
Hoy vengo con la tecla un poco caliente, así que perdónenme de antemano si alguien se siente ofendido. Siento decirlo, pero el género humano no tiene arreglo. Antes se acaba el mundo. Y a este paso, y viendo como está el patio, no sé si le quedará mucho. Ese hombre tan inteligente y tan ser superior, con respecto al resto de animales, no es nada de nada, y cada día menos, cuando es capaz de cometer más y más atrocidades.
De verdad que en esta vida ya no me sorprende nada, bueno casi nada, pero hay cosas que un burro como yo no podrá entender nunca. Casi siempre, oh casualidad, son cosas que están relacionadas con las personas, sus egoísmos y su falta de escrúpulos.
Supongo que siempre ha pasado y seguirá pasando, pero uno no puede dejar de indignarse ante tales situaciones. Les cuento.
No sé si ustedes sabrán, pero estos días se está celebrando en Roma la conferencia general de la FAO. Yo me he enterado por pura casualidad y porque el periodista Juan Ramón Lucas tuvo hace unos días la delicadeza, de buen profesional, de entrevistar a Jacques Diouf, director general de la FAO. Al resto de los grandes medios de comunicación (siempre hay algún medio pequeño que es la gran excepción) no les interesa en absoluto, entre otras cosas porque a esta conferencia no ha acudido ni un solo presidente europeo. Están demasiado ocupados intentando acabar con la crisis, con la corrupción y con los mil y un problemas que todos ellos crean cada día. Como para que les preocupe que haya en el mundo 1000 millones de hambrientos.
De lo que sí estoy seguro que han oído hablar, es que cada seis segundos muere un niño de hambre en el mundo. De esto, los grandes medios si han informado, aunque no estoy seguro de si lo han hecho por lo que tiene de gran titular o por qué realmente les importa.
El caso es que cuando escuchaba a Juan Ramón Lucas en la entrevista a Jacques Diouf me quedé mucho rato dándole vueltas a un dato que comentó el director general: con el dinero que se invirtió en ayudar a los bancos hace unos meses se podía solucionar la crisis de hambre en el mundo. En tan solo unas semanas los gobiernos surtieron a los bancos del capital necesario para paliar la crisis financiera y para ayudar al resto de empresas y clientes a tener dinero necesario para sus negocios y pagos. Pero, oh nueva casualidad, las arcas de los bancos se han cubierto, pero la crisis no ha pasado y a los clientes no les dan un crédito ni para comprar un chicle en un kiosco. Menos mal que siempre hay un banco o caja pequeñita que nos saca de apuros. Los bancos grandes con publicidad por todo el mundo,(y subidos a los formula 1), ya saben por qué cada vez son más grandes y cada día ganan más cuando el resto pierde más.
¡Qué rápido tomaron las medidas para los grandes bancos! ¡Qué fácil es dar dinero, precisamente a quien más dinero tiene! ¡Qué sencillo es tomar medidas para solucionar problemas que nos afectan! Y ¡qué difícil es tener el coraje de hacer algo por la gente que está lejos y que tiene tanto derecho como nosotros a comer y no morir de hambre!
Cada seis segundos muere un niño, pero a los líderes mundiales, políticos y grandes empresarios es lo que menos les preocupa. No es por falta de recursos, no. Es un problema de prioridades que nadie quiere poner en orden.
Hay muchas injusticias y a cada uno nos duele la nuestra. Pero ojalá nunca nos veamos en la situación de sentir la mayor de las injusticias, el no poder llevarse nada a la boca.
Rucio





