
Esta mañana cuando salí de mi cobertizo el viento me tiró las orejas para atrás. No me dejaba ponerlas tiesas. Vamos, que parecía que estaba montando en moto. Así que como el día está muy desapacible, hoy he decidido quedarme en casita. Un buen libro, los periódicos y un ratito de radio a la orilla de la chimenea, -como cantaba Sabina-, son grandes placeres que no se pagan con nada. Y esta tarde, un poco de estudio, que como bien saben es mi mayor ocupación en esta tan feliz prejubilación a la que decidí acogerme.
El caso es que leyendo los periódicos me encuentro con otra noticia sobre deportistas en la que el deporte que se practica no es el protagonista precisamente. En las últimas semanas ya son unas cuantas las, llamémosle, “noticias curiosas”. Recordarán que hace cosa de un mes, los periódicos anunciaban entre risas y alborozo como un jugador había recibido una tarjeta amarilla en un partido de fútbol por lanzar una ventosidad a escasa distancia de la cara del árbitro. El colegiado estaba inclinado y cuando el jugador se agachó a colocar el balón antes de sacar una falta, éste aprovechó para soltar aire cargado de sustancias nocivas. Ahora, la Federación inglesa está estudiando sancionar al jugador con dos partidos de suspensión por “actitud injuriosa hacia el árbitro”. Como dice un buen colega, hay veces que es preferible perder un amigo que romper una tripa.
Otra de las noticias que llegan desde las Islas Británicas tiene que ver con John Terry, capitán del Chelsea y de la selección inglesa. Por lo visto, el jugador cobra dinero por hacer visitas guiadas y secretas a las instalaciones de su equipo sin que lo sepan ni su entrenador, ni los dirigentes. Junto con un coleguita reventa organizan a grupos de gente y los pasan por el centro de entrenamiento para sacarse un sobre sueldo. Por cada uno de estos grupos cobra, -ojo al dato, que diría el otro-, 11000 euros. Hay que ser cutre, para hacer esto cuando se gana, como en su caso, 9 millones de euros al año. En fin, debe ser que no llega a fin de mes para pagar la hipoteca.
De todos es sabido que hay muchos deportistas, sobre todo futbolistas, que les gusta más la fiesta que a un tonto un lápiz. Bueno, parece ser que a algunos también les gusta la post-fiesta y lo que sucede tras salir de una discoteca. Hace menos de un mes, el jugador del Real Madrid Benzema estrelló su coche levemente contra un árbol cuando iba camino de casa después de un partido. Dicho jugador se encontraba hace un par de días de vacaciones junto a un famoso rapero francés en las Islas Reunión. Ambos salían de celebrar el cumpleaños del futbolista de otra disco, se subieron a un coche deportivo y poco después se pegaron una excursión por el campo. Por Dios, que alguien le dé a este hombre cuando salga de noche una bicicleta. Bueno, una bicicleta y un casco.
Otro futbolista experto en meterse en líos es el jugador del Valencia, Miguel. Hace unos años se vio envuelto en un incidente discotequero en el que no faltaron los puñetazos, pero ahora de puñetazos pasaron a tiros. Les cuento. Resulta que el jugador y unos amiguetes estaban de fies en Lisboa y quisieron tomarse la penúltima en un local que ya había cerrado. La cuestión es que allí se produjo un altercado, supongo que por no dejar entrar a tan insignes personas, y uno de los colegas de Miguel sacó una pistola y se lió a tiros como si estuvieran en pleno Oeste americano. Por supuesto acabaron detenidos, aunque no creo que tardaran en salir del calabozo.
Pero el caso que se lleva la palma, ha ocupado portadas y ha sido retransmitido en directo es el del golfista Tiger Woods. El pastel se descubrió cuando el deportista alegó que había tenido un accidente de coche y se había golpeado en la cabeza, pero resultó que su mujer se enteró de que se la pegaba con otra, bueno, con otras dos, uy no, con tres, pues va a ser que eran cuatro, no, no, no eran cinco, ¿o eran seis?, no sé quizá siete u ocho, o a lo mejor nueve, anda que si eran diez u once, puede que hasta trece, y … al final, lo ha confesado la última amante, eran catorce. Como ya he perdido la cuenta, les decía que la mujer se enteró que se la estaba pegando con “a saber cuantas”, agarró uno de sus palos de golf y le arréo con ganas. No es para menos.
Las últimas informaciones señalan que se ha pasado muchas noches en los casinos de Las Vegas, en torno a una mesa de juego, fumando y bebiendo con amigos y rodeado de chicas. Y la pregunta es, ¿cómo puede ser el mejor golfista del mundo con semejante estrés de vida? Claro, ahora que no puede hacer nada de lo que le gusta anuncia que se retira por un tiempo.
Va a ser lo que decía Romario, -que últimamente sale en un anuncio-, que para rendir bien necesitaba salir de fies la noche anterior. Nada mejor para un espíritu positivo y un buen ánimo que las relaciones sociales. Si señor.
