9 jun 2011

Bono y sus ideas














Me llama mi compadre el burro Bruno muerto de risa. “¿Que pasa colega?”, me dice, “¡qué ya no te pasas por la tasca ni para tomar café! Te llamaba porque estamos aquí la tropa habitual y acabamos de ver en el televisor que Bono, el del congreso, no el de U2, propone reducir los días de pleno en el hemiciclo, de tres a dos”.


Yo, que andaba por mi prado dando un paseíto con tranquilidad, dejé inmediatamente el trote cochinero y me fui derecho al ordenador a informarme sobre tal proposición, sin duda una de las mejores que he escuchado para salir de esta crisis. Ya estoy cansado de tanta tontería política, pero no me resisto a comentar tal noticia que me confirma una vez más que la clase política vive una realidad paralela que el resto de ciudadanos no alcanzamos a entender dado nuestro poco intelecto, nuestra falta de soberbia y cinismo y nuestro escaso sentido común.

Vamos a ver, aquí el tito Bono dice que las sesiones de los jueves se destinan para discutir y votar iniciativas políticas y que ese día se podría dedicar a reuniones de comisiones parlamentarias. Me van a llamar demagogo e ignorante en cuestiones legislativas. Ya se lo admito yo, lo soy. Pero creo que del congreso no sale una iniciativa política desde los tiempos de Azaña y las comisiones parlamentarias se deben reunir para tomar una coca cola en la cafetería, porque acuerdos, lo que son acuerdos, no los concretan ni a punta de pistola.


Señor Bono, en los tiempos que corren, seguramente usted plantea tal iniciativa cargado de razón y con argumentos muy loables, pero dar a entender que es suficiente con dos días de trabajo suena, un poco, a cachondeo. Siempre se dice que los diputados están trabajando aunque no estén en el hemiciclo. Que quieren que les diga, viendo el panorama y viendo la incapacidad de la clase política, creo que no solo importan los hechos, - ninguno medianamente eficaz- sino también las formas. Aquello de que “la mujer del césar no sólo debe ser honrada sino parecerlo”.


En tal caso y modestamente, propongo una reforma del parlamento para que nuestros amados políticos puedan trabajar más relajadamente y así no se frustren sus iniciativas por el estrés y la presión a los que están sometidos. Gracias al uso de las nuevas tecnologías los diputados podrán debatir los asuntos políticos desde su casa por videoconferencia. Ahora que aprieta el calor, se instalarán cómodamente en su piscina, en bañador, gafas de sol y bebiendo mojitos. Los que no tengan piscina podrán optar al spa más cercano y tras los correspondientes remojos en aguas frías y calientes y los masajes de una buena masajista filipina, dispondrán del correspondiente turno de réplica a través del ipad, iphone o medio interactivo apropiado.


De esta manera, el congreso permanecerá cerrado reduciendo la tarifa eléctrica a cero y ahorrando un 24% de energía al presupuesto anual. Los fines de semana el congreso se abrirá al público, que explorará las diferentes dependencias como si entrara en las cuevas de Altamira. El incremento turístico se verá elevado en un 18%, pues nadie se podrá resistir a contemplar los disparos de Tejero antes de que el parlamento desaparezca. Así que nada, puestos a buscar soluciones, ahí van las mías.


Por cierto, échenle un vistazo a las imágenes en las que Bono hace semejante proposición. 20 o 25 diputados saliendo sin hacer ni caso y pensando aquello de “pio, pio que yo no he sido” y el presidente diciendo “muchas gracias por esa unanimidad en el asentimiento”. Y minutos después todos los partidos políticos, incluido el PSOE, rechazando la iniciativa. Esto sólo pasa en España, señores. Ni Berlanga hubiera retratado semejante sainete en una de sus películas. ¡Manda huevos!, como dijo otro insigne presidente del congreso.

Rucio

5 jun 2011

El 15M y los políticos





Creo que ya lo he hecho antes, pero no está demás volver a avisar. Hoy me he levantado muy, pero que muy políticamente incorrecto, así que todo aquel que se pueda sentir ofendido por mis palabras deje inmediatamente de leer esto y aproveche el tiempo en actividades más provechosas. Luego no me digan que no les he avisado.


