6 ene 2026

Crónica cervantina: Groenlandia, nueva ambición de Donaldo Trump

 Por Miguel de Cervantes Saavedra, Cronista de Noticia y Desengaño


En un lugar de las Occidentales Indias, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de melena teñida en oros, palabra altisonante y voluntad más grande que sus propios dominios. Es este don Donald, caballero de la Blanca Mansión, quien, habiendo apenas limpiado su espada de las recientes polvaredas en las tierras de la Venezuela —donde dicen que ha mudado el gobierno como quien muda de camisa—, ha vuelto sus ojos y sus ansias hacia una ínsula tan remota como helada, que los hombres llaman Groenlandia.

Sépase, lector carísimo, que este moderno caballero, no contento con las fronteras que la naturaleza y los tratados le otorgaron, ha dado en la deliciosa locura de querer anexionar para sí aquel reino de nieves eternas. Afirma don Donald, con la gravedad de quien anuncia una nueva ley de caballería, que dicha tierra es «estratégica» y que sus entrañas esconden tesoros y aceites que el mundo ansía. ¡Oh, divina providencia! ¡Cuán parecido es el deseo de este señor al de Sancho Panza, que suspiraba por su ínsula, aunque en esta ocasión el gobernador designado no es un rústico escudero, sino un tal Jeff Landry, hidalgo de la Luisiana, a quien el gran señor ha nombrado enviado especial para que convierta el hielo en barras y estrellas!

Mas no todos en el orbe celebran tales desvaríos. La dueña Mette Frederiksen, que rige con mano firme los destinos de la Dinamarca, ha respondido con palabras que parecen sacadas de un libro de leyes antiguas, diciendo que tal pretensión no tiene lugar entre amigos ni entre cuerdos. «Basta ya de fantasías», claman los señores del Norte, mientras el de la Florida se burla de sus defensas, diciendo, con risa que resuena por los aires, que los daneses han reforzado su frontera con apenas un trineo de perros más.

De los fieros discursos y las amenazas de guerra

Cuentan las crónicas que este don Donald, subido en su carroza de hierro que vuela por los vientos (a la que llaman Air Force One), ha dicho que la seguridad del mundo depende de que él posea aquel peñasco de hielo. Sus escuderos, entre los que destaca un tal Esteban Miller, afirman con soberbia que, siendo ellos una potencia de tal magnitud, no hay derecho de linaje que valga frente a su necesidad.

Por su parte, los moradores de la ínsula helada, gente sufrida y valiente, han dicho por boca de su capitán Nielsen que no están en venta, ni son mercancía de feria, ni desean ser súbditos de señor que les hable con tan poca cortesía. Dicen los sabios que, de persistir este empeño, se romperán las alianzas que por tantos años mantuvieron la paz en la cristiandad, pues atacar a un aliado de la orden de la OTAN sería como arremeter contra los propios cimientos del mundo.

Lo que esta historia nos enseña

¡Válame Dios! ¡Qué de cosas vemos en este siglo de luces y sombras! Un caballero que, tras vencer a un gigante en el Sur, pretende ahora comprar un continente en el Norte como si fuera una posada de camino.

«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar que la encubre.»

Y así está el mundo, confuso y alborotado, esperando ver si la razón se impone a la codicia, o si este don Quijote de los negocios acabará por arremeter contra los icebergs pensando que son ejércitos enemigos, o si, por el contrario, logrará que el mapa del mundo se escriba con la tinta de su propia voluntad.


3 ene 2026

Crónica cervantina: Crónica de una violación del Derecho Internacional

Por Miguel de Cervantes Saavedra, Cronista de Noticia y Desengaño

Es verdaderamente asombroso el tiempo en que nos ha tocado vivir, donde las realidades del Nuevo Mundo superan con creces las fantasías de los libros de caballerías. Así pues, he de poner mi pluma al servicio de esta crónica, relatando los sucesos que en este tercer día de enero del año del Señor de 2026 han dejado a las gentes de uno y otro lado del océano con el ánimo suspenso y la razón turbada.


DE CÓMO EL POTENTADO DEL NORTE DESAFIÓ LAS LEYES DEL MUNDO Y CAUTIVÓ AL GOBERNADOR DE LA PEQUEÑA VENECIA

En un lugar de las Indias, de cuyo nombre todos hoy se acuerdan, llamada la Santiago de León de Caracas, ha acontecido un lance tan inaudito que ni el mismo Cide Hamete Benengeli podría haber imaginado en sus más delirantes capítulos.

