28 dic 2009

Cosas de deportistas


Esta mañana cuando salí de mi cobertizo el viento me tiró las orejas para atrás. No me dejaba ponerlas tiesas. Vamos, que parecía que estaba montando en moto. Así que como el día está muy desapacible, hoy he decidido quedarme en casita. Un buen libro, los periódicos y un ratito de radio a la orilla de la chimenea, -como cantaba Sabina-, son grandes placeres que no se pagan con nada. Y esta tarde, un poco de estudio, que como bien saben es mi mayor ocupación en esta tan feliz prejubilación a la que decidí acogerme.

El caso es que leyendo los periódicos me encuentro con otra noticia sobre deportistas en la que el deporte que se practica no es el protagonista precisamente. En las últimas semanas ya son unas cuantas las, llamémosle, “noticias curiosas”. Recordarán que hace cosa de un mes, los periódicos anunciaban entre risas y alborozo como un jugador había recibido una tarjeta amarilla en un partido de fútbol por lanzar una ventosidad a escasa distancia de la cara del árbitro. El colegiado estaba inclinado y cuando el jugador se agachó a colocar el balón antes de sacar una falta, éste aprovechó para soltar aire cargado de sustancias nocivas. Ahora, la Federación inglesa está estudiando sancionar al jugador con dos partidos de suspensión por “actitud injuriosa hacia el árbitro”. Como dice un buen colega, hay veces que es preferible perder un amigo que romper una tripa.

Otra de las noticias que llegan desde las Islas Británicas tiene que ver con John Terry, capitán del Chelsea y de la selección inglesa. Por lo visto, el jugador cobra dinero por hacer visitas guiadas y secretas a las instalaciones de su equipo sin que lo sepan ni su entrenador, ni los dirigentes. Junto con un coleguita reventa organizan a grupos de gente y los pasan por el centro de entrenamiento para sacarse un sobre sueldo. Por cada uno de estos grupos cobra, -ojo al dato, que diría el otro-, 11000 euros. Hay que ser cutre, para hacer esto cuando se gana, como en su caso, 9 millones de euros al año. En fin, debe ser que no llega a fin de mes para pagar la hipoteca.

De todos es sabido que hay muchos deportistas, sobre todo futbolistas, que les gusta más la fiesta que a un tonto un lápiz. Bueno, parece ser que a algunos también les gusta la post-fiesta y lo que sucede tras salir de una discoteca. Hace menos de un mes, el jugador del Real Madrid Benzema estrelló su coche levemente contra un árbol cuando iba camino de casa después de un partido. Dicho jugador se encontraba hace un par de días de vacaciones junto a un famoso rapero francés en las Islas Reunión. Ambos salían de celebrar el cumpleaños del futbolista de otra disco, se subieron a un coche deportivo y poco después se pegaron una excursión por el campo. Por Dios, que alguien le dé a este hombre cuando salga de noche una bicicleta. Bueno, una bicicleta y un casco.

Otro futbolista experto en meterse en líos es el jugador del Valencia, Miguel. Hace unos años se vio envuelto en un incidente discotequero en el que no faltaron los puñetazos, pero ahora de puñetazos pasaron a tiros. Les cuento. Resulta que el jugador y unos amiguetes estaban de fies en Lisboa y quisieron tomarse la penúltima en un local que ya había cerrado. La cuestión es que allí se produjo un altercado, supongo que por no dejar entrar a tan insignes personas, y uno de los colegas de Miguel sacó una pistola y se lió a tiros como si estuvieran en pleno Oeste americano. Por supuesto acabaron detenidos, aunque no creo que tardaran en salir del calabozo.

Pero el caso que se lleva la palma, ha ocupado portadas y ha sido retransmitido en directo es el del golfista Tiger Woods. El pastel se descubrió cuando el deportista alegó que había tenido un accidente de coche y se había golpeado en la cabeza, pero resultó que su mujer se enteró de que se la pegaba con otra, bueno, con otras dos, uy no, con tres, pues va a ser que eran cuatro, no, no, no eran cinco, ¿o eran seis?, no sé quizá siete u ocho, o a lo mejor nueve, anda que si eran diez u once, puede que hasta trece, y … al final, lo ha confesado la última amante, eran catorce. Como ya he perdido la cuenta, les decía que la mujer se enteró que se la estaba pegando con “a saber cuantas”, agarró uno de sus palos de golf y le arréo con ganas. No es para menos.

Las últimas informaciones señalan que se ha pasado muchas noches en los casinos de Las Vegas, en torno a una mesa de juego, fumando y bebiendo con amigos y rodeado de chicas. Y la pregunta es, ¿cómo puede ser el mejor golfista del mundo con semejante estrés de vida? Claro, ahora que no puede hacer nada de lo que le gusta anuncia que se retira por un tiempo.

Va a ser lo que decía Romario, -que últimamente sale en un anuncio-, que para rendir bien necesitaba salir de fies la noche anterior. Nada mejor para un espíritu positivo y un buen ánimo que las relaciones sociales. Si señor.

Siguiendo esta teoría propongo que el día 1 de enero sea laborable. ¡Menuda producción iba a tener este país tras la Nochevieja!

Rucio

13 dic 2009

Conflictos diplomáticos


No, si ahora va a ser que los pájaros se tiran a las escopetas. ¡Lo que tiene uno que ver! Uno ya es un burro un poco mayor para ver la cantidad de tonterías que pasan en el mundo. No hay día que no falte alguna. Eso si, ya les aseguro que nos quedan por ver muchas más.

Seguro que ustedes están muy al tanto. Bahía de Algeciras. 21:00 horas. Cuatro guardias civiles controlan un barco fondeado en las aguas de la bahía cuando, oh sorpresa, de repente sale a toda velocidad una lancha semirígida con dos personas a bordo y en dirección al Peñón. Dada la cercanía, los agentes españoles, que están a punto de darles caza, se meten en el puerto de Gibraltar. La lancha de los narcos embarranca debido a la persecución y los guardias civiles les trincan como es debido.

Pero en estas que llegan unos agentes de la policía gibraltareña y les dicen que de eso nada, que no puede ser, que han invadido territorio británico y que tienen que detener tanto a los dos narcos como a los cuatro guardias civiles.

Obviamente la policía gibraltareña, -profesional donde las haya-, les quita las armas reglamentarias y retiene a los agentes pertenecientes a la Guardia Civil en comisaría. El resto de la historia ya se la saben ustedes muy bien.

Vamos a ver, ya sé que soy un poco borrico, pero aquí hay algo que se me escapa. ¿No se supone que los agentes de seguridad están persiguiendo a unos narcotraficantes, y de lo que se trata es de atraparlos sean de donde sean? Vale, estamos de acuerdo, ya sé que hay leyes que rigen las fronteras y los territorios y todas esas cosas y hay que tenerlo en cuenta. Pero yo me sigo preguntando, ¿la policía gibraltareña de verdad piensa que los guardias españoles entraron con el deseo ferviente de invadir terreno británico o por el contrario, lo que tenían era unas ganas locas de echar en guante a los narcos? No sé, yo la respuesta la tengo bastante clara.

Va a ser que yo no entiendo de diplomacia o que precisamente con tanta diplomacia de por medio los malos campan a sus anchas, entran, salen y pasan fronteras como Pedro por su casa, mientras unos países y otros se pasan el día mirando mal al vecino porque ha puesto su pié encima de la línea trazada.

En general, yo entiendo que las fronteras son paso de tránsito normal para gente normal y paso de control más exhaustivo para los malos. Lo que pasa es que en cada paso fronterizo se da justo lo contrario. La buena gente se pasa las horas aguantando el chaparrón y los malos pasan tan ricamente.

El caso de Gibraltar tiene unas condiciones un tanto especiales y les apuesto un mazapán de los que se van a comer esta Navidad a que a la mayoría de los políticos les da igual y encima no sabría ni explicar.

Primero, Gibraltar se siente con una impunidad total y cada vez que pasa una tontería de éstas levanta el dedo acusador diciendo que, cuidado, que con ellos España no se mete. Segundo, todos los políticos españoles desde hace décadas, agachan las orejas, levantan el teléfono y piden disculpas. No hay ni uno que se atreva a poner las cosas claras y a decir que ciertas situaciones no se le pueden permitir a nadie, sea quien sea. Y tercero, Gibraltar está en constante acecho para que en cuanto pase el más mínimo conflicto salga dando voces, sintiéndose tremendamente agraviado.

Y todo esto pasa como si tal cosa. El caso es que si alguien se atreve a levantar las alfombras del Peñón se podrá ver que allí hay trapos sucios a manta. Gibraltar, creo recordar, tiene alrededor de 30000 habitantes y unas 40000 sociedades. ¡Qué cosas! O a mí no me cuadran las cuentas o cada llanito tiene más de una empresa. Es decir, allí cada sociedad esconde más paraísos fiscales con dinero negro y más narcotráfico que pájaros hay en el cielo. ¡Increíble!, que diría el cantante de los rizos, ese que da tantas vueltas.

En fin, con semejante negocio y con tanta impunidad, como para que los llanitos no te digan –con ese acento tan británico- “por zupuezto, nozotro zomo de Hibraltá”.

Mi colega el burro Bruno y yo estamos pensando en pedir la nacionalidad gibraltareña. No sería dificil encontrar algún negociete que nos sacara de pobres.

