo de una bicicleta.

Como les decía líneas arriba, en la sierra no tenía TDT ni falta que me hacía, pero hete aquí que llegó a mis aposentos en el pueblo y hablando con los vecinos me cuentan el panorama televisivo. Ha llegado el apagón y ahí te las veas, prenda. Zonas donde hay poquita población están dejadas de la mano de Dios y ya te puedes buscar la vida porque no va a venir ni un político o técnico que te eche un cable –nunca mejor dicho- sin que te cueste tu esfuerzo, tiempo, sudor y dinero. O el satélite está muy lejos o la señal es un tanto remolona. Yo en mi caso, me compré el aparatejo en cuestión, y después del enorme trabajo que me costó montarlo (las instrucciones no explican un pimiento), me dice que sin señal, y eso que ya hay cobertura total. Y es que resulta que los políticos, los canales, los técnicos o El Chavo del Ocho, - yo qué sé - todavía no han adaptado los repetidores que tienen que mandar la señal. ¡Manda pelotas!

Ahora, dicen los expertos que la solución en este pueblo es poner cada uno una antena parabólica en su tejado. ¡Acabaramos! Eso ya se me había ocurrido a mí solito ¡Pero no dicen que ya hay cobertura total!

El día que venga el técnico, allá por el 2026 a instalar la perabólica esa, les cuento el próximo capítulo. Mientras tanto me voy con mi colega el burro Bruno y el resto de jubiletas a jugar una petanca al parque. "Al final las obras quedan, las gentes se van, otros que vienen las continuaran, la vida sigue igual". Y el universo sigue en expansión.

Rucio



3 mar 2010

El despedidor


El hecho de estar prejubilado tiene sus riesgos, pues con eso de que tienes tiempo libre te lías a hacer cosas y sumando, sumando, paras menos que cuando estabas trabajando con un horario establecido. En fin, serán cosas de la vida moderna. Aunque si les digo la verdad, en parte estoy encantado, porque al fin y al cabo, hago lo que me sale de las orejas. Eso sí, no les voy a engañar, echo de menos la vida placentera que se vivía en el campo hace años, la que canta Manolo García en sus canciones, vida sosegada, tranquila, agradable, donde el mayor estrés estaba en función de la velocidad que llevaban los bueyes arando la tierra o de las horas al fresco que te pegabas por la noche hablando de fútbol o de lo que se terciara.

Con tantas cosas, y como diría otro gran compositor, Ismael Serrano, - como ven, hoy me he levantado un tanto cantautor o cantamañanas - últimamente ando algo perdido, aunque espero que no desconectado del todo. El caso es que ya tenía yo ganas de asomarme por esta ventana para despacharme a gusto con unas cuantas cositas y no encontraba un momento adecuado de reflexión profunda.

A ver, ya no sé si es la crisis o es que nos estamos volviendo gilipollas del todo, pero hoy quería hablarles de unas perlas que me han dejado un tanto atónito. Hace una semana un día cualquiera - ven como sigo cantarín, ahora con Antonio Vega - llego a casa, me pongo cómodo, enciendo la tele y lo primero que sale es un programa de actualidad y sucesos. Sin ganas de tocar el mando a distancia debido al cansancio, ya me estaba empezando a relajar cuando me sueltan así, a bocajarro, sin anestesia ni nada, que unas cuantas empresas han creado la figura del despedidor. Como lo oyen, bueno, como lo leen. En ese momento ya tenía las cuatro patas por alto, pero el impacto de la noticia me hizo poner en pie, a milímetros de la pantalla de la tele.

Por lo visto, el despedidor es un psicólogo encargado de decirle a un trabajador que está despedido. Eso sí, todo con buenas palabras para pasar mejor el trance y que no se traumatice. Pero no todo queda ahí, no. Esta persona también se encarga de asesorar al despedido para que no se sienta solo y le ayuda a elaborar un curriculum para buscar trabajo. Si lo hubiera, claro. Te tienen que quedar unas ganas locas de escuchar a la persona que te acaba de echar a la calle. Mientras, el jefe estará ocupadísimo intentando inventar nuevas tonterías con las que rebajar costes. Me lo estoy imaginando, ese encargado de personal, tan majetón, acercándose a la mesa de Hernández y diciéndole, “Manolo, esta tarde antes de irte a casa tienes que pasar por el despacho del nuevo psicólogo”. Como diría José Mota, “!señora, ha llegado el despedidor!”. ¡Lo que hay que ver! Cada día nos inventamos más artimañas raras para salir airosos mientras paga el pato la gente que menos se lo merece.