Digo, pues, que el señor Donaldo, soberano de las tierras septentrionales, hombre de rubio copete y voluntad de hierro, ha decidido que las leyes que los hombres sabios llaman el Derecho de Gentes no son más que telarañas que solo detienen a las moscas pequeñas, mas no a los grandes abejorros del poder. En una noche de nubarrones y estrépitos de metal, envió sus huestes —aquellos guerreros que llaman Delta Force, maestros en el arte de la sorpresa y el sigilo— para que, como rayos caídos del cielo, se abalanzaran sobre la morada del Gobernador Maduro.


El Asalto de las Aves de Hierro

Cuentan las crónicas que antes de que el gallo cantara dos veces, aves de hierro y fuego surcaron los aires, sembrando el espanto en la fortaleza de Fuerte Tiuna. Allí, el Gobernador, que por tantos años ha regido los destinos de aquellas fértiles y sufridas tierras, fue hallado no con la espada en mano, sino con el asombro pintado en el rostro. Fue sacado de su palacio en volandas, no por el juicio de los tribunales o la voluntad de sus vecinos, sino por la fuerza de las armas, y llevado en cautiverio a un gran navío de guerra que llaman el USS Iwo Jima, donde hoy permanece entre hierros y guardas.


La Burla de las Leyes Humanas

¡Oh, tiempos de desmesura! El gran potentado del Norte, lejos de mostrar pesadumbre por haber roto los sellos de la soberanía de los reinos, se ha mostrado ante el mundo con donaire y mofa, diciendo que él mismo gobernará aquellas tierras del sur hasta que le plazca entregar las llaves a otros. Es asaz doloroso ver cómo la justicia internacional, que debería ser escudo de los débiles y freno de los poderosos, ha sido tratada como papel de estraza en esta ocasión.

"No hay justicia donde la fuerza manda, ni hay ley donde la voluntad de un solo hombre se impone sobre el concierto de todas las naciones."

Los sabios de las academias y los oidores de las grandes cortes del mundo claman al cielo, pues este precedente deja a todos los reinos a merced de quien tenga el brazo más largo y la mecha más corta. El Gobernador Maduro, ahora cautivo, aguarda ser llevado a las cárceles de la Gran Nueva York, mientras el mundo se pregunta si aún queda algún rincón en la tierra donde el derecho valga más que el estruendo de los cañones.

Es de justicia, y aun de buena fe, añadir a este relato lo que la voz del pueblo y los analales de la desventura cuentan sobre la naturaleza del mando de este Gobernador. Pues, si bien el asalto fue rudo y ajeno a las leyes de las naciones, no es menos cierto que el cautivo no era príncipe legítimo, sino tirano de voluntad antojadiza. No ocupaba el solio de la Pequeña Venecia por el libre consentimiento de sus naturales, sino que, cual usurpador de los que se leen en las viejas historias, se había hecho con el báculo de mando mediante artes oscuras y engaños electorales.

"No es verdadero rey quien no mira por el bien de sus vasallos, sino aquel que, olvidando su propia persona, hace de la justicia su norte y de la ley su escudo."



31 dic 2025

Crónica cervantina: resumen año 2025

Por Miguel de Cervantes Saavedra, Cronista de Noticia y Desengaños

¡Válame Dios, y qué de desventuras y fazañas ha visto aqueste año de gracia de dos mil y veinte y cinco! Poned mientes, lector carísimo, que lo que aquí se relata no es fruto de encantamentos ni de libros de caballerías, sino la cruda verdad de una España y un mundo que parecen haber perdido el juicio, más que aquel hidalgo manchego de cuyo nombre no quiero acordarme.

Aqueste es el sumario de los doce meses que han pasado, escrito con la pluma de la verdad y el tintero de la melancolía.

Enero: El Gigante de las Rutilantes Guedejas

Comenzó el año con el estruendo de los tambores en las lejanas tierras de la Nueva España —que ahora llaman Estados Unidos—, donde don Donald Trump, caballero de rubio flequillo y lengua de fuego, ciñóse de nuevo la corona de presidente. Apenas hubo tomado el mando, dio en perseguir a los desvalidos inmigrantes como si fueran gigantes de brazos infinitos, olvidando que la caridad es la primera virtud del cristiano. En aqueste mes, su amistad con el señor Musk, artífice de carros que andan sin caballos y pájaros de hierro que surcan el éter, era tan estrecha que parecían don Quijote y Sancho, si bien ambos con la bolsa más llena y el juicio más escaso.