Rucio

1 dic 2009

Aulas de hoy en día



Hace unos días apareció en los medios una noticia un tanto llamativa en la que un profesor había sido denunciado por un padre por haber castigado a su hija. Según cuenta la mencionada información, parece ser que el docente castigó a la niña poniéndola cara a la pared por no hacer las tareas y le hizo copiar cien veces “debo hacer lo que me manden”. Esa misma noticia dice que en ese momento la niña “se angustió y vomitó”.

Después de esto, y según la versión del padre, el profesor “obligó a la menor a recoger el vómito". El profesor, por su parte, “negó que la niña vomitara”.

A ver, cada alumno es un mundo y hay muchos profesores diferentes. Yo no tengo ni idea de lo que pasó, pero me atrevo a decir que de cien veces que pase esta situación en 97 sería verdad la versión del profesor y en 3 se daría la versión del padre. No digo que no haya profesores que se pasen un rato largo, pero nadie trabaja de profesor con el objetivo de machacar a los alumnos. Entre otras cosas, porque los chavales de hoy en día son los que se encargan de machacar a los profesores con la inestimable colaboración de algunos padres. En fin, sea como fuere el tema del profe, el padre y la niña, les aseguro que hace unos años no se hubiera producido.

El prado en el que pasto está a las afueras del pueblo y el instituto de secundaria me queda relativamente cerca. De hecho, coincido muchas veces en el mismo bar al que van a tomar café los profesores y muchos de ellos son amiguetes. Así pues, entre lo que veo y lo que me cuentan me puedo hacer una idea bastante aproximada de cómo está el patio educativo. Podría contarles más aventuras que una novela de caballería.

Un carca y prejubilado burro como yo vivió otro tipo de escuela cuando era un equino jovencito. Desde entonces las cosas han cambiado mucho, unas cuantas afortunadamente para bien, pero otras cuantas desafortunadamente para muy muy mal. Las que han cambiado para mal están haciendo de nuestros chicos, -y perdonen que lo diga así de claro y de rotundo-, unos perfectos gilipollas. Ya les garantizo que dentro de unos cuantos años lo vamos a lamentar mucho, ellos y nosotros. Pero aquí no pasa nada, mientras tanto, vamos tirando que vienen dando. Y el que venga detrás que arreé.

Supongo que los chicos tienen parte de culpa. Cada día son más apáticos, más pasivos y más acomodados, pero no tienen toda la culpa. Ni mucho menos. Entre todos hemos creado una sociedad que cada vez más lleva a estos chicos a pensar y a sentir así. Si me pongo a repartir culpas puedo llenar un par de folios. Resumámoslo en políticos, padres y sociedad en general. Políticos ineptos, incapaces todos ellos, gobierno tras gobierno desde hace años, de hacer nada coherente por la educación. Padres megamodernos y superconsentidores que creyendo que con darle todo iban a hacerlos mejores. Y sociedad empachada de si misma, sin voluntad ni ganas, que ofrece una imagen en la que vale todo, de cualquier manera y a cualquier precio.

Parece que añoro los tiempos de “la letra con sangre entra”. Para nada. Lo que si añoro es un tiempo de ponerle ganas, interés e ilusión a las cosas que se hacen cada día en un aula. Y eso hoy no se ve ni en fotografía. Con el grado de conocimiento y los medios que tenemos ahora se podrían hacer auténticas maravillas y todos los chicos tenían que estar dando palmas con las orejas. Sin embargo, les invito a que se pasen algún día, con calma, por un centro y observen. Se darán cuenta de que para el 90 por ciento de los alumnos el hecho de estar en clase y recibir una educación es una auténtica tortura. No quieren estudiar nada. No quieren hacer nada.

Me pregunto qué hemos hecho y qué estamos haciendo para que los chicos sientan esto. Menos mal, que el 10 por ciento restante sigue en la brecha. Siempre hay alguien o algo que merecen la pena.


Rucio.



24 nov 2009

Cada seis segundos muere un niño


Hoy vengo con la tecla un poco caliente, así que perdónenme de antemano si alguien se siente ofendido. Siento decirlo, pero el género humano no tiene arreglo. Antes se acaba el mundo. Y a este paso, y viendo como está el patio, no sé si le quedará mucho. Ese hombre tan inteligente y tan ser superior, con respecto al resto de animales, no es nada de nada, y cada día menos, cuando es capaz de cometer más y más atrocidades.

De verdad que en esta vida ya no me sorprende nada, bueno casi nada, pero hay cosas que un burro como yo no podrá entender nunca. Casi siempre, oh casualidad, son cosas que están relacionadas con las personas, sus egoísmos y su falta de escrúpulos.

Supongo que siempre ha pasado y seguirá pasando, pero uno no puede dejar de indignarse ante tales situaciones. Les cuento.

No sé si ustedes sabrán, pero estos días se está celebrando en Roma la conferencia general de la FAO. Yo me he enterado por pura casualidad y porque el periodista Juan Ramón Lucas tuvo hace unos días la delicadeza, de buen profesional, de entrevistar a Jacques Diouf, director general de la FAO. Al resto de los grandes medios de comunicación (siempre hay algún medio pequeño que es la gran excepción) no les interesa en absoluto, entre otras cosas porque a esta conferencia no ha acudido ni un solo presidente europeo. Están demasiado ocupados intentando acabar con la crisis, con la corrupción y con los mil y un problemas que todos ellos crean cada día. Como para que les preocupe que haya en el mundo 1000 millones de hambrientos.

De lo que sí estoy seguro que han oído hablar, es que cada seis segundos muere un niño de hambre en el mundo. De esto, los grandes medios si han informado, aunque no estoy seguro de si lo han hecho por lo que tiene de gran titular o por qué realmente les importa.

El caso es que cuando escuchaba a Juan Ramón Lucas en la entrevista a Jacques Diouf me quedé mucho rato dándole vueltas a un dato que comentó el director general: con el dinero que se invirtió en ayudar a los bancos hace unos meses se podía solucionar la crisis de hambre en el mundo. En tan solo unas semanas los gobiernos surtieron a los bancos del capital necesario para paliar la crisis financiera y para ayudar al resto de empresas y clientes a tener dinero necesario para sus negocios y pagos. Pero, oh nueva casualidad, las arcas de los bancos se han cubierto, pero la crisis no ha pasado y a los clientes no les dan un crédito ni para comprar un chicle en un kiosco. Menos mal que siempre hay un banco o caja pequeñita que nos saca de apuros. Los bancos grandes con publicidad por todo el mundo,(y subidos a los formula 1), ya saben por qué cada vez son más grandes y cada día ganan más cuando el resto pierde más.

¡Qué rápido tomaron las medidas para los grandes bancos! ¡Qué fácil es dar dinero, precisamente a quien más dinero tiene! ¡Qué sencillo es tomar medidas para solucionar problemas que nos afectan! Y ¡qué difícil es tener el coraje de hacer algo por la gente que está lejos y que tiene tanto derecho como nosotros a comer y no morir de hambre!

Cada seis segundos muere un niño, pero a los líderes mundiales, políticos y grandes empresarios es lo que menos les preocupa. No es por falta de recursos, no. Es un problema de prioridades que nadie quiere poner en orden.

Hay muchas injusticias y a cada uno nos duele la nuestra. Pero ojalá nunca nos veamos en la situación de sentir la mayor de las injusticias, el no poder llevarse nada a la boca.

Rucio

15 nov 2009

El tupé de Elvis


“Hay gente pa tó”. Según unos, esta frase la dijo el torero Rafael Guerra “Guerrita”. Según otros fue el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo”. Fuera el torero que fuera,-también podía haber sido Jesulín o el mismísimo Tigre de Ambiciones-, el caso es que según muchos, la frase nació de una anécdota que ustedes conocerán o de la que habrán oído hablar. Se cuenta que después de una corrida cuando el susodicho torero se reunió con sus amigos, periodistas y gente relacionada con las artes taurinas apareció por el hotel el gran Ortega y Gasset, el cual fue presentado al famoso torero como filósofo. El torero, sabio él como pocos, preguntó ¿filósofo? ¿y eso que es? Cuando le explicaron que se trataba de una persona que trabaja sobre las ideas y el pensamiento, el diestro sentenció, así con un par: “hay gente pa tó”.

Sin que tenga nada que ver con lo anterior, esta frase me viene al pelo, y nunca mejor dicho, como podrán observar en breves instantes.

El caso es que esta mañana me desperté temprano, fuera hacía un viento huracanado y en mi tenada, dentro del cobertizo, se estaba la mar de calentito. Puse la radio mientras me acababa de desperezar y tras las noticias más serias, -esas en las que todos los políticos nos siguen vendiendo la misma moto-, el periodista comentó, con una risilla entre los dientes, que una casa de subastas británica ha recabado mil ciento y pico euros por un pelo de Elvis. Si, un pelo nada más, igualito o parecido a los que usted tiene en su cabeza.

Según cuenta la noticia, el que fuera barbero personal durante veinte años guardó bastantes recortes de la cabellera de Elvis. El peluquero en cuestión se encargaba de cortarle y teñirle el pelo rubio, -si, si, han leído bien, ¡Elvis era rubio!- y cuando el rey del rock murió empezó a venderlo. Ahora, y tras el fugaz paso por una subasta, ya saben su final: alguien tiene en su casa o en un museo un pelo de Elvis. Y la pregunta es, ¿para qué lo quiere?