Como les cuento, últimamente ando algo perdido, pero esta mañana cuando me desperté no sabía hasta qué punto. Señoras, caballeros, óiganme bien, se ha producido un hecho insólito, hemos regresado al siglo XVI. No es una película ni un sueño, es real. Y es que la CEOE, la patronal, propone para las personas más jóvenes un contrato laboral de seis meses a un año, sin derecho a paro, sin indemnización por despido, sin cotizar a la seguridad social y cobrando un salario de 633 euros al mes. Según dicen es una medida copiada de Francia y ayudaría a combatir el desempleo juvenil. Lo más de lo más.

Ya que se están buscando soluciones, y viendo el nivel tan elevado de las que proponen altos mandatarios y empresarios, ahí va una que me ha encantado a mi mismo cuando se me ha ocurrido. Propongo ir a África y traer unos cuantos esclavos gratis. Pero eso sí, no pueden tener más de 30 años y si no rinden bien ni obedecen al instante trabajando a destajo por la comida y el alojamiento en el barracón, se le aplicará como medida correctora 25 latigazos delante del resto de trabajadores. Para que todos aprendan. Puestos a proponer medidas imaginativas yo pensé al instante en ésta. Sencilla y práctica.

Bueno, pues así iba de feliz esta mañana, camino del bar donde tomo café con la tropa, pensando en esta idea tan buena que se me había ocurrido a mí solito. Se la conté a mis amigos, y mi colega el burro Bruno, que tiene confianza, me miró con actitud reprobadora, pensando si lo estaba insinuando en serio y me dijo, “pero a ver, mentecato, que no te enteras, eso no tiene nada de nuevo, tanto que te tiras el pego de burro intelectual, parece mentira que no hayas leído o estudiado la época colonial donde ya tenían tal medida en marcha”.

De vuelta a casa seguí dándole vueltas al tema, y he de confesar, que todavía no entiendo por qué me miraron raro en el bar. Yo sólo proponía una solución para salir de la crisis como otra cualquiera. Si hay alguien en la patronal que se atreve a decir tantas barbaridades en público, ¿por qué no se pueden proponer cosas parecidas? No sé, ya les digo que últimamente ando algo perdido.

Rucio

6 feb 2010

El engaño


Hoy quería comentar un asunto que me lleva un tiempo rondando por la azotea y que cada día llevo peor. Desde que el mundo es mundo y el ser humano desarrolló la inteligencia el engaño es algo tan natural como comerse un bocata de chorizo para merendar. Ah, no, que ya no se come eso, ahora se come bollería envuelta en plástico y fabricada en Taiwán. A lo que iba, el engaño viene de muy antiguo, y si no, que se lo pregunten al Lazarillo de Tormes, que se tenía que buscar la vida a base de engaños, pues a él mismo le engañaban cada dos por tres y se las daban todas en el mismo carrillo. De siempre la picaresca, la pillería era normal en el discurrir cotidiano de la vida en las relaciones de unos con otros. Eso si, siempre permanecía algo de honesto y noble.

Sin embargo, en los últimos años, a este engaño de toda la vida se le ha dado un par de vueltas de tuerca y se ha convertido, bajo mi punto de vista, en algo odioso a más no poder. A ver, no me refiero a la gente que se dedica a eso ni a que alguien le ponga los cuernos a su pareja con la secretaria o con el butanero. No. Me refiero a lo que parece se está convirtiendo en norma social. En cualquier sitio te la cuelan sin darte cuenta. Cada vez que salgo del hermoso prado donde vivo y pasto me siento con una sensación de continuo engaño, pero en este caso de un engaño con una mala leche tremenda. Y esto en épocas que se supone son avanzadas, que quieren que les diga, me produce una tristeza infinita.

No hace tanto tiempo, cualquier acuerdo, compra o venta se cerraba con un apretón de manos. No hacía falta papel alguno, para saber que las dos partes iban a cumplir el trato al que habían llegado. Había honestidad, nobleza y sentido de la palabra dada. Imagínense ahora esta situación en los tiempos que corren, cuando la gente no cumple lo acordado ni siquiera cuando hay contratos, firmas o notarios de por medio.

