28 ago 2009

Hormigas


Estas semanas de verano en las que el sol aprieta acostumbro a levantarme temprano y a darme un paseo por el campo antes de que el calor impida el andar placentero. Cada día salgo de mi tenada en la que duermo tan ricamente, observo el cielo mientras me estiro para desperezarme y escruto concienzudamente el horizonte en un atisbo de adivinar como se presenta el día.

Como les cuento, tras mi correspondiente ración de cereales y antes de ponerme a pastar un rato en mi prado, es para mi un verdadero placer ese primer paseito de la mañana por los prados y campos colindantes. Y así iba esta mañana, por uno de ellos que suele estar ocupado por unas vacas blancas, grandes y hermosas con las que suelo charlar de vez en cuando. Ya de vuelta y mirando el suelo un tanto irregular, vi un hormiguero enorme del que salía un camino espectacular (toda una autopista) que las hormigas han construido con su continuo ir y venir en busca de su apreciado alimento para el invierno.

No, no les voy a contar otra versión del cuento de la hormiga y la cigarra. Ya todo el mundo se lo sabe, así que cada cual que se aplique la moraleja. Lo que les quiero contar es que me quedé maravillado viendo el continuo trajín apacible y sereno de las hormigas y como éstas trabajan cada verano sin descanso. Ya son muchas veces las que me he parado a ver su gran trabajo y organización. Si tienen ocasión no duden en hacerlo, les garantizo que les va a gustar mucho.

El caso es que allí estaba ese hormiguero rodeado en su superficie de grandes cantidades de hojas que le han quitado al pequeño cereal y que tras almacenarlo en sus dependencias subterráneas sacan afuera. Estos pequeños seres negros en constante movimiento saben perfectamente lo que tienen que hacer, y así estaban ellas, unas en una dirección a buscar comida y otras ya de vuelta con el grano a cuestas.

Es impresionante ver como muchas arrastran un grano que les dobla en tamaño y en peso, pero por mucho que les cueste no soltarán hasta que lo depositen en su almacén. En estas estaba, viendo su perfecto y admirable trabajo, cuando me llamó la atención una de ellas. No era de las más grandes. Era más bien pequeñita. Sin embargo, llevaba un grano tres o cuatro veces mayor que ella y se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo. Miré hacia el hormiguero y vi que le quedaba un largo recorrido hasta el final. Decidí seguir su peripecia atentamente y no perderla de vista.

Poco a poco iba avanzando, más rápido o más lento dependiendo del terreno, hasta que llegó a un tramo donde se encontró con un montículo de tierra rodeado de pajas a los lados. No había suficiente espacio para que el grano pasara entre el montículo y las paredes. La hormiga, con gran empeño, tiraba y tiraba del grano, pero no había manera de hacerlo pasar por tan estrecha zona. Con cuidado y en un intento de ayudarla decidí quitar el montículo y las pajas con mi pezuña. Pero claro, la hormiga no lo entendió así y viendo la amenaza sobre su cabeza soltó el grano y salió zumbando.

Así que allí se quedó el grano, en medio del camino, con el resto de hormigas pasando a su lado sin detenerse. Al poco rato pasó una hormiga grande. Se detuvo y examinó el grano como preguntándose por qué estaba allí. Ah, mira, me dije, ella va a proseguir con el trabajo y como su tamaño es mucho mayor, no le va a costar tanto. Arrastró el grano un instante, pero en seguida se paró y miró a su alrededor. Volvió a coger el grano, pero se volvió a parar y volvió a mirar, desconcertada.

Y así estaba yo, inquieto, observando la situación y expectante por saber que pasaba, cuando de repente llegó la hormiga pequeñita, la que salió corriendo ante mi amenaza. Con gran resolución, cogió de nuevo su grano y prosiguió su camino como si no hubiera pasado nada.

La acompañé el resto del trayecto con mi mirada y la vi perderse dentro del hormiguero. Supongo que le quedaría bastante recorrido hasta llegar a las despensas, pero eso ya pertenece al mundo subterráneo de las maravillosas hormigas. Cuando me marché y dejé a los pequeños seres negros trabajando sentí una agradable sensación, pues la hormiga pequeñita había cumplido perfectamente con su trabajo. ¡Y de que manera!

Rucio

26 ago 2009

La tele de sobremesa


Ya sé que he hablado no hace mucho de la televisión, pero no me resisto a comentar un par de apuntes sobre lo que nos emiten después de comer.