Como bien saben, esta noticia es la continuación de otra que apareció hace un mes cuando subastaron el tupé que se cortó antes de ir a la mili. Pero claro, como un tupé son muchos más pelos, les salió la puja por unos 15000 dólares, nada más.

Supongo que un disco, una guitarra, si me apuran hasta el traje blanco hortera, ese que algún imitador se sigue poniendo mientras casa a tropecientas parejas en Las Vegas al ritmo de aguambabulubabalambambu, tiene su aquel. Pero, ¿un pelo? ¿Cuál es el objeto de tener encima de la chimenea de tu casa un pelo de Elvis por muy auténtico que sea? Y encima por una pasta gansa. Como decía el otro, “hay gente pa tó”.

Por supuesto, cuando esta mañana me estaba tomando unas cañas con mi colega el burro Bruno y demás parentela, comentamos la noticia como si se tratara de un debate de los que organiza Sánchez Dragó. Bruno señalaba que nosotros los burros cuando nos esquilamos nos quitan pelo para 50 museos. Otro contertulio, fiel a las cañas de los domingos, proponía ir trasquilando a alguien que se vaya a hacer famoso en el futuro. En ese momento todos miramos a "Rosendo", el camarero con una cabellera más cuidada que Pocahontas. Fiel seguidor de los Obús, Barón Rojo y, cómo no, Leño, siempre afirma que su sueño es tocar la guitarra con su grupo de rock ante 20000 personas y si puede ser en Las Ventas.

Es posible que mañana aparezca con la cabeza más despejada que Don Limpio.

Rucio

11 nov 2009

Aterriza como puedas


Como todos ustedes saben Asterix y Obelix eran unos tipos valientes capaces de dar de guantazos a medio Imperio Romano antes de desayunar. Sólo temían una cosa, que el cielo cayera sobre sus cabezas. El cielo, de momento, no sé si caerá, pero no iban desencaminados.

Los científicos nos cuentan que un meteorito –una piedrecita de nada- hizo desaparecer a los dinosaurios. Si algún día se va la gravedad, como cuando se va la luz un par de segundos, es posible que los satélites que tenemos dando vueltas a la tierra se lancen hacía nosotros como flechas. O imagínense que los astronautas de la estación espacial internacional están jugando al tute, y con eso de la emoción del momento le pegan, sin querer, al botón de arranque cuando uno de ellos canta las cuarenta. Pues seguramente nos encontremos aparcada la estación al lado del Seat León que tenemos a la puerta de casa. Muchos de ustedes recordarán que Paco Rabanne vaticinó hace años que la estación iba a caer sobre París. ¡Qué crack, acertó de lleno! ¡Menos mal que no se dedica a dar el pronóstico del tiempo!

Puede, -nunca se sabe- que aparezca Superman y se nos plante en el balcón o hasta que pase por delante de nosotros un burro volando.

Todas estas cosas son posibles pero improbables. Lo que de verdad es posible y cualquier día probable, es que nos pidan permiso para que un avión aterrice en nuestro jardín. No por nada especial, no, sino porque algunos de los pilotos que controlan esos pájaros están a uvas. Sería mejor que se dedicaran a volar avionetas de las de control remoto.

Recordaran cuando hace unas semanas dos pilotos se enfrascaron en una airada discusión y se olvidaron que tenían que aterrizar. Cuando se quisieron dar cuenta, se habían pasado 230 kilómetros de su punto de destino. Por lo visto, era tal la discusión que ni siquiera escucharon las llamadas de la torre de control. Vamos, que más de un controlador tendría principio de infarto viendo la situación y estos se pasaron 17 pueblos.

Pero para completar el cuadro aeronáutico, hoy aparece otra noticia en la que se cuenta que han detenido a un piloto cuando se disponía a despegar porque superaba la tasa de alcohol permitida. Supongo que para los pilotos llevar un pajarraco de esas dimensiones es como montar en bicicleta, solo que un poco más alto. Me lo estoy imaginado, comida con el copiloto y las azafatas, que corra el vino, chupito para que baje el postre y whiskito detrás del café. Y vamos, Larry, que tenemos que llegar a Chicago antes de las diez, que me espera mi Churri para cenar. Es más, ahora en el viaje una siestecita y como un rey.

Si las compañías de vuelos cobran un riñón y te pierden todas las maletas, en los aeropuertos te registran más que a un delincuente en la cárcel y los pilotos son capaces de dejarte en cualquier parte del planeta, la próxima vez me voy en barco que a mí eso de los burros volando no se me da bien.


Rucio

1 nov 2009

Pintadas y naturales


Me llama mi colega el burro Bruno para preguntarme dónde me meto, pues no se me ve pastando por el prado y no he bajado al bar a tomar el café de todas las semanas. Es más, -me dice-, en la página esa en la que sueles escribir no hay nada nuevo. La verdad, -le contesto-, es que he tenido más trabajo que el ascensor de un hospital, -fíjense cuando vayan a un hospital como los ascensores no paran ni diez segundos al día- y no he tenido nada de tiempo libre.

Como ustedes saben, desde que me prejubilé me dedico a las labores intelectuales, y aunque dicen que el saber no ocupa lugar, al menos si lleva su tiempo. Y en ello he andado y ello ando todavía, sacando adelante mis estudios y mis cursos. Según está el patio, lo mejor es estar preparados para insultar con educación a la panda de golfos corruptos que tenemos por políticos en este país. Se llevarán nuestro dinero, pero al menos no nos tomarán por tontos.

Así que nada, me bajé al bar a tomar ese café con Bruno y demás parentela y allí comentamos las noticias y dimos cuenta de lo mal que anda el género humano de la azotea. Sólo hay que ver el tipo de cosas que hacen ciertas personas “humanas”. Cada vez vamos a peor. Y si no “al tiempo”, que decía mi abuelo. Algún día les hablaré del burro sabio que fue.

Una de estas noticias, que estoy seguro que ya han escuchado en el telediario hace unos días, ocurrió en el vecindario del Albaicín, en Granada, que harto de ver cada vez más pintadas decidió vigilar por la noche al acecho del grafitero gamberrete. Para su sorpresa, ese grafitero no era otro, pásmense, que todo un profesor universitario. Denunciado hace meses a la policía, el tío volvió a las andadas hace unos días, poniendo acotaciones y puntualizando las pintadas que hizo antes, con temática obscena y pornográfica.

Cuando los vecinos se enteraron de quién hacía semejantes obras de arte y de que vivía en el barrio se quedaron alucinados. Sin comentarios.

Otra de las noticias, que en este caso pocos de ustedes saben, me la pasó otro burro que es buen amiguete y reside en Ávila. Me la mandó por correo electrónico con el siguiente titular del Ávila Digital: “Un abulense toma por morlacos a dos policías para emular a José Tomás”. Entre tantas noticias que nos cabrean a más no poder, ésta es una de las que te alegran el día.

La historia sucedió en Salamanca cuando un estudiante abulense volvía de juerga a las siete de la mañana,-o estaba todavía en ella, que para el caso es lo mismo-, su destino le llevó a pasar por la Plaza mayor y decidió torear a una patrulla de la Policía Local. El hecho no hubiera ido más allá sino fuera por la afición taurina del joven y del agente policial encargado de redactar el parte de la detención, que da fe de la afición al arte de Cúchares de ambos.

Ocurrió a las siete de la mañana del sábado cuando el joven estaba haciendo recortes y “toreó por naturales”, según dice el parte policial recogido por Efe, a una máquina barredora que a esa hora de la mañana hacía la limpieza habitual. Al poco llegó una dotación de la Policía Local, cuyos agentes dejaron en el parte policial detalles de los pases del estudiante.

El vehículo policial fue recibido por el joven con “dos naturales y un derechazo”, y cuando uno de los agentes se bajó del coche, el diestro salió “corriendo como si fuera un encierro”. No salió a hombros, sino que tuvo que ser perseguido por la Plaza Mayor y varias calles adyacentes, como la de Espoz y Mina y la plaza del Mercado, y logró ser identificado en la calle Clavel, donde fue denunciado por alteración del orden público. ¡Qué arte! Está para los tigres, pero !que arte!. Al menos nos echaremos unas risas.

Rucio

12 oct 2009

Cosas que pasan


Vaya, vaya. Qué casualidades tiene esta vida. He estado fuera unas semanas por esos mundos de Dios y ahora a mi vuelta cuando pongo de nuevo el telediario empiezan a salir unos cuantos polvos de aquellos lodos.

La última, como bien recuerdan ustedes iba de Silvio, oh si, Silvio il divo, Berlusconi. No sé si serán estas orejas tan grandes que tengo, pero me daba la sensación de que algo iba a pasar con él. Como bien saben, su intención era poder seguir haciendo con total libertad lo que quisiera. Y digo era, en pasado,- y menos mal- porque unos jueces italianos le han denegado la ley que le otorgaba total impunidad para poder hacer en Italia cualquier cosa que se le pasara por la cabeza (y a éste se le pasan por la cabeza cosas muy raras) sin que nadie le dijera nada de nada. Claro, el tito Silvio está ahora que echa espumarajos por la boca. Pero bueno, ¡cómo le puede pasar algo así al más grande primer ministro italiano de la historia!

