24 nov 2009

Cada seis segundos muere un niño


Hoy vengo con la tecla un poco caliente, así que perdónenme de antemano si alguien se siente ofendido. Siento decirlo, pero el género humano no tiene arreglo. Antes se acaba el mundo. Y a este paso, y viendo como está el patio, no sé si le quedará mucho. Ese hombre tan inteligente y tan ser superior, con respecto al resto de animales, no es nada de nada, y cada día menos, cuando es capaz de cometer más y más atrocidades.

De verdad que en esta vida ya no me sorprende nada, bueno casi nada, pero hay cosas que un burro como yo no podrá entender nunca. Casi siempre, oh casualidad, son cosas que están relacionadas con las personas, sus egoísmos y su falta de escrúpulos.

Supongo que siempre ha pasado y seguirá pasando, pero uno no puede dejar de indignarse ante tales situaciones. Les cuento.

No sé si ustedes sabrán, pero estos días se está celebrando en Roma la conferencia general de la FAO. Yo me he enterado por pura casualidad y porque el periodista Juan Ramón Lucas tuvo hace unos días la delicadeza, de buen profesional, de entrevistar a Jacques Diouf, director general de la FAO. Al resto de los grandes medios de comunicación (siempre hay algún medio pequeño que es la gran excepción) no les interesa en absoluto, entre otras cosas porque a esta conferencia no ha acudido ni un solo presidente europeo. Están demasiado ocupados intentando acabar con la crisis, con la corrupción y con los mil y un problemas que todos ellos crean cada día. Como para que les preocupe que haya en el mundo 1000 millones de hambrientos.

De lo que sí estoy seguro que han oído hablar, es que cada seis segundos muere un niño de hambre en el mundo. De esto, los grandes medios si han informado, aunque no estoy seguro de si lo han hecho por lo que tiene de gran titular o por qué realmente les importa.

El caso es que cuando escuchaba a Juan Ramón Lucas en la entrevista a Jacques Diouf me quedé mucho rato dándole vueltas a un dato que comentó el director general: con el dinero que se invirtió en ayudar a los bancos hace unos meses se podía solucionar la crisis de hambre en el mundo. En tan solo unas semanas los gobiernos surtieron a los bancos del capital necesario para paliar la crisis financiera y para ayudar al resto de empresas y clientes a tener dinero necesario para sus negocios y pagos. Pero, oh nueva casualidad, las arcas de los bancos se han cubierto, pero la crisis no ha pasado y a los clientes no les dan un crédito ni para comprar un chicle en un kiosco. Menos mal que siempre hay un banco o caja pequeñita que nos saca de apuros. Los bancos grandes con publicidad por todo el mundo,(y subidos a los formula 1), ya saben por qué cada vez son más grandes y cada día ganan más cuando el resto pierde más.

¡Qué rápido tomaron las medidas para los grandes bancos! ¡Qué fácil es dar dinero, precisamente a quien más dinero tiene! ¡Qué sencillo es tomar medidas para solucionar problemas que nos afectan! Y ¡qué difícil es tener el coraje de hacer algo por la gente que está lejos y que tiene tanto derecho como nosotros a comer y no morir de hambre!

Cada seis segundos muere un niño, pero a los líderes mundiales, políticos y grandes empresarios es lo que menos les preocupa. No es por falta de recursos, no. Es un problema de prioridades que nadie quiere poner en orden.

Hay muchas injusticias y a cada uno nos duele la nuestra. Pero ojalá nunca nos veamos en la situación de sentir la mayor de las injusticias, el no poder llevarse nada a la boca.

Rucio

15 nov 2009

El tupé de Elvis


“Hay gente pa tó”. Según unos, esta frase la dijo el torero Rafael Guerra “Guerrita”. Según otros fue el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo”. Fuera el torero que fuera,-también podía haber sido Jesulín o el mismísimo Tigre de Ambiciones-, el caso es que según muchos, la frase nació de una anécdota que ustedes conocerán o de la que habrán oído hablar. Se cuenta que después de una corrida cuando el susodicho torero se reunió con sus amigos, periodistas y gente relacionada con las artes taurinas apareció por el hotel el gran Ortega y Gasset, el cual fue presentado al famoso torero como filósofo. El torero, sabio él como pocos, preguntó ¿filósofo? ¿y eso que es? Cuando le explicaron que se trataba de una persona que trabaja sobre las ideas y el pensamiento, el diestro sentenció, así con un par: “hay gente pa tó”.

Sin que tenga nada que ver con lo anterior, esta frase me viene al pelo, y nunca mejor dicho, como podrán observar en breves instantes.

