Si, si amigos, soy yo el que habla, bueno, más bien el que escribe las palabras que ahora estás leyendo. Seguro que te sorprende, pero que quieres que te diga, a mi me sorprenden muchas cosas que tú haces y no digo nada, así que sigue leyendo y no le des más vueltas.
Has de saber, si alguna vez has leído algo de este blog, que a partir de ahora voy a colaborar con el hombrecillo que lleva esta página. Somos amiguetes desde hace un tiempo, cuando el tipo paseaba una tarde de domingo y llegó hasta el cercado donde yo pastaba tranquilamente. Iba con unos auriculares de esos modernos escuchando el fútbol, se paró y se quedó mirando, como si nunca hubiera visto un burro. Me acerqué para ver si quería algo y allí nos pasamos un buen rato charlando de lo divino y de lo humano. Desde entonces, nos caímos bien y hablamos a menudo.
Como él anda muy liado, me ha pedido que le eche una mano y escriba de vez en cuando aquí. Dice que tengo buena labia y que mi ironía y sarcasmo son muy propios para comentar todo tipo de cosas que pasan hoy en día. Seguiremos teniendo muy en cuenta el espíritu de Larra, pero quiere que yo lleve la parte principal del asunto. De hecho, como podéis observar hemos cambiado el título, pues quiere que sea el protagonista del tinglado y hasta ha puesto mi careto en la portada.
Ahora, la verdad, es que tengo tiempo. Ya no trabajo en ninguna de las ocupaciones propias de mi especie, así que me dedico a pastar en mi monte, a ver la vida pasar y al estudio detenido de las ciencias y las artes nobles.
Como puedes leer ahí encima de mis orejas seguiremos escribiendo sobre educación, sociedad y cultura. Eso si, no esperes que escriba tan educadamente como lo hace él, lo mío es ser el azote de las mentes y a ello me dedicaré, a poner un punto guerrero, a decir las cosas como son, alabando lo bueno y criticando lo malo.
A mis años he visto y sigo viendo mucho, así que tengo un buen surtido de cosas que comentar. A ello me pongo. En próximos capítulos les contaré algo de mí y de mi visión del mundo.
Rucio
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