Por otro lado, en política nacional siguen saliendo más capítulos a la luz de las tramas corruptas, más cosas raras entorno a la crisis, mociones de censura en ciudades por las que se mueve mucho dinero. Esa es otra. ¡Manda huevos, -como decía aquel- la moción de censura de Benidorm! ¡Manda huevos que pocos escrúpulos tienen, tanto unos como otros, para hacer y deshacer el cotarro a su antojo! Qué casualidad que todo esto pase siempre donde se maneja mucha pasta. Aquí en mi pueblo, en este rinconcito del mundo en el que vivo y pasto, donde no hay ni un euro, la gente no quiere ni presentarse para alcalde. No sé, casualidad.

Pero yo, mejor dicho, mi colega el burro Bruno y yo, cuando mejor nos lo pasamos es cuando habla en público este político tan simpático que viste gafas oscuras y parece salido de la mafia de Chicago, Carlos Fabra. De verdad que es más divertido que un chiste de Eugenio. Cuando llegaba de vuelta a mis aposentos hace unos días, pongo la radio y lo primerito que escucho son unas declaraciones en las que el insigne presidente de la Diputación de Castellón habla sobre el tema de la corrupción de su partido. Preguntado por unos periodistas si tiene que haber dimisiones, éste contesta que “en este país dimite poca gente” y refiriéndose al partido que gobierna continua con una frase lapidaria, de las que pasarán a la historia: "que estos hablen de corrupción, hay que caérsele a uno los huevos del sitio". Si señor, rotundo y sonoro. No se puede expresar mejor con menos palabras. La Real Academia Española de la Lengua no puede desaprovechar tanto talento, tanta verborrea, tanta poesía.

Desde aquí propongo, a quien corresponda, la candidatura a un sillón de la Real Academia para el señor Fabra. Es más, cuando quede libre el sillón correspondiente a la letra G mayúscula, éste debe, sin duda, ser para él. Como todo el mundo sabe, sería todo un detalle que se postrara en tan ilustre letra, la G de… gigante de las letras.

Rucio

14 sept 2009

¡Oh Silvio, Silvio!


Como ustedes saben, la película Una terapia peligrosa cuenta la historia en la que el personaje que interpreta el gran Robert De Niro es uno de los capos de la mafia más poderosos de la ciudad y los mafiosos están preparando una reunión de todos los capos para decidir quién será el nuevo jefe de todos los jefes, il capo di tutti capi. No sé si se escribe así en italiano, ma mi dispiace, non parlo italiano, questa bellisima lingua.

Días antes de celebrarse la citada reunión, el personaje de Robert De Niro, sufre unos imprevistos e inoportunos ataques de ansiedad y teme que el resto de mafiosos con los que comparte intereses por un lado, pero competencia y enemistad por otro, le vean como un cobarde y no le elijan como el gran jefazo, il capo di tutti capi.

Todo esto viene al hilo de las últimas noticias sobre Silvio, oh si, Silvio Berlusconi, ese gran conquistador italiano de velinas, a la par que insigne presidente de la República Italiana. Al contrario que en la película, il cavaliere no sufre nunca ansiedad. Tiene más cara que dinero.

Si los políticos en general son infames a más no poder, lo de este impresentable no tiene nombre. Ya saben que mi colega el burro Bruno y yo solemos comentar las últimas jugadas sobre lo que pasa por el orbe, y hace unos días nos echamos unas risas cuando Berlusconi se proclamó, así por la cara, atención queridos mamíferos, “el mejor primer ministro de Italia en sus 150 años de historia”. ¡Cómo será el peor! Bueno, mi amigo Bruno acabó llorando de la risa.

Éste si que actúa como el gran jefazo de todos los jefazos y a ojos vista. Conjuga a la perfección esa mezcla de político, mafioso, empresario y chulo que se cree amo y señor del mundo. Ya hace años, antes de ser político de renombre, su gran deseo era ser primer ministro de la República para tener inmunidad debido a los trapos sucios y chanchullos que tiene a diario en sus empresas. Si hoy en día el fútbol y la tele controlan un país, aquí el tito Silvio es dueño de varias televisiones y del Milán, nada menos.

En los últimos meses ha sido acusado de llevar prostitutas y famosas velinas a sus residencias oficiales en las que ha organizado numerosas y grandiosas fiestas para agasajar a sus amistades. Y no sólo eso, sino que después a alguna de estas chicas las ha promovido para ser candidatas del partido y así optar a escaños del parlamento. ¡Per tutti los santi! o como se escriba.

Ya con unos cuantos escándalos a sus espaldas su partido ganó con amplio margen las elecciones europeas. Y es que esa es otra. Me pregunto qué tienen los italianos en la cabeza cuando votan a Berlusconi. No hallo respuesta. Misterios de la humanidad. A lo mejor es lo que decía el propio primer ministro, que les gustaría ser como él y que gusta a los italianos con un 68% de aprobación. No sé, algún día lo sabremos.

En fin, que ustedes saben mejor que yo todas las tonterías que hace este hombre. Cada vez que me acuerdo del día que se escondió detrás de una columna y le dió un susto a la canciller Merkel se me ponen las orejas más grandes que una parabólica.

Lo malo es que tiene mucho poder y control, y parte de Italia y algo de Europa le siguen el juego. A mí me da igual lo que haga Berlusconi en su tiempo libre, y más si lo paga de su bolsillo, pero mucho me temo que es otro de los que se pone el mundo por montera a costa de los italianos. Como político actual, del siglo XXI, es de los que se creen que el resto de la gente es imbécil y puede hacer lo que quiera con total libertad.

Rucio

28 ago 2009

Hormigas


Estas semanas de verano en las que el sol aprieta acostumbro a levantarme temprano y a darme un paseo por el campo antes de que el calor impida el andar placentero. Cada día salgo de mi tenada en la que duermo tan ricamente, observo el cielo mientras me estiro para desperezarme y escruto concienzudamente el horizonte en un atisbo de adivinar como se presenta el día.

Como les cuento, tras mi correspondiente ración de cereales y antes de ponerme a pastar un rato en mi prado, es para mi un verdadero placer ese primer paseito de la mañana por los prados y campos colindantes. Y así iba esta mañana, por uno de ellos que suele estar ocupado por unas vacas blancas, grandes y hermosas con las que suelo charlar de vez en cuando. Ya de vuelta y mirando el suelo un tanto irregular, vi un hormiguero enorme del que salía un camino espectacular (toda una autopista) que las hormigas han construido con su continuo ir y venir en busca de su apreciado alimento para el invierno.

No, no les voy a contar otra versión del cuento de la hormiga y la cigarra. Ya todo el mundo se lo sabe, así que cada cual que se aplique la moraleja. Lo que les quiero contar es que me quedé maravillado viendo el continuo trajín apacible y sereno de las hormigas y como éstas trabajan cada verano sin descanso. Ya son muchas veces las que me he parado a ver su gran trabajo y organización. Si tienen ocasión no duden en hacerlo, les garantizo que les va a gustar mucho.

El caso es que allí estaba ese hormiguero rodeado en su superficie de grandes cantidades de hojas que le han quitado al pequeño cereal y que tras almacenarlo en sus dependencias subterráneas sacan afuera. Estos pequeños seres negros en constante movimiento saben perfectamente lo que tienen que hacer, y así estaban ellas, unas en una dirección a buscar comida y otras ya de vuelta con el grano a cuestas.

Es impresionante ver como muchas arrastran un grano que les dobla en tamaño y en peso, pero por mucho que les cueste no soltarán hasta que lo depositen en su almacén. En estas estaba, viendo su perfecto y admirable trabajo, cuando me llamó la atención una de ellas. No era de las más grandes. Era más bien pequeñita. Sin embargo, llevaba un grano tres o cuatro veces mayor que ella y se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo. Miré hacia el hormiguero y vi que le quedaba un largo recorrido hasta el final. Decidí seguir su peripecia atentamente y no perderla de vista.

Poco a poco iba avanzando, más rápido o más lento dependiendo del terreno, hasta que llegó a un tramo donde se encontró con un montículo de tierra rodeado de pajas a los lados. No había suficiente espacio para que el grano pasara entre el montículo y las paredes. La hormiga, con gran empeño, tiraba y tiraba del grano, pero no había manera de hacerlo pasar por tan estrecha zona. Con cuidado y en un intento de ayudarla decidí quitar el montículo y las pajas con mi pezuña. Pero claro, la hormiga no lo entendió así y viendo la amenaza sobre su cabeza soltó el grano y salió zumbando.

Así que allí se quedó el grano, en medio del camino, con el resto de hormigas pasando a su lado sin detenerse. Al poco rato pasó una hormiga grande. Se detuvo y examinó el grano como preguntándose por qué estaba allí. Ah, mira, me dije, ella va a proseguir con el trabajo y como su tamaño es mucho mayor, no le va a costar tanto. Arrastró el grano un instante, pero en seguida se paró y miró a su alrededor. Volvió a coger el grano, pero se volvió a parar y volvió a mirar, desconcertada.

Y así estaba yo, inquieto, observando la situación y expectante por saber que pasaba, cuando de repente llegó la hormiga pequeñita, la que salió corriendo ante mi amenaza. Con gran resolución, cogió de nuevo su grano y prosiguió su camino como si no hubiera pasado nada.