El caso es que esta mañana me desperté temprano, fuera hacía un viento huracanado y en mi tenada, dentro del cobertizo, se estaba la mar de calentito. Puse la radio mientras me acababa de desperezar y tras las noticias más serias, -esas en las que todos los políticos nos siguen vendiendo la misma moto-, el periodista comentó, con una risilla entre los dientes, que una casa de subastas británica ha recabado mil ciento y pico euros por un pelo de Elvis. Si, un pelo nada más, igualito o parecido a los que usted tiene en su cabeza.

Según cuenta la noticia, el que fuera barbero personal durante veinte años guardó bastantes recortes de la cabellera de Elvis. El peluquero en cuestión se encargaba de cortarle y teñirle el pelo rubio, -si, si, han leído bien, ¡Elvis era rubio!- y cuando el rey del rock murió empezó a venderlo. Ahora, y tras el fugaz paso por una subasta, ya saben su final: alguien tiene en su casa o en un museo un pelo de Elvis. Y la pregunta es, ¿para qué lo quiere?

Como bien saben, esta noticia es la continuación de otra que apareció hace un mes cuando subastaron el tupé que se cortó antes de ir a la mili. Pero claro, como un tupé son muchos más pelos, les salió la puja por unos 15000 dólares, nada más.

Supongo que un disco, una guitarra, si me apuran hasta el traje blanco hortera, ese que algún imitador se sigue poniendo mientras casa a tropecientas parejas en Las Vegas al ritmo de aguambabulubabalambambu, tiene su aquel. Pero, ¿un pelo? ¿Cuál es el objeto de tener encima de la chimenea de tu casa un pelo de Elvis por muy auténtico que sea? Y encima por una pasta gansa. Como decía el otro, “hay gente pa tó”.

Por supuesto, cuando esta mañana me estaba tomando unas cañas con mi colega el burro Bruno y demás parentela, comentamos la noticia como si se tratara de un debate de los que organiza Sánchez Dragó. Bruno señalaba que nosotros los burros cuando nos esquilamos nos quitan pelo para 50 museos. Otro contertulio, fiel a las cañas de los domingos, proponía ir trasquilando a alguien que se vaya a hacer famoso en el futuro. En ese momento todos miramos a "Rosendo", el camarero con una cabellera más cuidada que Pocahontas. Fiel seguidor de los Obús, Barón Rojo y, cómo no, Leño, siempre afirma que su sueño es tocar la guitarra con su grupo de rock ante 20000 personas y si puede ser en Las Ventas.

Es posible que mañana aparezca con la cabeza más despejada que Don Limpio.

Rucio

11 nov 2009

Aterriza como puedas


Como todos ustedes saben Asterix y Obelix eran unos tipos valientes capaces de dar de guantazos a medio Imperio Romano antes de desayunar. Sólo temían una cosa, que el cielo cayera sobre sus cabezas. El cielo, de momento, no sé si caerá, pero no iban desencaminados.

Los científicos nos cuentan que un meteorito –una piedrecita de nada- hizo desaparecer a los dinosaurios. Si algún día se va la gravedad, como cuando se va la luz un par de segundos, es posible que los satélites que tenemos dando vueltas a la tierra se lancen hacía nosotros como flechas. O imagínense que los astronautas de la estación espacial internacional están jugando al tute, y con eso de la emoción del momento le pegan, sin querer, al botón de arranque cuando uno de ellos canta las cuarenta. Pues seguramente nos encontremos aparcada la estación al lado del Seat León que tenemos a la puerta de casa. Muchos de ustedes recordarán que Paco Rabanne vaticinó hace años que la estación iba a caer sobre París. ¡Qué crack, acertó de lleno! ¡Menos mal que no se dedica a dar el pronóstico del tiempo!

Puede, -nunca se sabe- que aparezca Superman y se nos plante en el balcón o hasta que pase por delante de nosotros un burro volando.

Todas estas cosas son posibles pero improbables. Lo que de verdad es posible y cualquier día probable, es que nos pidan permiso para que un avión aterrice en nuestro jardín. No por nada especial, no, sino porque algunos de los pilotos que controlan esos pájaros están a uvas. Sería mejor que se dedicaran a volar avionetas de las de control remoto.

Recordaran cuando hace unas semanas dos pilotos se enfrascaron en una airada discusión y se olvidaron que tenían que aterrizar. Cuando se quisieron dar cuenta, se habían pasado 230 kilómetros de su punto de destino. Por lo visto, era tal la discusión que ni siquiera escucharon las llamadas de la torre de control. Vamos, que más de un controlador tendría principio de infarto viendo la situación y estos se pasaron 17 pueblos.