Como ya he relatado en anteriores ocasiones en esta página, cada vez veo menos la televisión. El grado de contenidos es cada día más bajo, infame y barriobajero. No es que me guste más o menos (más bien nada, para que les voy a engañar), es que casi todo lo que emite nuestra amada televisión es aburridísimo hasta decir basta. Sólo hay telenovelas, corazón, cante y baile. Ya no hay una serie un poco aceptable, como antiguamente, que te pegue a la pantalla un ratito tras el telediario.

Resulta que es en verano cuando la gente dispone de más tiempo libre y, por supuesto, de más ganas de rascarse la entrepierna y no hacer ni el huevo. Ante esto lo más proclive es sentarse en una silla playera a ver que te echan en el aparatejo. Y lo que te echan es lo más infame del mundo mundial.

En mi caso lo que hago después de comer es pegarme unas siestas de espanto, pues no hay especie en este orbe que soporte lo que hay. Siempre se dice lo mismo, pero siempre acabas en La 2 viendo como el león se zampa a la pobre gacela en la sabana africana. Que esa es otra. Los documentales de esta cadena están muy bien, pero llevamos toda la vida viendo correr a la pobre gacela que escapa de tres leonas, (los leones siempre se están echando la siesta a la sombra, como yo, los perros), pero al final es atrapada por el guepardo que zapatea más que el Correcaminos. ¡Qué velocidad! Con la cantidad de cosas interesantes que hay, ya podían emitir más variedad. Yo creo que tienen contratadas a las mismas leonas y gacelas para todos los documentales. Pero como me decía un simpático amiguete, “¡lo que se aprende viendo los documentales, cosas que uno no sabe ni que existen!”

Otra de las cosas que he detectado es que el tipo que presentaba el sonado tomate tiene un programa nuevo después de comer con lo mejorcito de Telecinco y la Belén Esteban como estrella de la tele. ¡Vaya tela! De hecho esta señora está en casi todos los programas de la cadena. Ya me contarán ustedes el grado de intelectualidad que pueden proporcionar semejantes personas. Si lo grabas y se lo pones a los talibán como tortura te dicen donde está Bin Laden en un plis plas.

Me dirán y con razón que para no ver la tele estoy muy puesto. De verdad que si no hay deporte o serie que me guste sólo veo los informativos, pero al cambiar de cadena, mando a distancia en ristre, bastan unos segundos para saber por donde van los tiros.

El caso es que esta gente de la tele explota la gallina de los huevos de oro hasta decir basta. No se dan cuenta que siguen emitiendo programas que supongo que los telespectadores verán, pero que son aburridísimos (e impresentables) a más no poder. Y si no, díganme ustedes que cantante recuerdan de las últimas ediciones de las operaciones triunfos. Otro formato que siguen explotando es el de los bailongos de la fama. Ya he visto un anuncio en el que vuelven a la carga. Así que nada, otra de baile para la sobremesa. Y a mi no me pregunten que no vi ni el primero de cada uno.

Eso si, el día que vuelvan a emitir el gran primo con la Milá diciendo que es un programa magnífico por el aporte de experimento sociológico que proporciona, prometo que no vuelvo a poner esa cadena en mi tele nunca mais, que diría un gallego. Y ya saben que los burros cuando nos ponemos tozudos, nos ponemos de verdad de la buena.

Rucio

15 ago 2009

Infame clase política


No sé como acabará todo, cualquier cosa es posible en este mundo y en este país donde cada cual hace de su capa un sayo, pero mucho me temo que ésta va a ser una serie por entregas muy larga.

¡Pero qué lamentable es todo esto! Con la que está cayendo, con una crisis como la que estamos viviendo, con sectores claves en un país como son la agricultura y la ganadería, la educación y un largo etcétera por los suelos, y una vez más, - y las que nos queden a lo largo y ancho de nuestra existencia-, nuestra infame clase política se vuelve a tirar los trastos a la cabeza. Y con más saña si cabe. Si eran pocos los despropósitos que han sido capaces de mostrar desde hace varias legislaturas, ahora se enzarzan de nuevo en unas infames acusaciones de espionaje político, de escuchas ilegales y de corruptelas varias. ¡Pero qué vergüenza!