Febrero: La Tragedia de Levante y las Sombras del Engaño

En las tierras del Levante español, todavía olían las ropas al barro de la DANA. Fue en este mes cuando se hicieron más sonoras las quejas contra el señor Mazón y el hidalgo Feijóo. ¡Qué de mentiras y de bulos se vertieron para tapar la desidia! Mientras el cielo descargaba su furia —fruto de ese cambio climático que muchos necios aún niegan, diciendo que son cosas de encantamentos y no de la propia naturaleza maltratada—, los gobernantes andaban perdidos en banquetes y despachos, dejando al pueblo a merced de las aguas.

Marzo: Las Memoria del Rey y las Penas de Gaza

Llegó la noticia de que el Rey Juan Carlos, en su retiro de las tierras del sol abrasador, daba a la imprenta sus memorias. ¡Válame, qué de secretos guardarán esas páginas! Pero mientras en palacio se escribía, en la tierra de Gaza el genocidio no daba tregua. Una carnicería que hiela la sangre y que el mundo contempla con la misma pasividad con la que se mira una comedia de Lope, sin entender que allí se muere de veras.

Abril: El Gran Apagón y la Muerte del Sabio

Aconteció en abril lo nunca visto: la Gran Tiniebla. Un apagón dejó a las Españas sin la luz de los cables, obligando a los hombres a mirarse a los ojos y a descubrir que, sin sus artilugios, no son nada. En medio de la oscuridad, nos dejó don Mario Vargas Llosa, escribidor de fuste, que se fue a buscar el Reino de los Cielos el día trece, dejando sus letras huérfanas.

Mayo: Humo Blanco y el Nuevo Pastor

Habemus Papam! Tras la partida del buen Francisco, los cardenales, entre inciensos y rezos, eligieron a un nuevo guía que tomó el nombre de León XIV. Un hombre de las Américas, el señor Prevost, llamado a pastorear a una Iglesia que zozobra entre la fe y los escándalos del mundo moderno.

Junio: Juicios, Corrupciones y Otros Maleantes

No hubo día en junio que no trajera noticia de tribunales. Que si el fiscal general a juicio, que si la corrupción en el PSOE manchaba las túnicas de los ministros, que si el novio de la señora Ayuso andaba envuelto en fraudes fiscales de infame memoria. Parecía la cueva de Montesinos, pero llena de contables y leguleyos. Incluso el viejo Montoro, otrora guardián de la bolsa real, se vio imputado por sus antiguas artes.

Julio: El Fuego en la Sangre y el Calor en la Tierra

Ardió España por los cuatro costados. Los incendios, espoleados por el calor de un sol que parece castigarnos, devoraron bosques y aldeas. Y mientras los montes ardían, en Andalucía los cribados médicos traían nuevas de salud y desasosiego, mientras la ultraderecha seguía sembrando el odio en los corazones, como quien siembra cizaña en campo de trigo.

Agosto: La Desdicha de los Cómicos y los Cantores

Mes de luto fue agosto para las artes. Se nos fue la joven Verónica Echegui, cuya belleza y talento se apagaron antes de tiempo. También lloramos al gran Pepe Mujica, el sabio de la humildad, que murió como vivió: sin más riqueza que su palabra. Y para remate de males, el señor Sabina, el de la voz de lija y bombín, anunció que ya no subiría más a las tablas, dejando los escenarios más vacíos que una venta de la Mancha en invierno.

Septiembre: El Robo del Siglo y el Adiós al Galán

En la ciudad de París, unos pícaros de gran ingenio entraron en el Louvre y se llevaron joyas de la corona, burlando a guardias y cerrojos. Casi al mismo tiempo, el gran Robert Redford, aquel caballero de la pantalla que parecía no envejecer nunca, entregó su alma al Creador en sus tierras de Utah.