Les invito a realizar conmigo un análisis minucioso de ciertas situaciones. Desde por la mañana temprano abrimos los ojos y ya nos están engañando. Nada más apretar el interruptor para encender la luz, nos están cobrando una tarifa que no gastamos. Ahora resulta que pagamos una factura por estimación. Como en un mes gastas tanto, pues el próximo gastarás parecido. Eso si, -¡qué casualidad!-, la estimación siempre es a lo alto, nunca a lo bajo.

Nos vamos a trabajar, - los que afortunadamente no están en el paro y no están prejubilados como yo- y subimos a nuestro coche o transporte público. La gasolina te la pueden cobrar al precio que quieran y los autobuses y cercanías de algunas ciudades, no es que estén por las nubes, es que ya han pasado la estratosfera. Y ya en el trabajo ni les cuento la cantidad de sinvergüenzas que se hacen llamar jefes y explotan vilmente a muchas personas por un sueldo miserable.

Si continuamos por el sector vivienda, que quieren que les diga. Ahora que no se vende ni un piso, los están rebajando un poquito, -demasiado poquito-, pero cobrar 40 millones por una casa que vale 10 es un engaño manifiesto que todos hemos aceptado como lo más normal.

Por otro lado, nos encontramos con ciertas argucias comerciales que tienen mucha tela. Seguramente ustedes habrán oído como ciertas marcas de champú se pusieron de acuerdo para hacer más pequeños los envases y seguir cobrando lo mismo. De la misma manera, aunque en sentido contrario, fíjense como en muchos bares los cubitos de hielo son cada vez más grandes para que entre menos ron o whisky en el vaso.

Otra técnica es la que hacen las empresas de telefonía con las tarifas que –oh, nueva casualidad- suben al mismo tiempo. A esto se le puede sumar la publicidad engañosa permitida y amparada por sectores públicos y muchas de las cosas que circulan por internet y ya no sabes si es verdad, mentira o todo lo contrario.

Los bancos y sus comisiones merecen un capítulo aparte y de los políticos, pues para que les voy a contar, no hay ni uno que diga una verdad ni al médico. No sé, estas son unas cuantas cosas que se me vienen a la cabeza. Seguro que ustedes tienen otras mil diferentes.

Me van a decir que parece que me acabo de caer de un guindo y que esto es lo más normal del mundo, pero es que estoy bastante harto de tener que ir siempre con las orejas más tiesas de lo que las tengo porque en cualquier instante me van a engañar, embaucar, timar, mentir. No sé en un futuro, pero en mi caso el engaño vil y cobarde de momento no me atrae para nada. Me pasará como dice un escritor francés de nombre complicado, Rochefoucauld, que la intención de no engañar nunca nos expone a ser engañados muchas veces. Y es que palabras como honestidad y nobleza han desaparecido y cada vez hay menos gente que demuestre que va como se tiene que ir por la vida.

En fin, si soy capaz de convencer a mi colega el burro Bruno, nos vamos a exiliar a la isla en la que naufragó Robinson Crusoe. Allí los caníbales de las islas vecinas te meriendan en un santiamén, pero mejor un caníbal que sabes por donde te viene, que no un gilipollas que te cobra un café a 1,45 euros, como me pasó hace unos días, en uno de esos restaurantes autoservicio de autopista. Estuve a punto de dejarle el café en la bandeja, aunque al final tragué. Me dejó con más cara de tonto que la que tengo.

Rucio

25 ene 2010

Haití


Han pasado casi dos semanas desde que ocurrió una de las mayores catástrofes producidas por la naturaleza en los últimos años. Como todos ustedes saben, me estoy refiriendo a Haití. La devastación ha sido tan brutal, que es imposible poder ni siquiera imaginar lo que ha podido sentir cada una de las personas, que por desgracia, ha vivido tal suceso. Cuando la naturaleza pega uno de estos zarpazos, no queda otra que aceptarlo. No hay lugar para preguntas, puesto que las respuestas jamás las encontraremos.

Tampoco hay que buscar culpables, aunque en este caso, bien podríamos decir que la situación ha sido muchísimo más grave debido, -una vez más - a la acción, o precisamente a la no acción de políticos corruptos que le han sacado la sangre a uno de los países más empobrecidos durante décadas.

La gente que ha muerto supone una de las grandes pérdidas, pero el sufrimiento de los que siguen vivos debe ser ahora la gran preocupación. Seguro que ustedes han visto y oído vivencias de la población en todas las noticias. Yo me quiero quedar con un par de ellas que me han llamado especialmente la atención.