El anterior presidente del Congreso, Manuel Marín, se fue asqueado de la política porque vivió en el hemiciclo y en carne mortal todas las malas formas habidas y por haber de los políticos que dirigen este país. Hasta los de su propio partido. Parecía que aquello daba paso a un periodo de mayor conciliación, donde al menos las formas suavizarían el menosprecio que se profesan los unos a los otros. Pero nada más lejos de la realidad. La crisis parece que saca lo peor de las personas y ahí los tienes, que te da vergüenza ajena cada vez que ves el telediario.

Parece que los últimos casos de corrupción han revuelto el río de tal manera que ahora el partido de la oposición acusa al gobierno de usar los medios judiciales y policiales para espiarlos. Desacreditarlos. Desautorizarlos. ¡Madre mía!

Los juzgados rebosantes de papel por tramitar, de causas pendientes, y ahora estos infames nos van a llevar a paralizar un país para que ellos se monten su película en la que todos se ven tremendamente agraviados.

Los ciudadanos de a pie intentando recortar gastos y ellos gastando cada vez más en asuntos que no resuelven nada. Porque ya me contarán ustedes que ganamos el resto de mortales con todo esto. Nada. Como dice un amigo mío, perder tiempo, dinero y categoría.

Señores políticos, ahora más que nunca hay que hacer política de verdad, política que regule, gestione y administre los recursos, que no tienen que olvidar, son de todos. Hay que arrimar el hombro, proponer soluciones, hacer que las medidas que se tomen se lleven a cabo para que todos sigamos delante de la mejor manera posible. En educación, en economía y en justicia se necesitan pactos de estado entre los principales partidos para salir del enorme atolladero que ellos mismos, - todos- se están encargando de hacer cada día más hondo.

Me van a llamar tonto perdio y con razón, pero se supone que toda persona que se mete en política lo hace para servir al resto de ciudadanos y para nada ser o creerse más que nadie. El cargo y el sueldo es lo suficientemente importante para pedirles cuentas, honestidad y responsabilidad máxima. Si no es así, que se dediquen a otra cosa. Me cuentan mis amigos los burros del Reino Unido y Estados Unidos que allí tienen perlas semejantes, pero al menos las formas son diferentes y algunos criterios como los que vemos por estos lares no se les pasarían ni por la imaginación.

En fin, voy a dejarlo aquí que me enciendo como una cerilla y no es plan. Además, hoy es fiesta y los burros también nos merecemos un poquito de tranquilidad. Voy a llamar a mi colega Bruno y nos vamos a tomar unas cervecitas. Que ya se va poniendo el día caluroso.


Rucio

8 ago 2009

Cartas de admiradoras

A ver como les cuento los pensamientos que me vienen rondando por mi formidable cabeza sin que se me altere el pulso. De verdad que no doy crédito y créanme si les digo que estoy todavía sin asimilar lo que escuché. No puede ser verdad. No puede haber en este mundo alguien tan mal de la azotea.

El caso es que ayer por la tarde cuando el sol ya iba de bajada, concluyo mis pocos quehaceres camperos y me retiro apaciblemente a mis aposentos. Me ducho dándome el correspondiente manguerazo que nos pegan a los burros y me acerco a mi rica ración de cereales. Mientras ceno me gusta ver un poco el telediario, -el parte que dirían los viejos del lugar-, y así me entero de lo último que ha sucedido en el mundo. No es que yo sea muy amigo de ver programas de sucesos, pues cada vez son más sensacionalistas, pero me quedé mirando el programa en cuestión antes de que empezaran los informativos.

En ese momento hablan de las últimas novedades acerca del caso de la chica Marta del Castillo, y su padre comenta que ya está desolado porque la investigación no acaba nunca y ésta no da ningún resultado. Pero lo más duro para este padre es, sin duda, cuando se entera de que el asesino de su hija recibe cartas de admiradoras. Si, si, vuelvan a leerlo por si no se lo creen como me pasa a mi, pero lo han leído bien. ¡Hay chicas en ciertos puntos de este país que escriben cartas a la cárcel donde está este asesino, admiradas y maravilladas por lo que ha hecho! ¡Díganme si no es para alucinar en colorines!

Piensen en ello detenidamente. Piensen en cómo es posible que haya chicas jóvenes que admiren a alguien capaz de semejante acción. Y no es que sólamente lo piensen o lo digan, es que lo demuestran con pruebas como ésta. De verdad que no doy crédito y más cuando fue una chica la asesinada.