Octubre: La Voz de Rosalía y el Juicio de los Pujol

Trajo octubre el nuevo disco de la Rosalía, que canta con artes que parecen de brujería y que todo el mundo celebra. Pero no todo fue música; en los tribunales empezó al fin el juicio a la familia Pujol, aquellos que gobernaron Cataluña como si fuera su propio cortijo, y que ahora rinden cuentas por sus sacos de monedas escondidos.

Noviembre: Cincuenta Años sin el Dictador y la Dimisión de Mazón

Cumpliéronse cincuenta años de cuando el dictador Franco bajó a la tumba, y España recordó aquel tiempo de sombras. Fue también el mes en que el señor Mazón, abrumado por el peso de sus culpas y las mentiras de la DANA, hubo de dimitir al fin, dejando su cargo ante el clamor del pueblo que no perdona el olvido.

Diciembre: El Rock se Viste de Luto

Y para cerrar este año de desdichas, el diez de diciembre se nos fue Robe Iniesta, el poeta de Plasencia, aquel que puso versos de oro a la rabia del rock. Murió el hombre, pero queda su música, que seguirá sonando en las tabernas y en los corazones de los que todavía creen en la libertad.

Termina este año dos mil y veinticinco con la vivienda y los alquileres por las nubes, haciendo que los jóvenes no tengan donde reclinar la cabeza, y con la guerra de Ucrania todavía sangrando en el costado de Europa. ¡Oh, mundo, mundo, que cuanto más progresas, más parece que retrocedes!

Vale

30 dic 2025

Crónica cervantina: Badalona

 


De la lamentable desventura que padecieron ciertos peregrinos de lejanas tierras en la villa de Badalona, y del desamparo que hallaron bajo los arcos de un puente.

Sucedió pues, en estos días de inviernos crudos y de corazones aún más gélidos, que en la ínclita villa de Badalona —asentada a las orillas del mar que otros llaman Mediterráneo— se vio una fazaña de las que mueven a lástima a las piedras y a indignación a los hombres de buena voluntad. Eran allí recogidos, en un aposento que antes fue de letras y hoy es de ruinas, unos cuatrocientos cuitados, gentes venidas de las partes de Guinea y otras regiones de la Berbería, que no traían más hacienda que sus propios suspiros y la esperanza de hallar en nuestras tierras el pan que en las suyas se les negaba.

Quiso la suerte, o por mejor decir, la falta de ella, que al despuntar el alba de un miércoles de diciembre, se presentasen ante las puertas de aquel refugio una gran tropa de alguaciles y ministros de la vara, armados de decretos y de furgones de acero. Sin mirar que el frío calaba los huesos ni que el cielo amenazaba con llanto de lluvia, procedieron a lanzar a la calle a todos aquellos menesterosos, como quien sacude el polvo de una capa vieja.

«¡Fuera de aquí, que la ocupación es pecado y delito!», gritaban los que mandan, mientras los pobres peregrinos arrastraban sus petates y colchones, semejando una procesión de ánimas en pena que no hallaban donde hincar la rodilla.

Y es aquí, vuestra merced, donde la historia trueca su color en negro azabache. El señor de aquella villa, que por nombre tiene Albiol y por oficio el de regidor, proclamó a los cuatro vientos que ni un solo maravedí de las arcas públicas se gastaría en dar posada a quienes él llamaba intrusos. ¡Cosa inaudita en tiempos donde se celebra el nacimiento de Aquel que también nació en un pesebre por no hallar sitio en la hostería!

Viéronse entonces estos desdichados obligados a buscar amparo bajo los arcos de un puente de la autopista, por donde pasan los carros de hierro con gran estruendo, ignorando la miseria que debajo se cobija. Allí, entre el humo de los caminos y la humedad de la tierra, levantaron tiendas de trapo y cartón, siendo su única lumbre la caridad de algunos vecinos y su único techo el cemento frío de la indiferencia.

Dicen las crónicas de ahora que algunos han sido llevados a otras posadas por mano de la Santa Iglesia o de la Generalidad, pero muchos otros quedan todavía al raso, tiritando de miedo y de olvido. No hay duda de que vivimos en tiempos donde se prefiere la ley que castiga a la misericordia que socorre, y donde se mide la justicia por el color de la piel o la falta de ducados en la bolsa.

Quede pues escrita esta memoria para que no se olvide que, bajo el puente de la soberbia, duerme la vergüenza de todo un reino.


Miguel de Cervantes Saavedra