1 ago 2009

La lluvia deseada


Me asomo esta mañana al prado donde suelo pastar. Miro al horizonte concienzudamente y por fin veo unas cuantas nubes que, según dice el parte meteorológico, pueden dejar algunas lluvias débiles. Pasan unos minutos y esas nubes están ahora encima de mis orejas, pero se resisten a soltar el agua tan necesaria. Supongo que dentro de un ratito soltarán algo y ojalá sea durante más de cinco minutos que es el tiempo de media que llueve en los últimos años.

Cuando era un burro jovencito allá por los meses de marzo y abril la hierba que había en los prados me tapaba las canillas. De hecho me llegaba hasta la barriga. No se imaginan que gusto era poder comer a boca llena la hierba fresca y abundante. Igualito que ahora, vamos, que casi no hay briznas que cubran los campos de pastos y la poca que hay es seca y de mala calidad. Yo personalmente no he conocido nunca que se le tenga que dar de comer al ganado en esta época del año.

Estas semanas cada vez que me paseo por los contornos de la vieja Castilla estoy notando un fuerte viento que no se percibía en años anteriores. No sé, no me hagan mucho caso, no entiendo mucho de meteorología, -sólo soy un burrillo que ha pasado muchos años por el campo-, pero lo que sucede con el clima no es ni medio normal. Muchos expertos aseguran que el cambio climático es un hecho. Yo creo que de verdad es así, a pesar de que ciertos políticos estrechos de miras, salvo para las miras de su bolsillo, se nieguen a admitirlo.

Otra de las cosas que debería preocuparnos son las temperaturas. Durante el día se pueden alcanzar temperaturas de 32 o 33 grados y, por el contrario, por la noche descienden hasta los 7 u 8. Es decir, temperaturas propias del desierto. Según me cuentan los burros viejos del lugar, en décadas anteriores, cuando la gente trabajaba en las labores del campo durante el verano dormían en la era a pierna suelta. Hoy eso es imposible. ¡Cómo para que te dé un pasmo!

Como les comento, no se pueden ni imaginar como echo de menos esa lluvia que caía durante horas, a veces durante días, de manera tranquila y sosegada. Sin embargo, miren que paradojas, leo en el periódico de hoy que hay riesgo de fuertes lluvias en 24 comunidades. Hay que fastidiarse, llueve poco y cuando lo hace es de manera torrencial. ¡Para que digan que no hay cambio climático!

También oigo muchas veces que ciertas personas se quejan de que haga mal tiempo y llueva porque se le estropean las vacaciones en la playa. Supongo que en el futuro se van a quejar bastante más cuando no haya agua ni para beber.

Y es que antes en verano había tormentas que dejaban una bonita lluvia. Ahora miro al cielo y lo veo más azul que en los cuadros de Velázquez.

En fin, ustedes los humanos no se cansan de echar porquería a la naturaleza y al medio ambiente y así nos va a todos. Yo cada día tengo menos hierba en mi prado y cada vez tengo que comer más cereales cuando no me corresponde. Espero que no tengamos que lamentarnos, -más pronto que tarde-, por no cuidar adecuadamente el espacio donde vivimos. ¡A ver si nos queremos dar cuenta de una vez!

Rucio



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