La acompañé el resto del trayecto con mi mirada y la vi perderse dentro del hormiguero. Supongo que le quedaría bastante recorrido hasta llegar a las despensas, pero eso ya pertenece al mundo subterráneo de las maravillosas hormigas. Cuando me marché y dejé a los pequeños seres negros trabajando sentí una agradable sensación, pues la hormiga pequeñita había cumplido perfectamente con su trabajo. ¡Y de que manera!

Rucio

26 ago 2009

La tele de sobremesa


Ya sé que he hablado no hace mucho de la televisión, pero no me resisto a comentar un par de apuntes sobre lo que nos emiten después de comer.

Como ya he relatado en anteriores ocasiones en esta página, cada vez veo menos la televisión. El grado de contenidos es cada día más bajo, infame y barriobajero. No es que me guste más o menos (más bien nada, para que les voy a engañar), es que casi todo lo que emite nuestra amada televisión es aburridísimo hasta decir basta. Sólo hay telenovelas, corazón, cante y baile. Ya no hay una serie un poco aceptable, como antiguamente, que te pegue a la pantalla un ratito tras el telediario.

Resulta que es en verano cuando la gente dispone de más tiempo libre y, por supuesto, de más ganas de rascarse la entrepierna y no hacer ni el huevo. Ante esto lo más proclive es sentarse en una silla playera a ver que te echan en el aparatejo. Y lo que te echan es lo más infame del mundo mundial.

En mi caso lo que hago después de comer es pegarme unas siestas de espanto, pues no hay especie en este orbe que soporte lo que hay. Siempre se dice lo mismo, pero siempre acabas en La 2 viendo como el león se zampa a la pobre gacela en la sabana africana. Que esa es otra. Los documentales de esta cadena están muy bien, pero llevamos toda la vida viendo correr a la pobre gacela que escapa de tres leonas, (los leones siempre se están echando la siesta a la sombra, como yo, los perros), pero al final es atrapada por el guepardo que zapatea más que el Correcaminos. ¡Qué velocidad! Con la cantidad de cosas interesantes que hay, ya podían emitir más variedad. Yo creo que tienen contratadas a las mismas leonas y gacelas para todos los documentales. Pero como me decía un simpático amiguete, “¡lo que se aprende viendo los documentales, cosas que uno no sabe ni que existen!”

Otra de las cosas que he detectado es que el tipo que presentaba el sonado tomate tiene un programa nuevo después de comer con lo mejorcito de Telecinco y la Belén Esteban como estrella de la tele. ¡Vaya tela! De hecho esta señora está en casi todos los programas de la cadena. Ya me contarán ustedes el grado de intelectualidad que pueden proporcionar semejantes personas. Si lo grabas y se lo pones a los talibán como tortura te dicen donde está Bin Laden en un plis plas.

Me dirán y con razón que para no ver la tele estoy muy puesto. De verdad que si no hay deporte o serie que me guste sólo veo los informativos, pero al cambiar de cadena, mando a distancia en ristre, bastan unos segundos para saber por donde van los tiros.

El caso es que esta gente de la tele explota la gallina de los huevos de oro hasta decir basta. No se dan cuenta que siguen emitiendo programas que supongo que los telespectadores verán, pero que son aburridísimos (e impresentables) a más no poder. Y si no, díganme ustedes que cantante recuerdan de las últimas ediciones de las operaciones triunfos. Otro formato que siguen explotando es el de los bailongos de la fama. Ya he visto un anuncio en el que vuelven a la carga. Así que nada, otra de baile para la sobremesa. Y a mi no me pregunten que no vi ni el primero de cada uno.

Eso si, el día que vuelvan a emitir el gran primo con la Milá diciendo que es un programa magnífico por el aporte de experimento sociológico que proporciona, prometo que no vuelvo a poner esa cadena en mi tele nunca mais, que diría un gallego. Y ya saben que los burros cuando nos ponemos tozudos, nos ponemos de verdad de la buena.

Rucio

15 ago 2009

Infame clase política


No sé como acabará todo, cualquier cosa es posible en este mundo y en este país donde cada cual hace de su capa un sayo, pero mucho me temo que ésta va a ser una serie por entregas muy larga.

¡Pero qué lamentable es todo esto! Con la que está cayendo, con una crisis como la que estamos viviendo, con sectores claves en un país como son la agricultura y la ganadería, la educación y un largo etcétera por los suelos, y una vez más, - y las que nos queden a lo largo y ancho de nuestra existencia-, nuestra infame clase política se vuelve a tirar los trastos a la cabeza. Y con más saña si cabe. Si eran pocos los despropósitos que han sido capaces de mostrar desde hace varias legislaturas, ahora se enzarzan de nuevo en unas infames acusaciones de espionaje político, de escuchas ilegales y de corruptelas varias. ¡Pero qué vergüenza!

El anterior presidente del Congreso, Manuel Marín, se fue asqueado de la política porque vivió en el hemiciclo y en carne mortal todas las malas formas habidas y por haber de los políticos que dirigen este país. Hasta los de su propio partido. Parecía que aquello daba paso a un periodo de mayor conciliación, donde al menos las formas suavizarían el menosprecio que se profesan los unos a los otros. Pero nada más lejos de la realidad. La crisis parece que saca lo peor de las personas y ahí los tienes, que te da vergüenza ajena cada vez que ves el telediario.

Parece que los últimos casos de corrupción han revuelto el río de tal manera que ahora el partido de la oposición acusa al gobierno de usar los medios judiciales y policiales para espiarlos. Desacreditarlos. Desautorizarlos. ¡Madre mía!

Los juzgados rebosantes de papel por tramitar, de causas pendientes, y ahora estos infames nos van a llevar a paralizar un país para que ellos se monten su película en la que todos se ven tremendamente agraviados.

Los ciudadanos de a pie intentando recortar gastos y ellos gastando cada vez más en asuntos que no resuelven nada. Porque ya me contarán ustedes que ganamos el resto de mortales con todo esto. Nada. Como dice un amigo mío, perder tiempo, dinero y categoría.

Señores políticos, ahora más que nunca hay que hacer política de verdad, política que regule, gestione y administre los recursos, que no tienen que olvidar, son de todos. Hay que arrimar el hombro, proponer soluciones, hacer que las medidas que se tomen se lleven a cabo para que todos sigamos delante de la mejor manera posible. En educación, en economía y en justicia se necesitan pactos de estado entre los principales partidos para salir del enorme atolladero que ellos mismos, - todos- se están encargando de hacer cada día más hondo.

Me van a llamar tonto perdio y con razón, pero se supone que toda persona que se mete en política lo hace para servir al resto de ciudadanos y para nada ser o creerse más que nadie. El cargo y el sueldo es lo suficientemente importante para pedirles cuentas, honestidad y responsabilidad máxima. Si no es así, que se dediquen a otra cosa. Me cuentan mis amigos los burros del Reino Unido y Estados Unidos que allí tienen perlas semejantes, pero al menos las formas son diferentes y algunos criterios como los que vemos por estos lares no se les pasarían ni por la imaginación.

En fin, voy a dejarlo aquí que me enciendo como una cerilla y no es plan. Además, hoy es fiesta y los burros también nos merecemos un poquito de tranquilidad. Voy a llamar a mi colega Bruno y nos vamos a tomar unas cervecitas. Que ya se va poniendo el día caluroso.


Rucio

8 ago 2009

Cartas de admiradoras

A ver como les cuento los pensamientos que me vienen rondando por mi formidable cabeza sin que se me altere el pulso. De verdad que no doy crédito y créanme si les digo que estoy todavía sin asimilar lo que escuché. No puede ser verdad. No puede haber en este mundo alguien tan mal de la azotea.

El caso es que ayer por la tarde cuando el sol ya iba de bajada, concluyo mis pocos quehaceres camperos y me retiro apaciblemente a mis aposentos. Me ducho dándome el correspondiente manguerazo que nos pegan a los burros y me acerco a mi rica ración de cereales. Mientras ceno me gusta ver un poco el telediario, -el parte que dirían los viejos del lugar-, y así me entero de lo último que ha sucedido en el mundo. No es que yo sea muy amigo de ver programas de sucesos, pues cada vez son más sensacionalistas, pero me quedé mirando el programa en cuestión antes de que empezaran los informativos.

En ese momento hablan de las últimas novedades acerca del caso de la chica Marta del Castillo, y su padre comenta que ya está desolado porque la investigación no acaba nunca y ésta no da ningún resultado. Pero lo más duro para este padre es, sin duda, cuando se entera de que el asesino de su hija recibe cartas de admiradoras. Si, si, vuelvan a leerlo por si no se lo creen como me pasa a mi, pero lo han leído bien. ¡Hay chicas en ciertos puntos de este país que escriben cartas a la cárcel donde está este asesino, admiradas y maravilladas por lo que ha hecho! ¡Díganme si no es para alucinar en colorines!

Piensen en ello detenidamente. Piensen en cómo es posible que haya chicas jóvenes que admiren a alguien capaz de semejante acción. Y no es que sólamente lo piensen o lo digan, es que lo demuestran con pruebas como ésta. De verdad que no doy crédito y más cuando fue una chica la asesinada.

Sin acabar de creerme lo que escuché y eso que tengo buenas orejas, acudí raudo y veloz a buscar en internet, pues este último hecho no ha tenido demasiada relevancia en la prensa nacional. En varios medios digitales veo una referencia pequeñita en la que dice que el juez ha levantado el secreto de las actuaciones, que el caso entra en la fase final una vez que tienen la mayor parte de la información y que entre las anécdotas que revela el secreto levantado está que Miguel recibió en la cárcel cartas de televisiones y de admiradoras, e incluso una le regaló una pulsera. ¡Pásmate! Ante esto no tengo palabras.

