
Me llama mi compadre el burro Bruno muerto de risa. “¿Que pasa colega?”, me dice, “¡qué ya no te pasas por la tasca ni para tomar café! Te llamaba porque estamos aquí la tropa habitual y acabamos de ver en el televisor que Bono, el del congreso, no el de U2, propone reducir los días de pleno en el hemiciclo, de tres a dos”.
Yo, que andaba por mi prado dando un paseíto con tranquilidad, dejé inmediatamente el trote cochinero y me fui derecho al ordenador a informarme sobre tal proposición, sin duda una de las mejores que he escuchado para salir de esta crisis. Ya estoy cansado de tanta tontería política, pero no me resisto a comentar tal noticia que me confirma una vez más que la clase política vive una realidad paralela que el resto de ciudadanos no alcanzamos a entender dado nuestro poco intelecto, nuestra falta de soberbia y cinismo y nuestro escaso sentido común.
Vamos a ver, aquí el tito Bono dice que las sesiones de los jueves se destinan para discutir y votar iniciativas políticas y que ese día se podría dedicar a reuniones de comisiones parlamentarias. Me van a llamar demagogo e ignorante en cuestiones legislativas. Ya se lo admito yo, lo soy. Pero creo que del congreso no sale una iniciativa política desde los tiempos de Azaña y las comisiones parlamentarias se deben reunir para tomar una coca cola en la cafetería, porque acuerdos, lo que son acuerdos, no los concretan ni a punta de pistola.
Vamos a ver, aquí el tito Bono dice que las sesiones de los jueves se destinan para discutir y votar iniciativas políticas y que ese día se podría dedicar a reuniones de comisiones parlamentarias. Me van a llamar demagogo e ignorante en cuestiones legislativas. Ya se lo admito yo, lo soy. Pero creo que del congreso no sale una iniciativa política desde los tiempos de Azaña y las comisiones parlamentarias se deben reunir para tomar una coca cola en la cafetería, porque acuerdos, lo que son acuerdos, no los concretan ni a punta de pistola.
Señor Bono, en los tiempos que corren, seguramente usted plantea tal iniciativa cargado de razón y con argumentos muy loables, pero dar a entender que es suficiente con dos días de trabajo suena, un poco, a cachondeo. Siempre se dice que los diputados están trabajando aunque no estén en el hemiciclo. Que quieren que les diga, viendo el panorama y viendo la incapacidad de la clase política, creo que no solo importan los hechos, - ninguno medianamente eficaz- sino también las formas. Aquello de que “la mujer del césar no sólo debe ser honrada sino parecerlo”.
En tal caso y modestamente, propongo una reforma del parlamento para que nuestros amados políticos puedan trabajar más relajadamente y así no se frustren sus iniciativas por el estrés y la presión a los que están sometidos. Gracias al uso de las nuevas tecnologías los diputados podrán debatir los asuntos políticos desde su casa por videoconferencia. Ahora que aprieta el calor, se instalarán cómodamente en su piscina, en bañador, gafas de sol y bebiendo mojitos. Los que no tengan piscina podrán optar al spa más cercano y tras los correspondientes remojos en aguas frías y calientes y los masajes de una buena masajista filipina, dispondrán del correspondiente turno de réplica a través del ipad, iphone o medio interactivo apropiado.
De esta manera, el congreso permanecerá cerrado reduciendo la tarifa eléctrica a cero y ahorrando un 24% de energía al presupuesto anual. Los fines de semana el congreso se abrirá al público, que explorará las diferentes dependencias como si entrara en las cuevas de Altamira. El incremento turístico se verá elevado en un 18%, pues nadie se podrá resistir a contemplar los disparos de Tejero antes de que el parlamento desaparezca. Así que nada, puestos a buscar soluciones, ahí van las mías.
Por cierto, échenle un vistazo a las imágenes en las que Bono hace semejante proposición. 20 o 25 diputados saliendo sin hacer ni caso y pensando aquello de “pio, pio que yo no he sido” y el presidente diciendo “muchas gracias por esa unanimidad en el asentimiento”. Y minutos después todos los partidos políticos, incluido el PSOE, rechazando la iniciativa. Esto sólo pasa en España, señores. Ni Berlanga hubiera retratado semejante sainete en una de sus películas. ¡Manda huevos!, como dijo otro insigne presidente del congreso.
Rucio