Pero para completar el cuadro aeronáutico, hoy aparece otra noticia en la que se cuenta que han detenido a un piloto cuando se disponía a despegar porque superaba la tasa de alcohol permitida. Supongo que para los pilotos llevar un pajarraco de esas dimensiones es como montar en bicicleta, solo que un poco más alto. Me lo estoy imaginado, comida con el copiloto y las azafatas, que corra el vino, chupito para que baje el postre y whiskito detrás del café. Y vamos, Larry, que tenemos que llegar a Chicago antes de las diez, que me espera mi Churri para cenar. Es más, ahora en el viaje una siestecita y como un rey.

Si las compañías de vuelos cobran un riñón y te pierden todas las maletas, en los aeropuertos te registran más que a un delincuente en la cárcel y los pilotos son capaces de dejarte en cualquier parte del planeta, la próxima vez me voy en barco que a mí eso de los burros volando no se me da bien.


Rucio

1 nov 2009

Pintadas y naturales


Me llama mi colega el burro Bruno para preguntarme dónde me meto, pues no se me ve pastando por el prado y no he bajado al bar a tomar el café de todas las semanas. Es más, -me dice-, en la página esa en la que sueles escribir no hay nada nuevo. La verdad, -le contesto-, es que he tenido más trabajo que el ascensor de un hospital, -fíjense cuando vayan a un hospital como los ascensores no paran ni diez segundos al día- y no he tenido nada de tiempo libre.

Como ustedes saben, desde que me prejubilé me dedico a las labores intelectuales, y aunque dicen que el saber no ocupa lugar, al menos si lleva su tiempo. Y en ello he andado y ello ando todavía, sacando adelante mis estudios y mis cursos. Según está el patio, lo mejor es estar preparados para insultar con educación a la panda de golfos corruptos que tenemos por políticos en este país. Se llevarán nuestro dinero, pero al menos no nos tomarán por tontos.

Así que nada, me bajé al bar a tomar ese café con Bruno y demás parentela y allí comentamos las noticias y dimos cuenta de lo mal que anda el género humano de la azotea. Sólo hay que ver el tipo de cosas que hacen ciertas personas “humanas”. Cada vez vamos a peor. Y si no “al tiempo”, que decía mi abuelo. Algún día les hablaré del burro sabio que fue.

Una de estas noticias, que estoy seguro que ya han escuchado en el telediario hace unos días, ocurrió en el vecindario del Albaicín, en Granada, que harto de ver cada vez más pintadas decidió vigilar por la noche al acecho del grafitero gamberrete. Para su sorpresa, ese grafitero no era otro, pásmense, que todo un profesor universitario. Denunciado hace meses a la policía, el tío volvió a las andadas hace unos días, poniendo acotaciones y puntualizando las pintadas que hizo antes, con temática obscena y pornográfica.

Cuando los vecinos se enteraron de quién hacía semejantes obras de arte y de que vivía en el barrio se quedaron alucinados. Sin comentarios.

Otra de las noticias, que en este caso pocos de ustedes saben, me la pasó otro burro que es buen amiguete y reside en Ávila. Me la mandó por correo electrónico con el siguiente titular del Ávila Digital: “Un abulense toma por morlacos a dos policías para emular a José Tomás”. Entre tantas noticias que nos cabrean a más no poder, ésta es una de las que te alegran el día.

La historia sucedió en Salamanca cuando un estudiante abulense volvía de juerga a las siete de la mañana,-o estaba todavía en ella, que para el caso es lo mismo-, su destino le llevó a pasar por la Plaza mayor y decidió torear a una patrulla de la Policía Local. El hecho no hubiera ido más allá sino fuera por la afición taurina del joven y del agente policial encargado de redactar el parte de la detención, que da fe de la afición al arte de Cúchares de ambos.

Ocurrió a las siete de la mañana del sábado cuando el joven estaba haciendo recortes y “toreó por naturales”, según dice el parte policial recogido por Efe, a una máquina barredora que a esa hora de la mañana hacía la limpieza habitual. Al poco llegó una dotación de la Policía Local, cuyos agentes dejaron en el parte policial detalles de los pases del estudiante.

El vehículo policial fue recibido por el joven con “dos naturales y un derechazo”, y cuando uno de los agentes se bajó del coche, el diestro salió “corriendo como si fuera un encierro”. No salió a hombros, sino que tuvo que ser perseguido por la Plaza Mayor y varias calles adyacentes, como la de Espoz y Mina y la plaza del Mercado, y logró ser identificado en la calle Clavel, donde fue denunciado por alteración del orden público. ¡Qué arte! Está para los tigres, pero !que arte!. Al menos nos echaremos unas risas.

Rucio