Que quieren que les diga. Lo de las televisiones no me sorprende. No creo que sea para pedirle una entrevista en profundidad y que con ello se le haga un favor a la sociedad. No quiero pensar mal, pero sabiendo que su moral es el dinero, serían capaces de pagar un cheque en blanco por un poco de audiencia y de morbo. En cuanto a las cartas de admiradoras, o son amigas y conocidas suyas o no tiene justificación ninguna.

Después de esto, sólo cabe preguntarse cómo están siendo educados los jóvenes que tienen semejantes pensamientos y cómo puede haber gente así en esta sociedad.

Rucio


1 ago 2009

La lluvia deseada


Me asomo esta mañana al prado donde suelo pastar. Miro al horizonte concienzudamente y por fin veo unas cuantas nubes que, según dice el parte meteorológico, pueden dejar algunas lluvias débiles. Pasan unos minutos y esas nubes están ahora encima de mis orejas, pero se resisten a soltar el agua tan necesaria. Supongo que dentro de un ratito soltarán algo y ojalá sea durante más de cinco minutos que es el tiempo de media que llueve en los últimos años.

Cuando era un burro jovencito allá por los meses de marzo y abril la hierba que había en los prados me tapaba las canillas. De hecho me llegaba hasta la barriga. No se imaginan que gusto era poder comer a boca llena la hierba fresca y abundante. Igualito que ahora, vamos, que casi no hay briznas que cubran los campos de pastos y la poca que hay es seca y de mala calidad. Yo personalmente no he conocido nunca que se le tenga que dar de comer al ganado en esta época del año.

Estas semanas cada vez que me paseo por los contornos de la vieja Castilla estoy notando un fuerte viento que no se percibía en años anteriores. No sé, no me hagan mucho caso, no entiendo mucho de meteorología, -sólo soy un burrillo que ha pasado muchos años por el campo-, pero lo que sucede con el clima no es ni medio normal. Muchos expertos aseguran que el cambio climático es un hecho. Yo creo que de verdad es así, a pesar de que ciertos políticos estrechos de miras, salvo para las miras de su bolsillo, se nieguen a admitirlo.

Otra de las cosas que debería preocuparnos son las temperaturas. Durante el día se pueden alcanzar temperaturas de 32 o 33 grados y, por el contrario, por la noche descienden hasta los 7 u 8. Es decir, temperaturas propias del desierto. Según me cuentan los burros viejos del lugar, en décadas anteriores, cuando la gente trabajaba en las labores del campo durante el verano dormían en la era a pierna suelta. Hoy eso es imposible. ¡Cómo para que te dé un pasmo!

Como les comento, no se pueden ni imaginar como echo de menos esa lluvia que caía durante horas, a veces durante días, de manera tranquila y sosegada. Sin embargo, miren que paradojas, leo en el periódico de hoy que hay riesgo de fuertes lluvias en 24 comunidades. Hay que fastidiarse, llueve poco y cuando lo hace es de manera torrencial. ¡Para que digan que no hay cambio climático!

También oigo muchas veces que ciertas personas se quejan de que haga mal tiempo y llueva porque se le estropean las vacaciones en la playa. Supongo que en el futuro se van a quejar bastante más cuando no haya agua ni para beber.

Y es que antes en verano había tormentas que dejaban una bonita lluvia. Ahora miro al cielo y lo veo más azul que en los cuadros de Velázquez.

En fin, ustedes los humanos no se cansan de echar porquería a la naturaleza y al medio ambiente y así nos va a todos. Yo cada día tengo menos hierba en mi prado y cada vez tengo que comer más cereales cuando no me corresponde. Espero que no tengamos que lamentarnos, -más pronto que tarde-, por no cuidar adecuadamente el espacio donde vivimos. ¡A ver si nos queremos dar cuenta de una vez!

Rucio



20 jul 2009

Burros por el mundo

Seguro que se acuerdan de mi amigo el burro Bruno. Se lo presenté allá por el mes de junio en una entrega llamada Festival del humor cuando les hablé de lo graciosos que son los políticos de este nuestro país y de lo bien que nos lo pasamos con ellos. Bueno, pues la semana pasada Bruno y yo nos fuimos a cenar fuera. Lo hacemos de vez en cuando y así aprovechamos para charlar con tranquilidad de lo divino y de lo humano.

Mientras cenábamos se veía a unos metros una de esas televisiones modernas, alargadas y planas que parece que se sujetan solas en la pared. Como ocurre en muchos sitios públicos el aparato estaba sin voz, para que dé ambiente más que nada, pero es fácil saber de que pueden estar hablando pues siempre aparecen rótulos.

Cuando estábamos en los postres sale en pantalla uno de esos programas que se han hecho tan famosos y que son todos iguales, de madrileños, castellano-manchegos, navarros o españoles por el mundo. Lo desconozco, pero seguro que también hay andaluces, asturianos, catalanes, murcianos o ve tú a saber de dónde. Y en esas estábamos, cucharilla pequeña en mano removiendo el café cuando el burro Bruno se me queda mirando un tanto serio y reflexivo y me dice: “Colega, la televisión en España está para tirarla a la basura”. No me quedó más remedio que asentir. En mi vida he estado más de acuerdo con algo.

A partir de ahí estuvimos un buen rato hablando de este elemento tan bueno, que puede servir para tanto y como sin embargo, la mayoría de las veces te dan ganas de tirar por la ventana.

Dejando a un lado los programas de corazón y toda esa basura,-ya lo estoy pensando y me empiezan a salir espumarajos por la boca-, a raíz de la conversación con Bruno quería hablarles de la falta de ideas, de la repetición de programas, de lo mal que se hace televisión en este país y, en general, de la poca calidad que tiene.

No es que yo vea mucho la televisión, algún informativo, alguna serie y algo de deporte. Pero claro te la meten en la publicidad en cualquier momento y te acabas enterando de todo.

Creo que fue Telemadrid la que dio comienzo a Madrileños por el mundo. Bueno, pues ya he visto en Japón, en Islandia y en Estados Unidos a las mismas personas en varios programas diferentes. Al menos podrían cambiar de países. Hace unos años también se puso de moda el que un reportero vaya con su camarita retratando vidas de gente de la calle. Pues ya todos los canales tienen uno.

Pero mi favorito es, sin duda, el que se puede ver todas las tardes en cualquier canal que pongas: España, Madrid, Andalucía o Villaconejos de Arriba Directo. Claro, al ser en directo sacan la realidad más inmediata. Así que nada, les apuesto una cervecita con limón a que ahora mismo hay una señorita con un micro en una mano y con un termómetro en la otra en una playa rodeada de bañistas y diciendo que lo mejor para combatir las altas temperaturas es bañarse en el mar. A ver si se enteran señores de la tele, estamos en verano, normalmente hace calor y la gente ya se cansa de ver a la intrépida reportera en la playa.

Cuando era un burro jovencito me encantaba El coche fantástico. Era una serie curiosa en aquella época que veía hasta la gente adulta. Tenía su romanticismo. Fíjense si no tienen ideas originales que ahora emiten una versión moderna y actual. El otro día me puse cinco minutos a verla, por curiosidad. No llegué al minuto tres. Cuando vi al coche hablar con la voz en español de Russell Crowe pensé que sólo faltaba que saliera Gladiator vestido de romano del coche y dijera aquello de: "Me llamo Máximo Décimo Meridio… y alcanzaré mi venganza en esta vida o en la otra".

Les podía contar mil ejemplos, pero no es cuestión de aburrir al personal. Así que nada, como hoy estoy de un imaginativo tremendo voy a llamar a mi colega Bruno y le voy a proponer un nuevo programa original, innovador y que nunca se ha hecho antes. Lo llamaremos Burros por el mundo.

Rucio

17 jul 2009

Joaquín Sorolla y Bastida



Hace unas semanas disfruté como un gorrino en un charco. Créanme si les digo que cada vez que rememoro las imágenes que me quedaron grabadas en la retina siento una agradable sensación durante un buen rato.

Estuve en Madrid con unos amiguetes en una visita a los museos del Prado y Reina Sofía. Ya saben ustedes que mi prejubilación me deja bastante tiempo libre para dedicarme a labores intelectuales, y si, ya sé que están un tanto extrañados, pero a los burros también nos gusta el noble arte de la pintura. Han de saber que somos muy pacientes y siempre estamos observando los paisajes por los que nos movemos, así que de esto entendemos un rato largo.

El objeto de la visita al Museo del Prado era poder contemplar en vivo y en directo la mejor y más hermosa obra reunida jamás, -eso creo-, del gran pintor Joaquín Sorolla. Si, si, 102 obras juntas, una tras otra, más los enormes murales sobre España que realizó para la Hispanic Society de New York. Olé como va mi inglés. Para algo ha de servirme lo que me enseñan mis colegas los burros americanos.

Sólamente había visto alguna reproducción en libros, pero nunca antes había tenido la oportunidad de ver un lienzo del genial pintor valenciano, y chico, me quedé impresionado. Según avanzaba viendo pacientemente sus cuadros, alucinaba. En ellos se pueden ver con total claridad las luces, las sombras, las transparencias. Se puede observar perfectamente el viento, el movimiento y la tonalidad de una mañana luminosa o de un atardecer sembrado de nubes.