Cuando apenas habían pasado tres o cuatro días, un periodista conversaba con uno de los maestros de una escuela que hablaba en perfecto español, de posible origen dominicano. Este maestro contaba que la escuela había sufrido bastantes daños, pero afortunadamente se había mantenido en pie. En el momento del terremoto, cuando la sacudida era brutal, los maestros ordenaron salir a los niños, y éstos salieron asustados, muy asustados, pero casi sin correr, con mucha entereza y una enorme serenidad. Cuando llegaron a la calle, permanecieron en la acera esperando instrucciones e intentando estar lo más seguros posible.

La otra vivencia que me ha gustado tiene que ver con la radio. Una de nuestras radios españolas conectaba una tarde con la más popular de las radios de Haití, Radio Caribe FM. Dedicada las 24 horas a la información y a la música, ha sido uno de los baluartes para obtener información inmediata sobre la situación de las víctimas. Su director comentaba que el edificio se derrumbó, pero a las pocas horas, entre los cuarenta trabajadores – afortunadamente ninguno ha muerto- han sido capaces de sacar los equipos y montarlos sobre unas mesas en plena calle. Desde entonces, han trabajado sin descanso.

Estas vivencias, más las muchas que ustedes han oído, nos deben hacer reflexionar. Su capacidad de sufrimiento y de sacrificio es infinita, la nuestra, en comparación, casi nula.

Imagínense la cantidad de personas que aún siguen en la calle, con heridas, roturas y dolor que puede llegar a ser insoportable, y lo que es más, sin comer y sin beber. Y ahora compárenlo con nuestras cotidianas situaciones cuando no nos atienden en urgencias, durante un par de horas y ponemos el grito en el cielo y la denuncia ante el defensor del pueblo. O cuando se nos va la luz o el agua en casa, y madre mía, no nos podemos duchar.

A cada uno nos duele nuestro problema, y es cierto que hay situaciones muy complicadas en todos los sitios, pero puestos a comparar, deberíamos dar gracias a cada paso que damos, y pensar que ante ciertos “problemitas de nada” se nos debería caer la cara de vergüenza.

Y como casi todo va en la educación y en el modo de vivir, comparen también a nuestros chicos con los niños de la escuela que les he comentado antes. Aquí los chicos no pueden ir andando al colegio, hay que llevarlos en coche. No se les puede sobrecargar de deberes, se bloquean. No se les puede echar la bronca, se traumatizan. Y claro, cuando se tienen que enfrentar a momentos difíciles, no saben ni por donde de andan. No debemos olvidar que mediante la educación también se inculcan valores esenciales como la fuerza de voluntad y la capacidad de sacrificio.

Podría contarles también lo que se me pasa por la cabeza cuando oigo a periodistas y políticos manipular tantas cosas y sacar tanta tajada política, sobre todo desde aquí, desde la gran Europa y la gran España, pero no se merecen ni el comentario. Hoy quiero quedarme con las personas, las grandes personas que son las que se lo merecen todo. Y cómo no, mi admiración por tanta gente que ofrece su cooperación, su dinero y su tiempo en la ayuda desinteresada.

Sólo queda pedir que no pase más, nunca, en ningún lugar y que seamos capaces de construir nuestro día a día y su día a día, en las mejores condiciones posibles.

Rucio

7 ene 2010

Marditos centros comerciales roedores


Lo reconozco, soy burro de pueblo, no soy burro de ciudad, y las veces que voy a la ciudad me pasa lo que a Paco Martínez Soria, que estoy más perdido que Victoria Beckham en una biblioteca. La historia que a continuación les voy a relatar está basada en hechos reales y cualquier parecido con la realidad es verdad de la buena, aunque no lo parezca.

Lunes, 4 de enero de 2010, 18:30 horas. Ciudad de Castilla, encantadora y bella, pero a veces absurda como pocas ante ciertas situaciones. Como les cuento, me acerqué a la ciudad a realizar compras habituales en tiendas habituales, pero cuando salía en dirección hacia el pueblo donde vivo y pasto me adentré en una dimensión no espacial, sino especial, digna de estudio. Reto a los mejores psicólogos y sociólogos de este país a que me den una explicación razonable. Yo no la encuentro.