Sin acabar de creerme lo que escuché y eso que tengo buenas orejas, acudí raudo y veloz a buscar en internet, pues este último hecho no ha tenido demasiada relevancia en la prensa nacional. En varios medios digitales veo una referencia pequeñita en la que dice que el juez ha levantado el secreto de las actuaciones, que el caso entra en la fase final una vez que tienen la mayor parte de la información y que entre las anécdotas que revela el secreto levantado está que Miguel recibió en la cárcel cartas de televisiones y de admiradoras, e incluso una le regaló una pulsera. ¡Pásmate! Ante esto no tengo palabras.

Que quieren que les diga. Lo de las televisiones no me sorprende. No creo que sea para pedirle una entrevista en profundidad y que con ello se le haga un favor a la sociedad. No quiero pensar mal, pero sabiendo que su moral es el dinero, serían capaces de pagar un cheque en blanco por un poco de audiencia y de morbo. En cuanto a las cartas de admiradoras, o son amigas y conocidas suyas o no tiene justificación ninguna.

Después de esto, sólo cabe preguntarse cómo están siendo educados los jóvenes que tienen semejantes pensamientos y cómo puede haber gente así en esta sociedad.

Rucio


1 ago 2009

La lluvia deseada


Me asomo esta mañana al prado donde suelo pastar. Miro al horizonte concienzudamente y por fin veo unas cuantas nubes que, según dice el parte meteorológico, pueden dejar algunas lluvias débiles. Pasan unos minutos y esas nubes están ahora encima de mis orejas, pero se resisten a soltar el agua tan necesaria. Supongo que dentro de un ratito soltarán algo y ojalá sea durante más de cinco minutos que es el tiempo de media que llueve en los últimos años.

Cuando era un burro jovencito allá por los meses de marzo y abril la hierba que había en los prados me tapaba las canillas. De hecho me llegaba hasta la barriga. No se imaginan que gusto era poder comer a boca llena la hierba fresca y abundante. Igualito que ahora, vamos, que casi no hay briznas que cubran los campos de pastos y la poca que hay es seca y de mala calidad. Yo personalmente no he conocido nunca que se le tenga que dar de comer al ganado en esta época del año.

Estas semanas cada vez que me paseo por los contornos de la vieja Castilla estoy notando un fuerte viento que no se percibía en años anteriores. No sé, no me hagan mucho caso, no entiendo mucho de meteorología, -sólo soy un burrillo que ha pasado muchos años por el campo-, pero lo que sucede con el clima no es ni medio normal. Muchos expertos aseguran que el cambio climático es un hecho. Yo creo que de verdad es así, a pesar de que ciertos políticos estrechos de miras, salvo para las miras de su bolsillo, se nieguen a admitirlo.

Otra de las cosas que debería preocuparnos son las temperaturas. Durante el día se pueden alcanzar temperaturas de 32 o 33 grados y, por el contrario, por la noche descienden hasta los 7 u 8. Es decir, temperaturas propias del desierto. Según me cuentan los burros viejos del lugar, en décadas anteriores, cuando la gente trabajaba en las labores del campo durante el verano dormían en la era a pierna suelta. Hoy eso es imposible. ¡Cómo para que te dé un pasmo!

Como les comento, no se pueden ni imaginar como echo de menos esa lluvia que caía durante horas, a veces durante días, de manera tranquila y sosegada. Sin embargo, miren que paradojas, leo en el periódico de hoy que hay riesgo de fuertes lluvias en 24 comunidades. Hay que fastidiarse, llueve poco y cuando lo hace es de manera torrencial. ¡Para que digan que no hay cambio climático!

También oigo muchas veces que ciertas personas se quejan de que haga mal tiempo y llueva porque se le estropean las vacaciones en la playa. Supongo que en el futuro se van a quejar bastante más cuando no haya agua ni para beber.

Y es que antes en verano había tormentas que dejaban una bonita lluvia. Ahora miro al cielo y lo veo más azul que en los cuadros de Velázquez.

En fin, ustedes los humanos no se cansan de echar porquería a la naturaleza y al medio ambiente y así nos va a todos. Yo cada día tengo menos hierba en mi prado y cada vez tengo que comer más cereales cuando no me corresponde. Espero que no tengamos que lamentarnos, -más pronto que tarde-, por no cuidar adecuadamente el espacio donde vivimos. ¡A ver si nos queremos dar cuenta de una vez!

Rucio