Entre su obra destaca el luminismo del Mediterráneo con numerosas escenas cotidianas en la playa donde se ven personas trabajando con los bueyes para meter y sacar las barcas, chicos jóvenes bañándose, o su familia paseando por citar unos cuantos. El agua, los reflejos del sol y las diferentes tonalidades (entre las que destacan los blancos) son una maravilla.

Fue, sin duda, gran admirador de la obra de Velázquez y de los grandes autores del Prado donde se pasaba largos días observando las obras maestras. De ahí parte mucha de su fase más realista e incluso naturalista con obras de temática más social.

Finalmente sus trazos acabarán siendo cada vez más impresionistas culminando su vida con los grandes murales sobre España. Cuando llegué a la zona dedicada a estos grandes paneles viví un momento de absoluto delirio. Los quería ver todos una y otra vez. Fascinado como estaba, sentí como una especie de síndrome de Stendhal arrebatado por la sobredosis de belleza.

En fin, que podría pasarme horas hablando de Sorolla. Su obra ingente de más de 2200 cuadros da para mucho. No me quiero ni imaginar la de veces que se retiraría para observar los trazos desde la lejanía y de esa manera poder observar el lienzo como una auténtica fotografía.

Creo que la muestra estará en el museo hasta septiembre, así que si tienen ocasión pásense y disfruten de las magníficas obras salidas del pincel del genial Joaquín Sorolla y Bastida.

Y una última e importante cosa, no dejen de percibir el extraordinario amor que sentía por su mujer, Clotilde García, y por toda su familia a los que retrató en numerosas ocasiones.

Rucio

11 jul 2009

Los encierros y la estupidez humana


Como les comentaba en la última entrega, cada vez que puedo veo el encierro de Pamplona antes de salir a pasear y a pastar tranquilamente por mi prado. Esta mañana también lo he visto, pero déjenme confesar que cada año me gustan menos. No por los toros, que como saben, admiro mucho, sino por la cantidad de estúpidos –cada día más-, que allí se ven. Y es que cuando las cosas empiezan a degenerar, considero que es mejor disfrutar de lo que ha ido bien, y no cabrearse por lo que no tiene solución y encima nos empeñamos en arruinar por completo.

Según oigo con mis formidables y hermosas orejas, es tal la cantidad de gente, que se hace imposible correr con un poquito de seguridad. Si todavía fueran expertos corredores y buenos atletas, pase, pero es que la gran mayoría no sabe correr, va de rioja hasta las trancas, no ha dormido en toda la noche, y lo que es peor, no ha visto un toro ni en fotografía. Se creen que el encierro es una juerga más y eso de ponerse delante de los toros, es divertido que no veas.

Creo que la gente no es para nada consciente, ni se le pasa por la cabeza el peligro, -peligro real-, que puede tener un bicho de 600 kilos con unos cuernos como machetes. Luego claro, cuando hay una cogida grave, o la desgracia de una muerte, como ocurrió ayer, todo el mundo se echa las manos a la cabeza y se pregunta cómo suceden estas cosas. El chico que murió sabía correr, tuvo mala suerte, y es una verdadera pena, pero hay muchos que no saben y lo que deberían hacer es ver los toros desde la barrera, que también es muy emocionante.

A ver, lo raro, lo sorprendente, es que no pase algo grave todos los días viendo la cantidad de barbaridades que hace toda esa pandilla de mentecatos. Hay corredores muy expertos, verdaderos atletas que se preparan para ello y a los que admiro. Más de una vez se han visto en aprietos y más de uno ha sufrido cogidas. Si a ellos les pasa, imagínense lo que les puede suceder al resto de tocapelotas que pasan por allí.

Les cuento a modo de ejemplo unas cuantas perlas. En el encierro de hoy, un toro se queda atrás, a unos metros de sus hermanos. Va con paso más tranquilo pero sin buscar a los mozos. Pasa a un metro escaso de un corredor con pinta de guiri –creo que irlandés, por lo que comentaron después-, al que ni siquiera mira, pero éste, no contento con ver al toro tan de cerca y que no le haya hecho nada, quiere ponerle las manos en el morro. Y claro, pasa lo que pasa. El toro es más bueno que el pan, pero es bravo, así que le arreó una tarascada que le puso mirando a Dublín. El irlandés salió volando por los aires y suerte tuvo que ahora no tiene un agujero de quince centímetros. Eso si, al hospital habrá tenido que ir con algún traumatismo.

Ayer, uno de los heridos era un señor americano de 60 años. Casi seguro que es buen admirador de Hemingway, e influido por él, se mete al vallado en busca de adrenalina y aventura. El gran escritor era un tipo inteligente y veía el encierro desde el balcón del hotel. Sin embargo este señor, allá va, con un par. Con 60 años no dudo que esté en buena forma, pero o eres Usain Bolt o no tienes nada que hacer.

Luego están los que van corriendo y no saben ni por donde les viene el toro. Sólo miran atrás cuando el animal les resopla directamente en la oreja y, claro, el susto es tremebundo. Y si se queda en susto, no está mal, porque lo normal es que el toro le pegue un buen viaje en plena carrera o se le cargue en los lomos en medio segundo.

Después del encierro, en la plaza sueltan varias vaquillas para los mozos aún sedientos de carnaza. Ahí he visto como un tiparraco le daba patadas a la vaca por detrás, como muchos intentan sujetarla por la cabeza y como un muchacho caía inconsciente por el topetazo de la vaquilla con su cuerno embolado.

Pero el colmo de todos los colmos es la anécdota que ha comentado el buen periodista y experto corredor en sus años jóvenes, Javier Solano. Según cuenta, hablando con un chico americano, esté le dijo, atención, abran bien las orejas: “Cómo podéis tener miedo de un animal que es herbívoro”.

Sin comentarios. Ya lo decía sabiamente Einstein, "dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo".

Rucio

7 jul 2009

7 de julio...San fermín


Pues sí, hoy es 7 de julio y por tanto, según dice el calendario y bien se encargan de celebrar en Pamplona, San Fermín.

Siempre que puedo y no tengo que trabajar o no estoy viajando por esos mundos de Dios, me gusta ver los encierros en Pamplona por televisión, pues aunque he estado bastantes veces en esa ciudad, no he asistido en directo a ningún encierro. Hace años, si tenía la suerte de estar de vacaciones, me levantaba, encendía la tele y desayunaba viendo las emocionantes carreras. Y ahora que estoy prejubilado, ni les cuento, con todo el día por delante, me encanta ver como los humanos se creen la caña de España por correr delante de los astados, que lo que menos piensan es en empitonar a nadie en esas condiciones. En un momento les cuento con detalle.

El caso es, se preguntarán, cómo es posible que a los burros nos gusten esas cosas, así que se lo voy a explicar. No me negarán que los burros somos guapos, pero guapos guapos un rato largo, pero si hay un animal admirable por su belleza y su casta, ese es el toro.

A lo largo de mi vida he charlado muchas veces con ellos. Cuando pastábamos en nuestros correspondientes prados, -a veces sólo nos separaba una valla-, nos contábamos nuestras cosas. Yo les preguntaba mucho por su vida y por todo eso de la plaza, y como no, cada vez que llegaba julio, comentábamos, junto con el resto de la fauna que por allí andaba, el encierro del día. Por todo ello, me encantan las andanzas de los animales que conozco bien.

Centrándonos en el tema de los encierros, casi me gustan más por los toros que por los corredores. No voy a negar que hay corredores que realizan unas carreras portentosas y se te ponen los pelos de punta cuando lo hacen bien, pero la mayoría son unos mindundis, que como decía antes, se creen mucho por estar cerca de los bichos, y en realidad son unos tocapelotas, sobre todo aquellos que le ponen la manita en el lomo.

Han de saber, que lo menos peligroso, -a no ser que uno de los colegas con cuernos se quede solo-,son los propios toros. Los más peligrosos son los humanos que se pegan, se empujan, se tropiezan, y claro, el suelo está tan duro, que es allí donde se rompen la cabeza normalmente.

Un toro en esas condiciones se ve rodeado. Lo único que quiere es llegar a un terreno que conoce como es el suelo de la plaza o los corrales, y por lo tanto, lo más normal es que no ataque. Si se han fijado, cuando atacan es cuando se quedan solos y no ven a sus hermanos. En ese momento se ve rodeado de gente, que para él son estímulos a los que ataca para defenderse.

Por otro lado, cuando los toros van en plena carrera y sienten el contacto de sus compañeros, aunque estén rodeados de gente, casi nunca atacan. Parece mentira que así suceda teniendo en cuenta que hay zumbados, tan locos, que literalmente se echan encima de sus cuernos y sin embargo, ellos tiran para adelante a toda velocidad con gran nobleza. Ni siquiera mueven la cabeza, aun cuando la gente está a un palmo, pues sienten miedo de algo tan extraño y lo que quieren es acabar cuanto antes.

Les sugiero que si ven los encierros disfruten de los buenos corredores, los que se ponen delante del toro y realizan una carrera limpia y buena, pero sobre todo, que disfruten de la casta, nobleza y belleza de unos bichos tan hermosos.

Rucio

1 jul 2009

500 euros



¡Si es que no puede ser! Hay cosas que escuchas antes de echarte la siestecita de después de comer y claro, de dejan tan flipado que ya no pegas ojo.