Siguiendo esta teoría propongo que el día 1 de enero sea laborable. ¡Menuda producción iba a tener este país tras la Nochevieja!
Rucio
El caso es que leyendo los periódicos me encuentro con otra noticia sobre deportistas en la que el deporte que se practica no es el protagonista precisamente. En las últimas semanas ya son unas cuantas las, llamémosle, “noticias curiosas”. Recordarán que hace cosa de un mes, los periódicos anunciaban entre risas y alborozo como un jugador había recibido una tarjeta amarilla en un partido de fútbol por lanzar una ventosidad a escasa distancia de la cara del árbitro. El colegiado estaba inclinado y cuando el jugador se agachó a colocar el balón antes de sacar una falta, éste aprovechó para soltar aire cargado de sustancias nocivas. Ahora, la Federación inglesa está estudiando sancionar al jugador con dos partidos de suspensión por “actitud injuriosa hacia el árbitro”. Como dice un buen colega, hay veces que es preferible perder un amigo que romper una tripa.
Otra de las noticias que llegan desde las Islas Británicas tiene que ver con John Terry, capitán del Chelsea y de la selección inglesa. Por lo visto, el jugador cobra dinero por hacer visitas guiadas y secretas a las instalaciones de su equipo sin que lo sepan ni su entrenador, ni los dirigentes. Junto con un coleguita reventa organizan a grupos de gente y los pasan por el centro de entrenamiento para sacarse un sobre sueldo. Por cada uno de estos grupos cobra, -ojo al dato, que diría el otro-, 11000 euros. Hay que ser cutre, para hacer esto cuando se gana, como en su caso, 9 millones de euros al año. En fin, debe ser que no llega a fin de mes para pagar la hipoteca.
De todos es sabido que hay muchos deportistas, sobre todo futbolistas, que les gusta más la fiesta que a un tonto un lápiz. Bueno, parece ser que a algunos también les gusta la post-fiesta y lo que sucede tras salir de una discoteca. Hace menos de un mes, el jugador del Real Madrid Benzema estrelló su coche levemente contra un árbol cuando iba camino de casa después de un partido. Dicho jugador se encontraba hace un par de días de vacaciones junto a un famoso rapero francés en las Islas Reunión. Ambos salían de celebrar el cumpleaños del futbolista de otra disco, se subieron a un coche deportivo y poco después se pegaron una excursión por el campo. Por Dios, que alguien le dé a este hombre cuando salga de noche una bicicleta. Bueno, una bicicleta y un casco.
Otro futbolista experto en meterse en líos es el jugador del Valencia, Miguel. Hace unos años se vio envuelto en un incidente discotequero en el que no faltaron los puñetazos, pero ahora de puñetazos pasaron a tiros. Les cuento. Resulta que el jugador y unos amiguetes estaban de fies en Lisboa y quisieron tomarse la penúltima en un local que ya había cerrado. La cuestión es que allí se produjo un altercado, supongo que por no dejar entrar a tan insignes personas, y uno de los colegas de Miguel sacó una pistola y se lió a tiros como si estuvieran en pleno Oeste americano. Por supuesto acabaron detenidos, aunque no creo que tardaran en salir del calabozo.
Pero el caso que se lleva la palma, ha ocupado portadas y ha sido retransmitido en directo es el del golfista Tiger Woods. El pastel se descubrió cuando el deportista alegó que había tenido un accidente de coche y se había golpeado en la cabeza, pero resultó que su mujer se enteró de que se la pegaba con otra, bueno, con otras dos, uy no, con tres, pues va a ser que eran cuatro, no, no, no eran cinco, ¿o eran seis?, no sé quizá siete u ocho, o a lo mejor nueve, anda que si eran diez u once, puede que hasta trece, y … al final, lo ha confesado la última amante, eran catorce. Como ya he perdido la cuenta, les decía que la mujer se enteró que se la estaba pegando con “a saber cuantas”, agarró uno de sus palos de golf y le arréo con ganas. No es para menos.
Las últimas informaciones señalan que se ha pasado muchas noches en los casinos de Las Vegas, en torno a una mesa de juego, fumando y bebiendo con amigos y rodeado de chicas. Y la pregunta es, ¿cómo puede ser el mejor golfista del mundo con semejante estrés de vida? Claro, ahora que no puede hacer nada de lo que le gusta anuncia que se retira por un tiempo.
Va a ser lo que decía Romario, -que últimamente sale en un anuncio-, que para rendir bien necesitaba salir de fies la noche anterior. Nada mejor para un espíritu positivo y un buen ánimo que las relaciones sociales. Si señor.
Siguiendo esta teoría propongo que el día 1 de enero sea laborable. ¡Menuda producción iba a tener este país tras la Nochevieja!
Rucio






