Voy a decirlo con claridad para que se me entienda desde el principio: salvo contadas excepciones – cada uno sabrá las suyas, en mi caso no más de tres o cuatro – los políticos españoles son una auténtica bazofia. Y me refiero a todas y cada una de las ideologías que pululan por la variopinta geografía española. Me refiero a izquierdas, derechas y centros, desde las más extremas a las más blanditas.


Cada vez que veo un telediario o abro un periódico siento vergüenza, repugnancia y pena de vivir en los mismos pueblos y ciudades que los políticos nos construyen cada día desde las altas esferas. Llevo observando muchos años como funciona la sociedad y sus moradores y nunca me hubiera imaginado que se pudieran dar hechos tan reales como los que vivimos en estos tiempos.


Todos y cada uno de nosotros sabemos del origen y consecuencias de esta crisis. Sigo escuchando muchas barbaridades de gente ignorante que defiende lo indefendible dependiendo si le gusta más un partido u otro, una ideología u otra. Me da igual. Cada cual que piense lo que quiera. Lo que me da mucha pena es ver a personas muy complacientes y permisivas que se siguen haciendo trampas en el solitario.


Han pasado ya varias semanas desde que finalizara la campaña, desde que se produjeran las votaciones y de que mucha gente por fin se haya cansado y se haya echado a la calle en un intento de ser mosca cojonera para, al menos, meter miedo a tanto político que debería estar en su casa o en la cárcel. He observado tantas cosas que podría escribir un par de tomos. Para resumir, diría que se me ha revuelto el estómago cada vez que gente de derechas criticaba lo que miles de personas reclaman cargados de razón y de dignidad. Pero no solo eso, los pelos se me ponían de punta cuando gente de izquierdas ha intentado sacar rédito, cuando el gobierno ha silbado y mirado para otro lado o cuando la policía ha tirado de porra contra gente totalmente pacífica siguiendo órdenes de locos con despacho.


Para un viejo burro como el que escribe, al borde ya de la jubilación, es una alegría inmensa el poder contemplar y vivir el movimiento 15M en Madrid, en el resto de ciudades y provincias españolas y en muchas otras ciudades del mundo. Es hermoso de puro simple, gente protestando, gente en la calle reclamando algo tan legítimo como es que los políticos -insisto, todos y cada uno- ejerzan su función con dignidad, es decir, que sean verdaderos representantes de la ciudadanía, verdaderos constructores de la democracia. Pero sin duda, lo que más me alegra es que todo esto esté alejado de la política, de los partidos, de tanta podredumbre hecha eslogan y que se ha estado colando legislatura tras legislatura en ayuntamientos, diputaciones, cortes, parlamentos, Palacio de la Moncloa…


Gracias a las modernas redes sociales y por iniciativa de jóvenes cansados de tanta falsedad política es posible que se haya prendido la chispa que haga remover la conciencia de la gente y los cimientos de los que están arriba. Políticos de todas las ideologías llevan demasiado tiempo gobernando para su propio interés, llevados de la mano de grandes banqueros, empresarios y financieros que han provocado una crisis de límites que van más allá de lo normal. No sé cuánto durará este movimiento. Poco supongo, pues gente de todo tipo y condición acaba por volverse egoísta, conformista, pasota o manipulable, pero reclamar algo tan legítimo y auténtico es de justicia total.


Hay veces que me paro a pensar y no me creo que estemos en el 2011, pleno siglo XXI. Creo que todo esto sigue funcionando por el sentido común de la gente, puesto que esa bazofia política haría que nos estuviéramos dando cuchilladas por las esquinas. ¿Quiénes son ellos para dictar modelos de todo?, ¿Quiénes son ellos para creerse algo cuando deben estar al servicio de la ciudadanía? Muchos deberían estar en la cárcel por delitos claros y mañana volverán a pisar despacho y coche oficial con la impunidad de sentir que no les pasará absolutamente nada. ¡Qué tristeza!


Pero sin duda, lo que más me duele de todo lo que vemos a diario es la ignorancia, la soberbia y el ego desorbitado que tienen muchos cargos públicos. Tratan al resto de los ciudadanos con tal prepotencia que parece mentira que se puedan levantar cada mañana, mirarse al espejo y no sentirse una piltrafa humana.

Rucio