A ver como les explico lo que acabo de oír en la radio. Según está el patio con los dimes y diretes de la corrupción nacional de nuestros queridos políticos en temas de “mano que se escapa a la saca de todos”, va la señora de Jaume Matas, ex presidente de Baleares y, según dicen, se compra un coche de 24000 euros y lo paga al contado con billetes de 500. Así, ¡con un par!, como si lo más normal fuera ir todos los días con fajos y fajos de billetes de 500 euros. ¡Y qué casualidad!, es familia directa de un alto cargo político que normalmente maneja grandes cantidades de dinero público.

Es posible que sea un completo ignorante en cuestiones pecuniarias, -de hecho lo soy, pues con la prejubilación sólo gano en tiempo libre -, pero creo que por mucho dinero que se tenga en la cuenta corriente, lo más normal es pagar grandes cantidades con un cheque, una transferencia, una tarjeta de crédito de esas tan monas que te dan en el banco a cambio de una módica comisión, etc., etc. Vamos, que hay múltiples formas de pagar dinero muy cómodas sin tener que ir con un sobre lleno de papel para llamar la atención de personas que sacan la navaja a pasear.

Nunca he hecho la prueba, pero creo que tiene que ser un tanto difícil encontrar 40 billetes juntos de semejante cantidad. Si los llaman "los bin laden", por algo será, pero parece que ésta señora ya le ha encontrado. Yo sólo he visto un par de ellos en toda mi vida. El primero cuando empezaron a circular a cambio de la peseta. Estaba allí en el banco y le pedí al amable señor que me atendía que me lo dejara ver. Vio que no iba a echar a correr y me lo dejó tocar y todo. El segundo cuando un amiguete me lo pasó por el morro porque le habían pagado con uno.

Otra cosa que me choca es que nadie dijera nada de todo esto y que a la gente no le sorprenda que estos billetes corran más que el agua por el río. Supongo que será aquello de “más vale pájaro en mano que ciento volando”, no siendo que con los tiempos de crisis no vea el dinero ni en fotografía.

Ahora, comparen esta situación con la que viví en carne mortal cuando, hace un tiempo, fui a la tienda correspondiente a comprar mi ración de cereales. Aunque suelo manejar cantidades pequeñas de metálico, sólo tenía un billete de 100 euros. A la hora de pagar, el señor tendero cogió el billete, lo pasó por la luz violeta, lo pintarrajeó con fluorescente especial y lo puso al trasluz mientras lo frotaba bien con las yemas de los dedos. Todo un profesional, pensé, si señor, a éste no se le escapa un billete falso en la vida. Si alguna vez entra en su tienda la señora de Matas y saca uno de 500, le hace hasta un análisis de sangre.

Rucio

25 jun 2009

Vicente Ferrer



Llevo unos días un tanto filosófico y reflexivo, así que permítanme que hoy les dé un poco la charla acerca de unas cuantas consideraciones que me rondan por la cabeza.

El caso es que en los últimos tiempos estoy notando que cada vez que hablo tanto con los colegas burros, como con los colegas homo sapiens (aunque alguno de sapiens tiene poco), se me pasan por mi burril cabeza que ustedes los humanos son cada día más contradictorios y que cada vez hay más diferencia entre unas personas y otras. Tanta es la diferencia que no parece que pertenezcan a la misma especie. Déjenme decirles que nosotros los équidos somos bastante más equilibrados. Y si no, díganme si cuando nos ponemos tozudos cambiamos fácilmente de opinión. Sepan que si nos ponemos tozudos, nuestras razones tendremos.

Como les cuento, esto viene a mi mente cuando charlo con amiguetes y me cuentan cómo son ciertas personas de buenas o de malas, cómo actúan ante ciertas situaciones, o simplemente cómo son. Para resumir, que hay personas que son buena gente hasta admirar y sin embargo, otras que son auténticos cabrones con pintas hasta aburrir y que más valdría que se exiliaran a Marte, o si pudiera ser, más allá. Y no les hablo de que hoy una persona esté simpática de la muerte y mañana sea más borde que un cardo borriquero. No. Les hablo de como parece mentira, que en los tiempos en que vivimos pase lo mismo o peor que en la más oscura Edad Media donde el señor feudal se creía el gran dueño de sus esclavos.

Bien saben todos ustedes que hace unos días moría Vicente Ferrer. Por supuesto, no hace falta que les diga quien fue, es y será Vicente Ferrer, sobre todo para los millones de personas a los que ha ayudado durante toda su vida. Si, si, millones, que se dice pronto. Y ahora piensen en el número de personas a las que somos capaces de ayudar cada uno de nosotros.

Bueno, pues habiendo personas de semejante grandeza, cómo me explican que horas después, unos cuantos zumbados de ETA sean capaces de matar de esa manera y de hacer tanto daño. Es decir, ¿cómo es posible que haya personas tan buenas por un lado y personas con tan mala baba por el otro?

Me van a decir que soy un ingenuo y que esto pasa desde que el mundo es mundo y el hombre es hombre. Y si, tienen razón, eso ya lo sé desde hace mucho. Pero que quieren, cada vez estoy más hasta la punta de las orejas de que la gente haga daño gratuito porque sí, porque dentro de su alma no hay más que vileza pura. Esa gente que vive sólo así, más vale que se perdiera en el rincón más oscuro de la selva donde ni siquiera tenga contacto con cualquier forma de vida.

Seguramente dentro de un par de siglos, -si el ser humano sigue caminando por este mundo y no ha arruinado del todo el planeta- siga pasando lo mismo. Nos encontraremos gente buena a rabiar y gente mala a odiar. Pero al menos hoy no me quita nadie el hecho de desahogarme un poco contra esta tropa tan indeseable, así como de admirar y alabar a Vicente Ferrer y de desear, que al menos un segundo al día, pudiéramos ser como él.

Rucio

16 jun 2009

Prison Break versión abertzale



He estado unos días fuera apartado del mundanal ruido, disfrutando de la apacible vida y visitando a unos colegas que viven por la sierra. Allí hemos estado a la sombra, bebiendo nuestras jarritas de cerveza, -la mía como saben con limón, que es más fresquita-, y conversando de nuestras cosas de burros. Han de saber que tenemos una vida apasionante. Ya les iré contando. El caso es que la prejubilación hace que disponga de mi tiempo en plan bien, ya sin horarios ni esas cosas que se inventan ustedes los humanos. Muchos andan estresaísimos de la vida, que no les da un jamacuco de milagro. Así empezaba a ponerme yo tras la emocionantísima campaña electoral, sin ir más lejos. Me estaba empezando a estresar y llamé a unos burros colegas para pasar unos días de asueto.

Como les cuento, no me he enterado de na, bueno, de casi na. Porque una cosa es que no haya leído los periódicos o haya visto la tele, pero mi radio no me la quita nadie. Me la llevo siempre conmigo. Así que algo informado si que estoy.

Pero cuando me he quedado con las cuatro patas en el aire ha sido a la vuelta. Llego a casa, la que tengo al lado del hermoso prado donde pasto cada día, y me entero que unos cuantos locos esos de la ETA han planificado una fuga de la cárcel de Huelva con un helicóptero. Si, si, han oído bien, ¡con un helicóptero! Vamos, para que no se entere nadie.

Enseguida me ha venido a la mente la magnífica serie americana que ha triunfado en USA estos años pasados y que también se ha podido ver aquí en este nuestro país: Prison Break. Como muchos de ustedes saben, consiste en la minuciosa planificación (llevada hasta el final) de la fuga de una cárcel de máxima seguridad. Ese plan está maravillosamente pensado y ejecutado, y en él se ve que se desarrolla una gran inteligencia y minuciosidad. Es tan bueno y está tan bien diseñado que crees realmente que se puede poner en marcha y que va a resultar.

Pues bien, comparen ese plan con el que pensaban llevar estos locos zumbaos de la vida con el helicóptero. Igualito, oigan. Es que me lo estoy imaginando y no quepo en mi. Ese terrorista malo malísimo, pistola en mano secuestrando el helicóptero. “Aquí uno de la ETA, esto es un secuestro. Lléveme a la cárcel de Huelva y aparque en el patio que me están esperando allí unos compañeros a los que el estado español opresor tiene presos, y he de liberarlos inmediatamente. La organización agoniza y hemos de actuar rápido, con contundencia, demostrando quienes somos y dejando a todos esos opresores y a todo el mundo con la boca abierta, como si vieran un platillo volante. Joder, que los abertzales somos asín de cojonudos, hombre. Y luego nos vamos a ir a tomar unos chikitos, y con la euforia del momento la liberación de Euskalerria será un hecho”.

¡Manda huevos!, que diría el antiguo ministro aquel que era tan gracioso en el congreso. Algunos periodistas señalan que era un plan bien ideado. Pero que quieren que les diga, un helicóptero no pasa desapercibido. Y digo yo, que en alguna torre habrá guardias de seguridad, vigilancia y todas esas cosas que suelen tener las cárceles para que nadie salga tan campante. No sé. Menos mal que estos de la ETA tienen menos luces que un mechero. Porque, y esa es otra, este plan ni siquiera es original, sino que ya había intentado ponerlo en marcha hace muchos años la mafia marsellesa.

Si es que no hay que darle más vueltas. Como decía mi abuelo, burro muy sabio él, de donde no hay, no se puede sacar.

Rucio