15 nov 2009

El tupé de Elvis


“Hay gente pa tó”. Según unos, esta frase la dijo el torero Rafael Guerra “Guerrita”. Según otros fue el torero Rafael Gómez Ortega “El Gallo”. Fuera el torero que fuera,-también podía haber sido Jesulín o el mismísimo Tigre de Ambiciones-, el caso es que según muchos, la frase nació de una anécdota que ustedes conocerán o de la que habrán oído hablar. Se cuenta que después de una corrida cuando el susodicho torero se reunió con sus amigos, periodistas y gente relacionada con las artes taurinas apareció por el hotel el gran Ortega y Gasset, el cual fue presentado al famoso torero como filósofo. El torero, sabio él como pocos, preguntó ¿filósofo? ¿y eso que es? Cuando le explicaron que se trataba de una persona que trabaja sobre las ideas y el pensamiento, el diestro sentenció, así con un par: “hay gente pa tó”.

Sin que tenga nada que ver con lo anterior, esta frase me viene al pelo, y nunca mejor dicho, como podrán observar en breves instantes.

El caso es que esta mañana me desperté temprano, fuera hacía un viento huracanado y en mi tenada, dentro del cobertizo, se estaba la mar de calentito. Puse la radio mientras me acababa de desperezar y tras las noticias más serias, -esas en las que todos los políticos nos siguen vendiendo la misma moto-, el periodista comentó, con una risilla entre los dientes, que una casa de subastas británica ha recabado mil ciento y pico euros por un pelo de Elvis. Si, un pelo nada más, igualito o parecido a los que usted tiene en su cabeza.

Según cuenta la noticia, el que fuera barbero personal durante veinte años guardó bastantes recortes de la cabellera de Elvis. El peluquero en cuestión se encargaba de cortarle y teñirle el pelo rubio, -si, si, han leído bien, ¡Elvis era rubio!- y cuando el rey del rock murió empezó a venderlo. Ahora, y tras el fugaz paso por una subasta, ya saben su final: alguien tiene en su casa o en un museo un pelo de Elvis. Y la pregunta es, ¿para qué lo quiere?

Como bien saben, esta noticia es la continuación de otra que apareció hace un mes cuando subastaron el tupé que se cortó antes de ir a la mili. Pero claro, como un tupé son muchos más pelos, les salió la puja por unos 15000 dólares, nada más.

Supongo que un disco, una guitarra, si me apuran hasta el traje blanco hortera, ese que algún imitador se sigue poniendo mientras casa a tropecientas parejas en Las Vegas al ritmo de aguambabulubabalambambu, tiene su aquel. Pero, ¿un pelo? ¿Cuál es el objeto de tener encima de la chimenea de tu casa un pelo de Elvis por muy auténtico que sea? Y encima por una pasta gansa. Como decía el otro, “hay gente pa tó”.

Por supuesto, cuando esta mañana me estaba tomando unas cañas con mi colega el burro Bruno y demás parentela, comentamos la noticia como si se tratara de un debate de los que organiza Sánchez Dragó. Bruno señalaba que nosotros los burros cuando nos esquilamos nos quitan pelo para 50 museos. Otro contertulio, fiel a las cañas de los domingos, proponía ir trasquilando a alguien que se vaya a hacer famoso en el futuro. En ese momento todos miramos a "Rosendo", el camarero con una cabellera más cuidada que Pocahontas. Fiel seguidor de los Obús, Barón Rojo y, cómo no, Leño, siempre afirma que su sueño es tocar la guitarra con su grupo de rock ante 20000 personas y si puede ser en Las Ventas.

Es posible que mañana aparezca con la cabeza más despejada que Don Limpio.

Rucio

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