Los burros tiramos,- y seguimos tirando – de carros durante siglos, lo que pasa es que ahora yo me he hecho con uno más moderno y en vez de tirar, me lleva. Y así iba, contento y feliz, saliendo por el puente cuando me vi atrapado por la marabunta. Nunca me imaginé que iba a tardar 33 minutos en cruzar un espacio que no tiene más de 700 metros. Espacio que va desde la rotonda de salida del puente hasta el centro comercial situado a las afueras de la ciudad. Y es que claro, cuando me vi en medio de semejante jungla, caí en la cuenta que era el día anterior a la Noche de Reyes, y todo el mundo en el mismo lugar y a la misma hora se disponía a ir al mismo centro comercial. Eso si, lo que no llevaban era el mismo coche. Había miles.

Lo que viví en ese momento se lo pueden imaginar, vehículos que pasan por el arcén, por líneas continuas, por huecos imposibles, pero sobre todo, rotondas y cruces totalmente colapsados de coches. Si en ese momento la Guardia Civil se pone a repartir multas sacan la recaudación de un año entero. Y mi cabreo ni les cuento, iba subiendo enteros a cada segundo que pasaba.

Seguramente habrán visto la película Un día de furia. Si no es así, se la recomiendo. Me sentía igual que Michael Douglas cuando intentaba llegar a casa en un día de lo más caluroso, pero las carreteras estaban colapsadas. Estresado a más no poder, deja su coche en la autopista e inicia una peregrinación por la ciudad en la que desata sus instintos más violentos y destructivos. De vez en cuando recuerdo con un buen amigo cinéfilo alguna de sus escenas. Me chifla esa en la que le quita el bate de béisbol al propio dueño coreano de la tienda y se la destroza porque no le da cambio. Si tienen una tarde, vean la película. Pasarán un rato divertido.

El caso es que allí me encontraba intentando salir de la urbe, pero como estaba más atrapado y oprimido que Joan Laporta en la Plaza de España, me dio por reflexionar. Llegué a la conclusión de que estamos tremendamente equivocados. Nunca en mi vida entenderé la existencia de este tipo de centros comerciales. Ese modelo, que es válido en Estados Unidos, aquí no tiene ni pies ni cabeza. Las pobres tiendas de toda la vida están muriendo de olvido y de pena ante tanta mole comercial, pero la gente se cree que gana en prestigio y categoría por ir a comprar a sitios tan modernos.

Ya pueden haber llegado generosos los Reyes, porque si no, no entiendo tanta ansia por acceder al recinto. Y es que esa es otra, hemos criado a los niños con tantos juguetes y tantas cosas, que si no les llevamos una docena, no estarán contentos. Otra gran equivocación, pues ya les garantizo que de los 10 o 12 regalos que les han dejado en la chimenea, 7 u 8 quedarán en un rincón y sólo les llamará la atención un par de juguetes. Observen y ya me contarán.

Pero sin duda, lo que más me inquietó fue el comportamiento de la gente. ¿Dónde va la gente? Donde va Vicente. ¡Pero cuánto aborregamiento! ¡Madre mía! Hay mil almacenes, supermercados, tiendas y comercios, pero todo el mundo va al mismo sitio a comprar las mismas cosas. Se puede ir en autobús, en bicicleta, a pie, en patinete, pero todo el mundo va en coche. Hay 365 días al año para comprar, pero todo el mundo compra la misma tarde y a la misma hora. Si un rebaño de ovejas nos ve en ese momento nos llama tontos hasta el día del Juicio Final.

Ahora hagamos un experimento sociológico. Trasladen este momento al resto de situaciones sociales. Piensen y díganme si estamos acertados o equivocados cuando hacemos las cosas de cualquier manera por el hecho de que todo el mundo hace lo mismo. O es que al final ¿somos como otros animales y necesitamos ser gregarios y sentirnos protegidos por lo que hace el resto? ¿Sólo actuamos cuando actúan otros y nosotros no hacemos nada por propia iniciativa? Buscamos sociabilidad juntándonos en lugares cada vez más deshumanizados. Es como cuando vamos a tomar algo a un bar, pero no hay nadie. No entramos. En realidad no queremos hablar con otras personas, pero nos reconforta el que haya más gente. ¡Qué paradojas! El comportamiento del ser humano a veces es indescifrable.

Ah, y la próxima vez comparen los precios que tienen en los centros comerciales con los que tienen las tiendas de siempre. Se llevarán una grata sorpresa. Además, el rato de charla con el tendero de toda la vida, no te lo cobra.

Rucio